En mi entrega anterior señale que el camino hacia el socialismo nunca fue un hecho oculto por el Presidente Correa, tal es así que en su conferencia en Oxford indico que la revolución ciudadana era calificada únicamente por los favorecidos por el sistema de opresión como populista y comunista. Que ésta es un proceso de cambio necesario, que tiene que ser rápido, ágil y pacifico. Atención, ya anuncia el Presidente que este cambio, que esta revolución tiene que ser rápida.

No se extrañen entonces que se implante el socialismo y hasta tanto nosotros los ciudadanos de a pie seguimos pensando en que el cambio va a ser previamente consensuado consultado con las bases del poder que somos los ciudadanos, gran equivocación, se da por sentado que estamos de acuerdo y que eso es lo que queremos.

Es un eufemismo discutir que revolución es, estoy seguro que es socialista, pero del viejo estilo, del que se manejo en la URSS y que se maneja en Cuba, el mismo lo afirma, nunca lo negó, siempre dijo que vamos hacia allá. El problema es otro. Hasta que punto tiene derecho a tratar de imponer un socialismo a un país que en su mayoría no se ha pronunciado por esa tesis. Es incuestionable que el Presidente Correa ha ganado seis elecciones. Eso significa que ha tenido la mayoría de los votos de quienes participaron en el proceso eleccionario, que no es lo mismo decir que ha tenido la aceptación de la mayoría de los habitantes del país para su proyecto político.

De otro lado, los hechos que se van conociendo, las denuncias, los escándalos, la confrontación familiar, conmocionan y crean expectativas ¿hasta qué punto son solamente cortinas de humo para lograr seguir avanzando políticamente e ir amarrando el proyecto político?. Lo cierto es que la habilidad política demostrada por el Gobierno supera a cualquiera de los anteriores que tuvieron maestros del arte de gobernar, que se valieron de cualquier medio para lograr sus objetivos.

Estamos empeñados en analizar las denuncias de Fabricio Correa, pero no vemos hechos inmediatos, la entrega de los pozos petroleros del campo Sacha, ya llegaron los aviones regalados que nos atan ante un posible conflicto con Colombo-Venezolano, se dialoga en torno a una ley de medios, a una ley de educación superior, pero se las aprueba como quiere e interesa al gobierno y en tanto el publico mira otro capítulo de la pelea entre los Correa con las denuncias de Invermun, del plan vial relámpago y que desde ya vaticino que eso va a terminar en que el único culpable de haber intentado desestabilizar al país es el Sr. Solórzano, que nadie recibió coimas, Fabricio acabará no siendo accionista de las compañías a las que les terminaron los contratos y podrá demandar millonariamente al estado; y, el proyecto político sigue adelante.

La reforma tributaria entro al debate sin ninguna observación, se aplica entonces a ella, la misma teoría, reúnete, oye pero hagan lo que se les ordena. Se cumplió el objetivo, se socializo el proyecto pero no se consideran aplicables las observaciones del sector productivo. Eso está convirtiendo a nuestra democracia en una de opereta, porque simplemente toda reunión lleva definitivamente a lo mismo, a un diálogo de sordos.

En el tema del dialogo con los indígenas veremos que se cumplirá en lo externo, pero no se llegará al tema de fondo, la explotación minera, tal es así que ya se publico el respectivo reglamento que viabiliza la explotación minera de la manera proyectada por el gobierno. Estoy de acuerdo con la necesidad de la explotación minera, pero dígase desde un principio que ese tema no es negociable.

En cuanto se refiere a las libertades, como ser la de opinión y la de prensa, está claro que el mínimo resquicio que tenga la ley en cuanto a la protección de estos derechos fundamentales será aprovechado para eliminar cualquier voz que se eleve sobre los temas que no agradan o no gustan al gobierno. Los medios llamados públicos, canales, radios y periódicos incautados, no son públicos, la frecuencia concedida es privada y no ha sido reformada, deberían ser abiertos a toda corriente de opinión pero en ellos es donde menos se tolera la que no esté enfocada en el dogma gubernativo. Está bien, se justifica porque siendo dueño de casa el gobierno no puede permitir que en medios controlados por él se realicen ataques a su política, pero entonces, sinceremos el tema de la propaganda de la pluralidad de pensamiento y digamos directamente que no está en la conceptualización del gobierno la pluralidad de opinión.

Voy directamente a la legitimidad del pretendido cambio hacia el socialismo. Pienso que no es legitimo, considero que si quiere y es bien intencionado el gobierno, debería hacer una gran consulta para que solamente si hay más de un 60% de los votantes aptos y empadronados que aprueben el sistema, este se implante, hasta tanto, estamos siendo llevados a un sistema económico político social que no es del agrado de los ecuatorianos. Que no es nuestro concepto de vida, ni lo que queremos para nosotros, ni para nuestros hijos. Estamos siendo gobernados por la más grande de las minorías; que por ser la más grande no es la mayoría, esta circunstancia es lo que puede hacer fracasar el proyecto de cambio que todos los ecuatorianos anhelamos pero que de ninguna manera es o tiene que ver con el concepto socialista del siglo 20, que es el que quieren aplicar y que para efectos de mercado lo llaman del siglo 21.