La anexión a Colombia ha suscitado enorme interés, con la publicación de Historia de Guayaquil de Melvin Hoyos y Efrén Avilés, el bicentenario del 10 de agosto de 1809 y la polémica que ha tenido lugar en Internet entre historiadores de provincias de la sierra e historiadores de Guayaquil.

Personalmente me mantuve alejado de la polémica, limitándome a comentar a uno de los historiadores del interior que “…la pasión fue más allá de lo que debe ir. Creo que el origen de esto es la idea que existe en Guayaquil de que la historia escrita por historiadores de la sierra, no puede ser revisada, por estar grabada en piedra, esto no debería ser así. En los países del Primer Mundo, es normal la revisión. En Estados Unidos, cada cinco años se reúnen 500 historiadores para presentar revisiones. Recientemente se ha probado, que el famoso evento Boston Tea Party, para los estadounidenses, una especie de 10 de Agosto nuestro, no fue un acto patriótico, sino económico. Sucede que entre las élites había intermediarios de té que lo adquirían de la East Indies Co., empresa que había decidido venderlo directamente, pasándose por encima a los intermediarios”. En la misma comunicación mencionaba a mi amigo historiador serrano, haberme pasado algunos meses revisando documentos adquiridos del exterior a través de Internet, y en la extensa lectura de la citada documentación, ¨…he encontrado hechos importantes que no son mencionados en nuestros libros de historia. ¿Cuál ha sido el motivo de la omisión? ¿Falta de conocimiento?¨

¿Por qué interesa el tema de anexión de Guayaquil? Porque los historiadores serranos han sostenido que fue un acto voluntario de los guayaquileños y no por la fuerza impuesta por Bolívar; ¿Se puede asegurar que todos los guayaquileños querían unirse a Colombia? ¿Hay suficiente evidencia que confirme quién tiene la razón?

Después de revisar numerosas cartas cruzadas entre quienes fueron actores directos e indirectos de la anexión, he seleccionado las más importantes para que el lector lea las palabras de los propios protagonistas y se forme una opinión.

Antes de reproducir las citadas cartas conviene resaltar que Guayaquil, debido a su ubicación geográfica y por ser hasta esa fecha, el puerto más importante de la costa oeste de América del Sur, era sitio muy estratégico, dentro de las guerras de la Independencia, razón para ser disputado por Bolívar, San Martín y los propios españoles.

Históricamente las relaciones comerciales y sociales de los guayaquileños fueron con Lima, ciudad con enorme riqueza cuyos poderosos comerciantes financiaron a los exportadores e importadores de Guayaquil. La clase social acomodada el puerto, pasaba vacaciones en la capital peruana.

Cuando Guayaquil se independizó en 1820, las guerras de la Independencia en Venezuela tenían aproximadamente una década y Bolívar, que tenía planes de liberar a las provincias de la sierra, se fijó en Guayaquil y decidió apoderársela, a las buenas o malas.

Un primer paso fue enviar a Sucre a Ecuador en 1821. Seguramente él junto con gente que debió haber traído, comenzaron un plan de adoctrinamiento para convencer a la gente de la Provincia de Guayaquil, que era conveniente incorporarse a Colombia. El 28 de diciembre de 1821, un grupo de manabitas firmaron el Acta de Portoviejo, por medio de la cual se solicitó al Gobierno de Guayaquil, presidido por José Joaquín de Olmedo, anexarse a Colombia. Este documento marcó el inicio un período de discusiones y confrontaciones, acompañadas de intrigas y levantamientos. Meses después, Francisco Roca, redactó un largo ensayo de más de 50 páginas, El Amigo del País, en el que analizó la situación de la Provincia de Guayaquil y resaltó la conveniencia de anexarse a Perú. Finalmente el 1 de julio de 1822, Fray José Coello publicó El Amigo de la Verdad, proponiendo la tesis de mantener independiente a la Provincia de Guayaquil.

Con los antecedentes expuestos, entremos a analizar las cartas, comenzando por la de Bolívar a Santander el 5 de enero de 1822:

Mucho he sentido que no hayan copiado mis cartas particulares al señor Olmedo y a Sucre, como previne a los escribientes; pero me acuerdo de algunas de las razones más fuertes.

Digo al señor Olmedo, después de algunos cumplimientos, que me es sensible molestar a un amigo a quien ya amo, pero los intereses de Guayaquil y los derechos de Colombia lo exigen; que la independencia de Guayaquil no sería más que el señalamiento de un campo de batalla a dos estados belicosos; que una ciudad y un río no pueden constituir una nación; que Guayaquil ha sido una dependencia de la presidencia de Quito y esta de la Nueva Granada; que muchas ciudades, en épocas diferentes, han tomado la misma resolución que Guayaquil de arrojar sus enemigos, pero no han mostrado deseos ni pretensiones tan extravagantes; que Maracaibo ha imitado a Guayaquil en resolución, pero no en las pretensiones; que Túmbez es el límite natural del Perú, y Guayaquil está fuera de él; que Colombia, en medio de sus propios ahogos, ha mandado sus tropas para su defensa; que si no hubiera empleado las tropas del general Sucre en defender a Guayaquil, ya estaría libre Quito; que por las tropas de Colombia ha conservado su libertad Guayaquil, pues de otro modo, en manos débiles y sin energía, y divididas las opiniones, la habrían ocupado los españoles; que Colombia no perderá el fruto de sus sacrificios, ni permitirá, en agravio de sus derechos, que Guayaquil se incorpore a ningún otro gobierno, pues en América no hay poder ante el cual ceda Colombia; que esperaba que, antes de ir yo, se declararan por nuestro gobierno, pues no era ni justo ni decoroso el que yo fuera a un país extraño etc. y otras muchas de que no me acuerdo.

Al general Sucre le digo que obre con energía; que pida cuanto necesite, y si no se lo dan, que lo tome; que pida el reconocimiento del gobierno de Colombia; y que, por ningún caso, permita que Guayaquil se incorpore a otro gobierno.

Dije también a Olmedo que lo que el derecho más lato permitía en las asociaciones, era la igualdad de representación en la asamblea nacional, y que éste lo tendría Guayaquil, que toda otra pretensión era injusta etc.

Comentario: Comienza a salir el espíritu autocrático de Bolívar, como se observa en sus comentarios subrayados por mí. Bolívar omite mencionar que Olmedo envió desde Guayaquil tropas y armamento a Colombia para apoyar al ejército colombiano a liberar su propia patria.