(CC) por Charlie Perez - Flickr

El termómetro político entre Nebot y Correa sube de temperatura. Las declaraciones de parte y parte sobre el presupuesto municipal se caldean con el paso de las semanas. Mientras el madera de guerrero y (aunque sea nominalmente) socialcristiano dice que el presupuesto se transferirá violando la disposición transitoria decimocuarta de la Constitución de Montecristi; desde Carondelet se dice que tal afirmación es mentira propia de agitadores.

Este cansino guirigay entre el alcalde Nebot y el presidente Correa a más de infructuosa para Guayaquil, es beneficiosa para el Gobierno Nacional que busca sparring hasta debajo de las piedras. Las revoluciones sin enemigos físicos a los cuales atacar verbalmente siquiera, no son revoluciones. Son aburridas como viles gobiernos de derecha…

Y seamos directos. Si Fander Falconí y Alberto Acosta quisieran, a lo Carlos Vera, vencer el miedo, actuar y ser ese contrincante que el presidente Correa necesita profusamente, ya lo hubiesen hecho hace meses. Pero reticentes a enfrentar con la supuesta fuerza que les da sus desvaríos ecológicos, no enfrentan en franca oposición a este Gobierno y sólo plañen sus liras por el desdén de un amor que les fue y ahora no.

Entonces, como guayaquileño, que entiende que esta ciudad no la hace sólo la minúscula cúspide de la pirámide, sino también las enormes bases y el fino medio, me pregunto metódicamente: ¿En qué nos beneficia salir a la calle a defender el presupuesto municipal? ¿Es legítima la arenga de Nebot Saadi? ¿Le interesa al guayaquileño promedio el presupuesto municipal?

Con semejante obra pública local en efecto que debiera interesarnos y preocuparnos lo que se hace con el dinero municipal. Sin embargo cuando las decisiones de la ciudad se sigan tomando entre pocos; las políticas públicas se diseñen en cuartos cerrados; y el Consejo Municipal sea accesorio a la Alcaldía, esa integración social diádica entre guayaquileños y por guayaquileños no fraguará nunca. Nebot tuvo la oportunidad de enseñarnos esto cuando eufórico nos mostró el pecho en Malecón y Nueve de Octubre y proclamó la creación de la Junta del Guayas. Desperdició la oportunidad.

Unificar la provincia participando con los alcaldes y demás concejos cantonales en la planificación de una real agenda de oposición inteligente con propuestas diferentes a las del Gobierno Central. Aprovechar su popularidad como alcalde exitoso, para generar aceptación y no rechazo entre los habitantes de otros cantones de la provincia y encarnar esa agenda. Dividir el cantón y no solo la ciudad (por eso los resquemores de Posorja y los coqueteos cantonales del que sabemos) en asambleas o juntas cívicas por parroquias urbanas y rurales de constante participación ciudadana e información de la obra municipal y las necesidades de la gente. Nada, absolutamente nada de esto se hizo, y hoy nos piden salir a la calle. Quien sí entendió eso de que la comunicación política – electoral funciona de abajo hacia arriba fue Correa. El desmantelamiento del PAP a favor del Sistema Nacional de Salud es un botón de la camisa (Art. 359 de la Constitución) de lo que puede pasar con la Fundación Terminal Terrestre, por ejemplo, cuando la Ley de Tránsito opere a todo mecate.

¿Qué por qué nos debe interesar el presupuesto municipal? Pues son nuestros impuestos trabajando en nuestro bienestar común; aunque a veces ese dinero se utilice para pagar a viejos conocidos concesionarios que prestando un servicio público, se disfrazan con otro ropaje societario, siendo los mismos recogedores estropeados, pero ahora lavados y bien pintados.

¿Para qué salir a las calles? He votado por Nebot Saadi para el Sillón de Olmedo siempre. Y lo hago por consistencia ideológica, por tendencia intelectual, más que por su sola imagen me genere simpatía. Al transformarse en Madera de Guerrero me forcé a imaginarlo como la misma jeringa con diferente bitoque. Los errores en política son como manchas que no hay puerto limpio que las quite. Sin acción política de oposición eficaz, ¿de qué nos sirve salir a las calles?