Los guayaquileños tradicionalmente han sido generosos, pero de ahí a ser giles hay una gran distancia.

Hacían falta carreteros, puentes y defensa contra la lluvia, los guayasenses pidieron y se constituyó El Comité de Vialidad del Guayas y para financiarlo se crearon impuestos especiales que sólo los de la Provincia del Guayas tenían que pagar, eso sin recibir a cambio que su parte de fondos para la obra pública nacional se reduzca proporcionalmente.

Luego tuvimos a la auténtica Comisión de Tránsito del Guayas, del mismo modo se recaudaron los caudales que requería para operar sin tener los del Guayas ninguna partida para corresponder al esfuerzo.

Súmense, entre muchos otros, el Hospital Universitario, aportado por el Impuesto a los Capitales, vigentes sólo para la Provincia del Guayas. Hospital que tuvo ya un grave problema al ser retirados los fondos remanentes de la Universidad Estatal de Guayaquil desde el 2008 para ser pasados a la cuenta única del Estado ¿Con qué finalidad?

En este momento no tejeremos la historia del voluntariado guayaquileño y su generosidad. La reseña resulta kilométrica, pues en Guayaquil existía voluntariado cuando las ONG, Organizaciones no Gubernamentales, no se llamaban así, hace ya más de 200 años.

Otra dictadura, más sensata por supuesto, consolidó todos los impuestos que cada jurisdicción tenía para su beneficio. Sonó lógico, ya que existían algunos cuya recaudación era menor que el costo de hacerla. Sin embargo, un tanto empíricamente, se destino un reparto “equitativo” de los ingresos nacionales… Ilusión que los guayaquileños venían soportando.

Sobrellevaban – hasta que con la consigna de ¡“joder a Nebot”! se extralimitaron. Porque no joden a Nebot, si no a más de la cuarta parte de la población del país conformada con derivados del núcleo de todas las nacionalidades (regiones) de la amada Patria Ecuatoriana.

Son 34 4 (35) millones menos, si es que nos regimos por el Presupuesto Autorizado para el 2008. Y la injusta asignación además se estipula no sobre el resultado gastado consolidado si no tomando el mítico Presupuesto. Además, aquél presupuesto para el 2008 fue calculado resulta obvio en el 2007, y ya iba con la meta ahora evidenciada.

Dejemos constancia que no se hace referencia al 2009 por cuanto el “Presupuesto” nunca fue atendido ni presentado a ningún organismo legal ni espurio del Ecuador; en 2009 se trabajó con el del 2008 en plazo extendido.

Hay, aparte de pretender disminuir la capacidad de servir de un contrincante, dos claras metas en la “repartición” actual: Un centralismo absorbente voraz; y, convertir al Estado en el gran, y único, provisor de empleo, para de esta forma tener a los ecuatorianos amarrados por su majestad.

Se puede colegir lo anterior, lo del empleo sólo dado por el desgobierno, por la casi imposibilidad de saber cuántos ministerios existen. La mejor suma, hasta ahora, da 33 ministerios con ese nombre y 9 “grupos” con igual rango.

Nadie duda de que tanta burocracia sea desangrante. Nombrar un Empleado Público, de por sí, es abrir una Caja de Pandora: Se crea el puesto; necesita escritorio; luego teléfono; requerimiento de una secretaria que los conteste y que exigirá tener una asistente quien a su vez pedirá un amanuense… vuelta a cero y volver a empezar. Y así sucesivamente, con un inacabable e insaciable eco. Tan es así, que el Estado destina más de la mitad del presupuesto a gastos en sueldos y salarios no productivos o necesarios. Por ello es que se pide volver eficiente al gobierno y reducirlo en su funesto y hoy siempre creciente tamaño.

A falta de lo ideal, que es que cada jurisdicción recaude sus tasas o impuestos autónomamente, teniendo que ser a través de la mejor relación entre costo y servicio más capaces de atraer las fuentes productivas y migración interna; deberíamos recibir dentro de dichos “porcentajes” un valor que ascendería a expresar que lo que hoy fijan es únicamente cuarenta unidades de valor por cada cien de lo que nos corresponde.

Basta. Generosos sí, giles no.