Este título había escogido para crear un mensaje positivo para mis amigos y familiares para esta Navidad, por todo el significado que sus palabras expresan.

Nunca es tarde, nada se da por concluido… mientras hay que hacer; y siempre hay y se puede hacer.

No voy a entrar a dar consejos ni mensajes positivistas, no me corresponde y tampoco es la tribuna adecuada, pero en todo caso como ciudadano con expectativas para mi país, considero que debo mas definir lo que yo puedo y debo hacer que simplemente esperar que un gobierno cambie de rumbo, que particularmente no comparto, y ni veo visos de querer hacerlo.

No lo comparto, y mi preocupación no es porque no me permita, este distorsionado modelo político -hacerme rico, o que desde el punto de vista del mandatario considera “que debemos ser solidarios” como él cree y no como consideremos serlo, cuando la solidaridad bien entendida rebasa una monolítica imposición, ya que esta viene de formación y principios en donde tenemos claro que solo es genuino crecer en la medida que el entorno humano alrededor nuestro también crezca; o que estigmatice el derecho de superación o de generar más bienestar para los nuestros como algo contrario a su concepto de igualdad. No, mi inconformidad es mas por las condiciones que está dejando al país para mis próximos años de vida, y muy en especial para las oportunidades de trabajo y desarrollo para mis hijos, y por lo tanto para los hijos de todos los que me rodean. Pero ese futuro se construye solo haciendo un buen presente; parafraseando a Einstein y preocupándome por tal: “no pienso en el futuro…pues llegará en su momento”.

Acabo de leer un sencillo libro que narra, sin análisis político, simplemente enfocando una postura familiar de aquellos primeros años de la revolución cubana, desde 1959 hasta 1964, en donde el cambio, a nombre de la revolución se fue dando con medidas paulatinas, restricciones de ciertas libertades, coerciones de derechos, cambios de sentido de propiedad, reformas en modelos agrícolas, en que la gente poco a poco se iba desilusionando de una legítima y justificada revolución que apoyaron y creyeron, mientras otros se iban sumando inconscientemente a ese canto.

Y lo que veo en mi país desde el 2007, con cierta analogía a este país hermano, es una alerta que sí debe preocuparnos cuando en un mundo a puerta del 2010 tiene que proyectarse en el manejo climático- ambiental, la potenciación de la energía, el desarrollo de las tecnologías, la apertura al mundo, la eficiencia y el esfuerzo, y sobre todo la solidaridad con la humanidad pero en la conciencia de verdaderos índices económicos que valoren debidamente la salud, la educación, expectativas de vida, control de natalidad, y alimentación, aspectos que por decreto no se resuelven. En cambio estamos acá luchando con las expresiones de un gobierno que a toda costa quiere imponer un modelo que de manera evidente no está funcionando, ni para aquellos a los que pretende crear esa esperanza, así como para la fuerza productiva en general que a la larga somos todos.

Mi reflexión es que no debemos dar tregua, debemos mantenernos firme, aun conociendo valiosas personas que trabajan en el régimen, nuestro afán es que cualquiera sea el gobierno que tengamos, aun no compartiéndolo, solo es aceptable mientras respete nuestros derechos, no restringiéndolo con leyes censurables, garantice las libertades, y estimule y priorice la productividad y el trabajo. Que los privilegios que tanto criticamos en el pasado realmente sean totalmente erradicados, y que se siga luchando por erradicar la corrupción la cual tampoco tiene bandera.

Sigamos siendo positivos, trabajando pero alzando nuestra voz o postura con claridad. El presente no puede estar expuesto a experimentos ideológicos para satisfacciones de egos personales, resentimientos por inseguridades, o incapacidades como seres productivos. Usemos todos los medios legítimos que tenemos para llevar a nuestro país en el camino que el siglo XXI demanda.

El país no es del gobierno, es nuestro, de quienes hacemos, invertimos, sudamos, producimos, gastamos, nacimos, o de los que decidieron sin nacer aquí también ser país. Ser ecuatoriano no debe ser una simple condición representada en una cédula, nuestra nacionalidad es nuestra soberanía, debemos aplicarla y esta condición solo ejerciéndola la mantenemos y genera derechos, y por tal en cumplir también con los deberes que nos corresponde.

Esto solo termina…cuando termina, y todavía no ha terminado.