El auge delincuencial que se observa en el país y muy especialmente en Guayaquil, tiene a los ecuatorianos aterrorizados e INDEFENSOS. Daría la impresión que el crecimiento de los asaltos, asesinatos y el sicariato se incrementan en forma progresiva ganándole terreno a la policía que no logra contener el desborde existente pese a encontrarse con declaratoria de emergencia.

El robo, el secuestro y el sicariato se muestran ante los ojos de los ecuatorianos a través de los diferentes medios y por versiones de aquellas personas que han sido afectadas. El gobierno dice hacer esfuerzos para dotar a la policía de un mayor número de elementos para lo cual efectuó un llamado público al que concurrieron una gran cantidad de aspirantes que buscaban un trabajo ante la desocupación que ya es de todos. El dotar a la policía de un mejor armamento y vehículos solo ha servido para contrarrestar los desmanes y paros que realiza la UNE, los estudiantes, el MPD y el indigenado.

El último hecho de sangre registrado en nuestra ciudad como fue el crimen cometido a la Sra. Sonia Jaramillo y su hija Claudia Poppe, conmovió y horrorizó una vez mas a la comunidad guayaquileña, reflejando con claridad lo INDEFENSOS que nos encontramos. Si a los hechos criminales se le añade la gran cantidad de denuncias producto de los secuestros express y de un sicariato convertido en un negocio lucrativo, la “INDEFENSION YA ES DE TODOS.

La indignación ante la falta de seguridad se une a una serie de situaciones de índole político como son el ataque frecuente a los medios de comunicación, los proyectos de leyes que chocan contra la Constitución vigente y una corrupción imposible de cuantificar pero muy fácil de palpar, nos hace intuir un posible detonante cuyas consecuencias no queremos predecir.

“LA VIOLENCIA REITERADA ACABA POR PARECER UN DERECHO...”