Una de las acciones más perversas del sistema socialista y populista es hacer del pueblo mendigo con el fin de mantenerlo como cliente fijo (léase esclavo) del gobierno en el poder.

La otra acción perversa es que paradójicamente al tiempo de necesitar un pueblo mendigo se crea una nueva elite u oligarquía, concentrada alrededor del poder público, quienes son los beneficiarios de las riquezas excedentes del Estado. El pueblo recibe mendrugos suficientes para mantenerlo como cliente fiel, mientras los nuevos oligarcas producen riquezas desmesuradas y diametralmente opuestas a las dádivas populares.

Para crear esta situación se mantiene a la masa popular funcionalmente ignorante, con el fin de que sean instrumentos dúctiles de este perverso sistema de gobierno, más inequitativo que el tan vilipendiado capitalismo. Y esto es clave, pues los gobiernos socialistas se ufanan de lograr 0% de analfabetismo, pero nada dicen de la ignorancia funcional que promueven subrepticiamente a través de “maestros” que no saben siquiera reglas elementales de ortografía.

Una de las formas más perversas de promover la mendicidad es a través de subsidios permanentes y la desincentivación del ahorro. Claro, ¿qué puede ahorrar quien vive al día con sus ingresos? Es la capacidad de ahorro la medida de riqueza de un pueblo, y dentro de ese esquema nuestro gobierno revolucionario promueve la desaparición del fondo de reserva del que han gozado aquellos trabajadores que son afiliados al IESS, con el fin de que ese ahorro forzoso se convierta en gasto corriente y se diluya dentro de la creciente diferencia entre los ingresos familiares y el costo de la canasta básica. Es por actos como este que el Ecuador se mantiene como uno de los países más pobres del mundo.

El socialismo habla de la redistribución de la riqueza, pero eso es válido sólo demagógicamente, pues la nueva oligarquía (léase aquellos en el poder), que cada día son más, se excluyen de esa redistribución. Los demagogos redistribuyen lo ajeno pero nunca lo suyo y para muestra tenemos a los hermanitos, quienes gozan de todo lo que el Presidente condena. Y no solo los hermanitos. Ya el EXPRESO nos ha comenzado a revelar a algunos de los “socialistas” en el poder que ávidamente buscan trasladarse a vivir entre “pelucones”, pues eso son o quieren ser, pero solapados.

¿Tiene alguna esperanza de salir de la mendicidad el pueblo? Gobiernos como el nuestro se encargan de que eso no suceda, pues requieren de su “clientela” política sometida. Por ello disponen de los recursos nacionales para incentivar la mendicidad en vez de usarlos para promover la producción de recursos renovables, que son los que aseguran la riqueza nacional. Los recursos no renovables son finitos. Se los puede dilapidar, como lo está haciendo este gobierno, pero cuando se acaben se garantizará más pobreza. Y eso es lo que buscan los gobiernos socialistas como el nuestro, para continuar dominando a un pueblo esclavizado a través de engaños y esperanzas vanas.