Si analizamos las noticias que aparecen en los diarios, radio y TV, encontramos que estas noticias pueden ser positivas y negativas; unas pueden informar y sembrar algo positivo y otras, desinformar o sembrar odio, destrucción o maldad en el lector. ¿Cuándo debe el Gobierno controlar, castigar, o cerrar estos medios de comunicación?

Analicemos lo bueno, lo malo y lo feo de las noticias. Toda noticia que permite la libertad de expresión en forma honesta, la que informa de los hechos sin escandalizar, la que es realizada documentadamente, la que advierte de riesgos, la que en forma crítica analiza los hechos, y expresa la preocupación sincera de la prensa o del escritor, son parte de la buena prensa, la que debe continuar, la que le hace bien al país, lo ayuda en su desarrollo y orienta a sus autoridades y a sus ciudadanos.

No importa si es a favor o en contra del Gobierno. Lo que importa es el respeto, la franqueza y la buena intención. En mi juventud no había escuelas de periodismo y los columnistas de los diferentes medios de comunicación nos desarrollamos a pulso propio, aprendiendo de lo que leemos y de lo que estudiamos por nuestra cuenta. Hablar ahora de que sólo se pueda llamar periodista al que tiene carrera universitaria, cuando se permite ejercer medicina a shamanes, brujos y especialistas en Medicina alternativa, me parece más que absurdo, una herejía.

La mala prensa, la que merece ser castigada, es la que escandaliza a la población, la que en grandes titulares busca con saña destruir la moral y las buenas costumbres. La que por vender más, en vez de informar que se han encontrado dibujos o fotos con escritos de Stalin, destaca que Stalin tenía tendencias homosexuales, cuando ese era simplemente un comentario de una persona particular, es mala prensa; lo mismo que la que destaca los escándalos de homosexualidad en la Iglesia Católica, cuando de acuerdo a la estadística, hay mayor porcentaje de homosexualidad y de escándalos sexuales en otras religiones que son más liberales en estos temas.

Es prensa fea la que siembra odio o separación, la que divide en vez de unir, la que defiende lo falso y a fuerza de repetirlo lo quiere convertir en verdad. La que destaca lo negativo sobre lo positivo, la que busca el escándalo, la destrucción de los principios morales, la que busca igualar a todos en la mediocridad e impide el desarrollo intelectual, moral y económico con honestidad, honradez y principios éticos bien sentados. Esta prensa fea y esta prensa mala, son las que deben ser eliminadas.

La buena prensa tiene el deber de informar, siendo, como lo decía el Diario en el que escribí más tiempo, “Tribuna de la verdad, sin temor ni favor”, expresar sus parabienes por lo bien hecho por el Gobierno (central o seccional), o por una persona particular, e indicar con respeto sus críticas a amigos y enemigos cuando estos se salgan del sendero que deben seguir.

El respeto debe ser la base para toda comunicación. Si nos respetamos mutuamente podemos colaborar y levantar al país al sitio que le corresponde.