Por muy importante que se crean las personas o muy malas que estas sean y peor aún por muy significativo el cargo que tuvieren, deben actuar con ciertos valores universales mas allá de cualquier circunstancia.

Uno de estos principios es la lealtad.

Esta virtud afectiva existencial, implica tener una actitud irrenunciable de gratitud hacia las personas que nos quieren o a cualquier circunstancia que contribuyere a formarnos en lo que somos.

La lealtad hacia la propia sangre está por encima de todo.

De igual manera la lealtad hacia lo que nos educó, en los seres normales genera un estado de gratitud imperecedero.

Sin embargo, existen individuos que no tienen este sentimiento por carecer de valores morales.

Son los psicópatas perversos o los que se auto conciben tan sobrevaloradamente, que acaban convencidos de haber nacido tan grandiosos, que no necesitaron de nadie para llegar a donde están.

En el libro de psiquiatría de Agustín Caso están descritos.

El autor habla de los megalómanos o sobrevalorados de si mismo y de los perversos o psicópatas.

Textualmente dice:

Ególatras sobrevalorados: Son individuos con ideas de grandeza. Se caracterizan por un falso aumento de sus propios valores subjetivos. En ocasiones estas falsas creencias se originan por sentimientos de inseguridad o complejos de inferioridad iniciados en su infancia.

Con cierta frecuencia, su contenido actual indica la naturaleza de las frustraciones previas. Así, es frecuente encontrar que un hombre poderoso y rico odie a quienes son poderosos o ricos. También se puede tratar de un sujeto tonto que se crea dueño de trascendentales cargos. Con frecuencia se lo observa en sujetos con retardo mental enmascarado, donde el que lo padece tiene ideas imaginarias que lo hacen sentirse importante, famoso, predestinado, poderoso o sabio. En las personas bipolares se le asocia la euforia, es decir, un estado de bienestar anormal con sonrisa permanente.

Los individuos que lo padecen son locuaces y se comportan puerilmente. El estado de ánimo –talante- es de euforia; con tendencia a forjar grandes planes con ideas de grandeza (megalomanía). El talante puede cambiar con brusquedad y así se presentan con facilidad accesos de cólera, después que el sobre valorado ha estado locuaz y eufórico.

Perversos o psicópatas:

Se caracterizan por:

  1. Todo ser humano crea gratitud afectiva con la sociedad en que vive. El psicópata muestra durante su vida, una verdadera ausencia de sentimientos de gratitud hacia la sociedad.
  2. La actitud del psicópata es violenta, irrespetuosa o indiferente y fría.
  3. Carece de la aptitud para verse a sí mismo, como lo ven los demás.
  4. A pesar de su normalidad aparente, es incapaz de comprender y utilizar la experiencia de la vida para modificar su comportamiento, inclusive con el castigo.
  5. Es generalmente agresivo, intolerante e irresponsable.
  6. Tiene nula tolerancia para la frustración.
  7. Vive la mayor parte de su vida en conflicto permanente con la sociedad.
  8. Su conducta se orienta de modo inmediato a la satisfacción de sus impulsos egoístas, sin consideración de sus semejantes. En consecuencia, sufre más la sociedad, que él.
  9. Carece de dominio personal y sentido ético.
  10. Es incapaz de sentir afectos duraderos y tener lealtad.
  11. Solo admite su punto de vista y desprecia, se burla o minimiza a los demás.

En días pasados su majestad dijo que estaba furioso por la perdida de tiempo a la que había sido sometido por la mala educación recibida en la universidad donde se educó.

Fue la misma universidad que demandó mediante un juicio cuando era profesor. Gracias a esa demanda compró la casa donde vive su familia.

También en estos días se ha ventilado públicamente una lucha encarnizada e irreconciliable contra el hermano que pagó sus estudios en el exterior.

Su majestad no tiene lealtad hacia su familia y peor a su universidad.

Con él se cumple el refrán: Es un ingrato que mordió la mano que le dio de comer.