Hace unos veinte años, cuando vi una comunicación de algún funcionario del gobierno que terminaba con el lema “Dios, Patria y Libertad”, averigüé si había una interpretación, pero no la encontré. Por esa razón, decidí escribir un ensayo sobre su significado, que fue publicado en dos diarios. No sé si en las comunicaciones oficiales siga citándose ese lema. Pero, en todo caso, en estos tiempos que se dice tanto que “La Patria ya es de todos”, creo que es oportuno reflexionar sobre lo que debe significar “Dios, Patria y Libertad” para los ecuatorianos. Ese es el fin por el que pongo a consideración “Desde mi trinchera” el ensayo que hice.

Dios, Patria y Libertad

Dios, Patria y Libertad es la divisa y proclama luminosa legada por nuestros mayores. Es la llama encendida por el espíritu ecuatoriano. En ella arden los valores imperecederos que deben guiar pensamientos, palabras y obras hacia el bien de todos.

Dios. El Bien Supremo, nuestro Creador. Sustento y fin de nuestras almas y del Universo, El nos inspira las virtudes fundamentales: la veracidad, la justicia y el amor. De ellas crecen la diligencia, la responsabilidad y la bondad, que son la semilla y la savia de toda persona y sociedad digna, progresista y solidaria.

Patria. Todos nosotros, nuestra tierra nuestra historia y nuestro futuro. La recibimos cultivada por nuestros patricios en el honor y el heroísmo que han hecho su alma grande. A veces, como al sol, la tapan negros nubarrones, pero siempre ilumina para cumplir con su deber a quienes elevan hasta ella su corazón.

Libertad. La que nos permite obrar según nuestra conciencia y nos hace personas responsables. La que nos permite amar, respetar y trabajar por Dios y por la Patria. La única que nos puede dar verdadera independencia individual y armonía social para ser un pueblo justo, noble y soberano. Sí. Dios, Patria y Libertad. Es el triple y unitario ideal que debe ser enseñado y vivido por todos los ecuatorianos desde cualquier posición política, condición social o situación económica. Sólo en este lema, siempre fecundo, será posible superar las dificultades y las divisiones para convivir en paz.

Solamente asumiendo este ideal, seremos sinceros cuando, al cantar nuestro himno decimos: “… Dios miro y acepto el holocausto…”. “Salve, oh Patria, mil veces…”. “… Libertad tras el triunfo venía…”.