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Al analizar los roles de Bolívar y San Martín en las reuniones que tuvieron lugar en Guayaquil entre el 26 y 27 de Julio de 1822, los estudiosos de este período consideran que Bolívar preparó la entrevista con antelación. Él se aseguró de llegar primero, ocupar la ciudad con sus tropas, destituir al Gobierno Provisorio de Olmedo y nombrarse Jefe Supremo. Todo esto lo hizo sin conocer la ciudad, ni a los guayaquileños, quienes conocían de él a través de escasas noticias publicadas por el periódico El Patriota de Guayaquil. San Martín se había embarcado para Guayaquil en Febrero, pero se regresó al Callao, al conocer que Bolívar no tenía planeado visitar Guayaquil por esa fecha.

Bolívar tuvo el poder de la palabra y la manejó para lograr sus objetivos. Por un lado expresaba admiración por sus adversarios y los hacía sentir importantes para ganarse la confianza, pero sus acciones autoritarias deslegitimaban sus intenciones. Al llegar a Puná, San Martín recibió una carta de Bolívar en la que le manifestaba:

“Es con suma satisfacción, dignísimo amigo y señor, que doy a Vd. por primera vez el título que mucho tiempo mi corazón le ha consagrado. Amigo le llamo a Vd. y este nombre será el solo que debe quedarnos por la vida, porque la amistad es el único vínculo que corresponde a hermanos de armas, de empresas y de opinión; así, yo me doy a enhorabuena, porque Vd. me ha honrado con la expresión de su afecto”.

“Tan sensible me será que Vd. no venga hasta esta ciudad como si fuéremos vencidos en muchas batallas; pero no, Vd. no dejará burlada el ansia que tengo de estrechar en el suelo de Colombia al primer amigo de mi corazón y de mi patria. ¿Cómo es posible que Vd. venga de tan lejos, para dejarnos sin la posesión positiva en Guayaquil del hombre singular que todos anhelan conocer y, si es posible, tocar?”

“No es posible respetable amigo; yo espero a Vd., y también iré a encontrarle donde quiera que Vd. tenga la bondad de esperarme; pero sin desistir de que Vd. nos honre en esta ciudad. Pocas horas, como Vd. dice, son bastantes para tratar entre militares, pero no serán bastantes esas mismas horas para satisfacer la pasión de la amistad que va a empezar a disfrutar de la dicha de conocer el objeto caro que se amaba sólo por opinión, sólo por la fama”.

El contenido de la carta da a entender que Bolívar necesita de San Martín, de la misma manera como este último, lo confiesa en una carta enviada a Bolívar semanas atrás:

“Voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia; la enérgica terminación de la guerra que sostenemos, y la es del destino a que con rapidez se acerca la América, los hacen nuestra entrevista necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables del éxito de esta sublime empresa… En los últimos años he estado ocupado constantemente contra los españoles, o mejor dicho, a favor de este país (Perú), porque yo no estoy contra nadie que no sea hostil a la causa de la Independencia. Todo mi deseo es que este país (Perú) se maneje por sí mismo y solamente por sí mismo. En cuanto a la manera de gobernarse, no me concierne en absoluto. Me propongo únicamente dar al pueblo los medios de declararse independiente y de establecer una forma de gobierno adecuada; y verificado esto consideraré hecho bastante y me alejaré...”

San Martín conocía que sin la ayuda de las tropas de Bolívar no estaría en condiciones de acabar con los españoles, afianzar su poder y consolidar la región llegando a acuerdos políticos. Él llegó a Guayaquil porque se estaba debilitando en el frente interno debido al descontento de sus tropas que amenazaban con sublevaciones y porque los ejércitos realistas lo superaban en número de soldados. No tenía otro camino que entrevistarse con Bolívar. Bernardo Irigoyen, uno de los más importantes biógrafos de San Martín, en su libro, Recuerdos del General San Martín, publicado en 1851, comenta sobre la entrevista:

“Ha sido tema de diferentes interpretaciones la conferencia de Guayaquil. Parece sin embargo que San Martín llevó a ella dos ideas primordiales. Obtener la cooperación de Bolívar para poner término a la guerra del Perú, y asegurar a esta república, el importante puerto de Guayaquil. Pero Bolívar demostró desde el principio, su firme resolución sobre este punto, y con la desenvoltura y audacia que lo distinguía sometió a Guayaquil a su autoridad para incorporarlo a Colombia”.

San Martín llegó a Guayaquil confiado en que se entendería con Bolívar, pero sucedería todo lo contario, cuando al día siguiente de estar en Guayaquil ordenó a su gente prepararse para zarpar en la noche. Lejos de obtener apoyo, San Martín zarpó debilitado al Perú. Bolívar condicionó su ayuda y le puso obstáculos muy difíciles de superar. Regresó a Perú teniendo en mente renunciar antes de terminar con la última etapa de la Independencia y dejar ese país para siempre. En la quinta parte de esta serie, transcribiré lo que Mitre, el más famoso de los historiadores argentinos del siglo XIX, llamó el “testamento político” a la polémica carta de San Martín a Bolívar, poco tiempo antes de abandonar Perú.

Irigoyen hace referencia que a pesar de San Martín haber sido recibido suntuosamente por Bolívar, se dieron episodios ingratos “propios del encuentro de dos hombres, que aunque consagrados a la misma causa, abrigaban interiormente la rivalidad de una gloria en perspectiva, la de mandar disparar los últimos cañonazos que debían cimentar el triunfo de la libertad ó independencia de América”.