Caminaba hasta mi trabajo por la calle Pedro Carbo, en el centro de Guayaquil, y desde la Calle Aguirre, percibí un olor que me dio a pensar que había pisado excrementos, y casi automáticamente, mientras iba conversando por el teléfono, me revisaba la suela de los zapatos, para certificar si dicho hecho, me había sucedido.

Constaté que las suelas de mis zapatos estaban limpias, sin embargo ese penetrante olor lo seguía percibiendo en el ambiente; casi a mediados de la cuadra, ya para entrar a la calle Ballén me encuentro con un amigo que me dice “POR AQUÍ HUELE A GOBIERNO, y es cuando me doy cuenta que en la esquina, un hidrocleaner de INTERAGUA, estaba procediendo a limpiar las alcantarillas, y ese desagradable olor a heces se lo podía sentir en casi toda la manzana.

Más allá de lo jocoso del comentario de mi amigo, quedó en mí la siguiente incógnita, ¿Es justo que los ecuatorianos tomemos como medida de comparación de la “ñinga”, como dicen nuestros compatriotas esmeraldeños, a este Gobierno?; lamentablemente a la pregunta debo contestar que a mi criterio SI, ya que los miembros de esta democracia monárquica, en todas sus instancias legales e ilegales, a pulso se han ganado ese epíteto y quizás muchos otros, que por respeto a todos ustedes, no se me ocurriría describirlos o expresarlos.

Es ofensivo y hasta un deshonor, tener, deber, o sentir que es necesario expresarse de un propio gobierno de esa manera, sin embargo, y sin justificar a quienes lo hacen, (me incluyo), ese mismo estado es el llamado a llevarnos de la mano hacia el bien común, hacia la Patria Libre, hacia la Sociedad Justa, pero en realidad lo único que muchos percibimos, es que nos están llevando al cadalso, a una guerra ideológicamente ilógica, cuyo único resultado es que la ciudadanía se fraccione y se friccione más, y que la brecha social existente entre ricos y pobres, cada vez se ahonde y se siga agravando, al límite que nuestro propio vecino, puede llegar a convertirse, en el peor de nuestros enemigos.

Las teorías maquiavélicas de algunos discípulos de Goebbels están calando hondo en la Revolución Ciudadana, y barbaridades que creíamos desterradas con el final de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, están floreciendo nuevamente en países de Sudamérica; eso no lo debemos permitir, eso debemos combatirlo aún al costo de nuestras propias vidas; si Dios nos creó libres en todo sentido, ningún mortal, a nombre del nazismo, fascismo, narcisismo, o socialismo bolivariano del siglo XXI, nos puede arrebatar ese sagrado derecho, no podemos involucionar a doctrinas caducas o nuevas teorías que ni sus propios creadores saben a donde mismo podría llevar a sus practicantes, no podemos quedarnos inermes por tanto despropósito gubernamental, no debemos quedarnos inertes ante tanto abuso y dominación que nos quieren insuflar.

Las voces de la resistencia se han comenzado a escuchar, el brillo de la justicia, (aunque todavía pálida), se ha comenzado a divisar, es ahora cuando juntos debemos caminar buscando la luz al final del túnel; no nos permitamos una vez más, que cuando debamos referirnos a acciones u olores nauseabundos o repugnantes, repitamos como me lo comentó mi amigo “POR AQUÍ HUELE A GOBIERNO”.