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Aclaraciones previas

Lo que se dirá más adelante, lo afirmaremos sobre todo por las jóvenes, para que ellas tomen conciencia de su misión en la familia, la Iglesia y la sociedad de hoy. Y ‘por’ ellas, ‘con’ ellas y ‘en’ ellas, también para los chicos. El día que tengamos mujeres de verdad, tendremos novias y novios de verdad y esposos de verdad.

Serán palabras, no groseras, pero sí duras e incisivas; palabras que les golpeen el corazón y les hagan reflexionar. Lo que diremos directa o indirectamente está fundamentado en la Palabra de Dios que, recibida con valentía y sinceridad, siempre establece un contraste entre lo que pensamos y deberíamos pensar, y entre lo que somos y tendríamos que ser; y que, además, de light no tiene una letra1.

Nada queremos decir de las mujeres que quizá viven situaciones matrimoniales conflictivas, porque cada caso es distinto y toda generalización es injusta. Para ellas toda comprensión y caridad (aunque bueno es recordar que ‘comprender’ no es lo mismo que ‘dar la razón’).

Si afirmamos rotundamente la responsabilidad de la mujer en lo que sucede en la mujer y por causa de la mujer, no es para eximir al varón de sus culpas. El hombre, indudablemente, es tan causante como la mujer del tremendo descalabro de la familia y del descarrío del mundo. Por supuesto, si afirmamos el papel de la mujer, no es para negar el del hombre.

Según la Biblia, el mal entró al mundo por la mujer

Cuando el Demonio quiso destruir la obra del Creador, haciendo que Adán y Eva cometieran el pecado original, lo primero que hizo es acudir a Eva, a la mujer: “La serpiente dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?» Respondió la mujer: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»

Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, la mujer tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió [2]. No cabe duda: el demonio comenzó con la mujer.[3]

¿Por qué el Demonio comenzó por Eva y no por Adán? Quizá porque la mujer es más ‘corazón’, sentimiento y emoción. De Satán Jesús dijo: Este – Satanás – era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. [4] Con su suprema inteligencia angélica, el Maligno sabía que no tenía razón en su planteamiento, que iba a usar como arma la mentira, y que si iba a Adán, como el hombre es más racional (no decimos más inteligente), más cerebral que la mujer, le sería más difícil convencerle de su mentiroso en infundado planteamiento [5]. Por esto escogió a la mujer que por naturaleza ‘piensa con el corazón’, siendo este su punto débil y fuerte a la vez.

Por ser más ‘corazón’, diríase quizá, que la mujer logra muchas cosas que el hombre no lograría, pero también cae de un modo que el hombre no caería; en general, ella cae por la vía del sentimiento, y tanto que a veces uno no entiende cómo la mujer admite situaciones degradantes generadas por el hombre, situaciones en las que uno dice: “¡qué insensata es esta mujer, cómo es posible que cometa la ‘locura’ de morirse por un hombre que lo único que hace es maltratarla y humillarla! ¡Cómo es posible que lo dé todo a cambio de nada!” A veces la mujer dominada por sus propios sentimientos, que a su vez están dominados por un hombre, actúa contra toda razón, contra toda lógica… [6] Dicen que el corazón tiene razones que la razón no alcanza a entender. De acuerdo, pero el mismo Dios que nos dio el corazón para sentir, nos dio la cabeza para pensar, y Él ha determinado que el órgano director sea la ‘cabeza’ (los principios, la conciencia) y no el ‘corazón’ (las emociones, los sentimientos), porque el corazón se comporta con frecuencia como un caballo desbocado al que el jinete de la razón debe conducir por los caminos de lo objetivamente justo, bueno y verdadero.

El Diablo entró en la cabeza de la mujer a través de su corazón. Dios, a la hora de tomar en cuenta a la mujer para su obra salvadora, absolutamente enemigo de toda manipulación degradante de sus criaturas humanas, va a dirigirse a una Mujer pensante, madura, con criterio, reflexiva; a través de una mujer con personalidad: María Virgen.