Somos los primeros exportadores de banano pero mantenemos ideas preconcebidas sobre el negocio en si. Para la gran mayoría, en estas transacciones solo existen dos bandos: los pobres y desvalidos productores por un lado; y, los desgraciados y consuetudinarios explotadores-exportadores; por el otro.
No negaremos la posible existencia de elementos que calcen en esta definición sin embargo creemos que el principal escollo, reside en la falta de formalidad de la cadena nacional. A lo expresado agregue el hecho que hace de esta musácea una de las materias primas cuya globalización es notoria desde hace mucho tiempo. Observen los mercados, muestran una interrelación cambiante que hace que un simple rumor de origen, volumen inusual, incremento o depreciación del precio FOB., traiga consigo la inmediata reacción en puerto de llegada.
Gobiernos anteriores, esos que SAI designa como miembros de la larga y oscura noche neoliberal, trataron de paliar la informalidad emitiendo leyes que impidan las siembras, exigiendo la firma de contratos de compra-venta, reglamentando el pago de las liquidaciones a través del Banco Central, demandando la obligada inscripción en el ministerio pertinente de todas las fincas, prohibiendo la negociación de fruta no calificada, reglamentando a los intermediarios o vetando la existencia de los famosos cuperos. Incluso uno de los ministros, programo el levantamiento catastral del sector bananero por medio satelital, con la emisión simultanea de la cedula de productor habilitado a exportar como medio de saber cuantos, donde y quienes son.
Vale la pena preguntarse el porque muchas de esas buenas ideas fueron simple y llanamente eliminadas de un plumazo y, otras; ni se toman en cuenta. Los libros anuncian 180 mil y pico hectáreas calificadas pero todos conocen la vivencia de cerca de 243,500 has. Se redactaron contratos anuales tipo, subsisten ciertos problemas jurídicos por el precio, estos últimos por ley vigente son trimestralmente definidos. Sin embargo una empresa rompe los mismos de manera unilateral sin mediar una compensación al bananero formal. Nadie dice nada. Con lo cual la formalidad creada a base de muchos esfuerzos ha quedado severamente mermada.
Es que al sector no le gusta ser controlado. Calla cuando los valores que se le pagan están por encima del Precio de Sustentación Oficial. Llora, reclama, expone su pobreza en el momento en que las cotizaciones internacionales se degradan. Si, merecemos el titulo de Banana Republic.
Ante las circunstancias actuales iniciemos el Castro Bananero que se abandono en los años 2004 – exigiendo que todos, todos sin excepción de persona, inscriban y registren ante el MAGAP su bananera, recibiendo simultáneamente; la cedula de productor-exportador cuyo numero será el único documento habilitante para la venta, acceso al puerto y cobro posterior de liquidación. Califiquemos y otorguemos un estatuto legal al intermediario protegiéndolo del cupero y permitiéndole su justa retribución como parte del negocio. Fomentemos los contratos de compra-venta.
Formalizar el negocio en toda su cadena debe ser el objetivo del 2010
