Estoy notando últimamente que con relativa calma una gran mayoría de ecuatorianos observan preocupados los acontecimientos que a diario se dan en el seno de la ahora llamada Asamblea Nacional Constituyente, cuyos protagonistas son los asambleístas del gobierno.

Sin duda alguna que los congresos, en todos los países democráticos del mundo, son el equilibrio entre el poder central y el pueblo. Resulta ser entonces que los candidatos a esos espacios de poder son elegidos por el llamado soberano. Y para quienes en ambas instancias ostentan aquel poder, se supone deberían estar prestos a satisfacer las legitimas aspiraciones de quienes, siendo además sus mandantes, los han privilegiado con sus votos.

Mantengo el criterio de que la actual constitución, tramposamente redactada en Montecristi con la infamante complicidad de los asambleístas del gobierno del entonces y los asesores que el gobierno trajo allende otros países, sumado esto a los “consejos de Chávez”, y ampliamente viciada de malhadados contenidos, y como fruto de todo aquello, lograron clonar muchos contenidos establecidos en la constitución venezolana, así como muchos conceptos de las desgastadas y fracasadas teorías impuestas por la ultra izquierda y el rabioso comunismo de anteriores décadas, disfrazando además estas tendencias por seudos pluralismos ideológicos, y así querer convencernos de que aquello se trata de un sistema por demás democrático (…?)

La actual asamblea dista mucho de ser precisamente un organismo democrático, pues a pesar de estar compuesto por quienes allí representan a diferentes tendencias ideológicas del país, tan solo 57 asambleístas del oficialismo hacen de las suyas, y no llenan ningún espacio de equidad y sensibilidad a nivel popular. Sus proyecciones políticas solamente satisfacen sus aberrantes planes. Su similitud con anteriores congresos, tan estigmatizados por muchos, en donde los votos pasaban factura, constituyen en la actualidad un fracaso mas para nuestro sufrido país. Sin rumbo cierto y sin resultados positivos. He sido dos veces diputado, y sé lo que estoy diciendo.

Así como sucedió con otros partidos políticos, es verdad también que en su momento se cometieron algunos errores desde la derecha, por lo que en recientes épocas electorales esa derecha fue hábilmente etiquetada como la cuna de la partidocracia por quienes elaboraron sus libretos de campaña, y supieron sacar provecho de tales circunstancias. Y lograron llegar al poder. Todo aquello ha sido además el mejor fertilizante para que se estén desarrollando procesos que ahora, hasta algunos seguidores del actual gobierno lamentan. De eso, no existe la menor duda.

Sabemos casi de memoria que la gestión que corresponde a quienes conforman un congreso o una asamblea, entre otros, radica en LEGISLAR Y FISCALIZAR con absoluta transparencia, así como la de honrar la confianza que en su momento depositaron en ellos sus mandantes; y que son simplemente a quienes circunstancialmente se los llama “el pueblo”. Pregunto entonces: Estamos viendo acaso que se están cumpliendo con estos básicos enunciados..?

Un clarísimo ejemplo de todo aquello es el escenario en donde se han venido desarrollando el acometimiento de muchos actos de corrupción, de fondo y de forma, por parte de altos funcionarios del gobierno quienes, a pesar de las frecuentes denuncias hechas en su contra, están gozando de tamaña impunidad, sin que ese juez de cuentas llamado asamblea, compuesto actualmente por 57 miembros de una mayoría del gobierno, no ejecute tantas y cuantas acciones legales les han sido facultadas, haciendo oídos sordos a los reclamos de muchos sectores del país.

Otro clarísimo ejemplo es la gravedad con la que están manejando la promulgación de ciertas leyes: Aberrantes, totalitarias, anti democráticas y además soslayadamente dirigidas para satisfacer los intereses de unos pocos. Sin medir siquiera cuanta consecuencia afecte al país.

Por tanto, no es nada justo que la conducta de este cuerpo colegiado; ahora llamado Asamblea Nacional Constituyente, repito, que se supone democrático y necesario para el equilibrio político y administrativo del país, aquellas 57 personas que, con el poder del voto y dependientes de un gobierno central, quieran imponer y anteponer sus intereses y hagan del país en materia legal y constitucional cuanto les viene en ganas. Queriendo además direccionarnos peligrosamente hacia las instancias del poder total que ejerce el perverso comunismo. Mientras tanto, el país mantiene relativa calma. Mas…no se sabe hasta cuándo….Bien vale la pena entonces citar a Edmund Burke:

“Todo lo necesario para el triunfo del mal..…es que los hombres de bien no hagan nada”