Es preciso resaltar que a través de mis comentarios no estaré dispuesto a presumir ni comentar nada que identifique políticamente con su línea socialista al ex sacerdote Fernando Lugo, hoy presidente de Paraguay. Pues voy a remitirme únicamente a analizar en este caso la conducta personal del individuo como tal, en su forma y su fondo.

Una vez más, siento dolor y vergüenza ajena por la que seguramente estarán experimentando nuestros compatriotas de la parroquia donde este falso sacerdote de la época, engañosamente deslumbró por varios años a muchos de sus feligreses haciéndoles posteriormente creer que el también sembró a su paso por el Ecuador la semilla del árbol de la verdad y la vida.

Estoy recordando, por ejemplo, a aquella humilde ancianita ecuatoriana a la que este fulano, según él, “la quiso como a su madre” mientras compartió con sus seguidores en ese rincón de nuestro país, en el cual se encuentra aquella comunidad eminentemente cristiana. Recuerdo también las expresiones llenas de sana emotividad de gente más joven al haber manifestado orgullosamente su amor y respeto por su “Padre Lugo”, luego de que este haya sido elegido presidente de Paraguay. Por lo que en realidad, a este mal ex servidor de Dios no le corresponde jamás ningún privilegio para ser considerado como ejemplo de nada.

Siento asimismo dolor y vergüenza ajena por los paraguayos y por todos los que como yo creemos en la magnificencia de los clérigos en general, así como vergüenza ajena por la opinión de una Latinoamérica que seguramente debe estar repudiando y condenando los insanos actos de Lugo.

Me acabo de enterar a través de un reportaje de diario el Universo de que una señora llamada Benigna Leguizamón narra una experiencia muy triste que le sucedió el año 2001, fecha en la que entonces ella tenía apenas 18 años, la misma que con engaños fue llevada por Acosta, el chofer del ex sacerdote a la habitación de Lugo, habitación que estaba ubicada en el obispado de San Pedro (Paraguay), para luego ser encerrada contra su voluntad, y luego ser violada por el entonces “inofensivo y respetable padre Lugo”. El reportaje da cuenta de que ella supo manifestar a través de una entrevista en una radio de Asunción, lo siguiente: “Me violó cuando tuvimos relaciones por primera vez”.

Es pública y de nivel internacional la noticia de que Lugo, mientras fue sacerdote, ha preñado a mas de una mujer, y aunque últimamente quiso evadir su responsabilidad paterna al haber sido descubierto, dio luego explicaciones medias raras a su país por el acometimiento de estos actos lujuriosos en los que, seguramente por el simple hecho de haber vestido una sotana, se aprovechó de la confianza e ingenuidad de sus víctimas.

Pero una cosa es la lujuria y el mal comportamiento de quien se supone expresamente que por tan especiales circunstancias su conducta debe ser intachable, y otra cosa muy diferente es ser el autor de ilícitos (violación), tal cual lo ha denunciado en este caso esa humilde mujer paraguaya.

De tal forma que la gravedad del tema va más allá de un simple devaneo en donde la tentación por la carne y el irrespeto al Divino Sacramento pudo más que la cordura sacerdotal.

Por otra parte, repito, el ahora presidente de Paraguay a través de un acto de completo cinismo y al verse seguramente acorralado por los hechos expresamente denunciados y comprobados, acaba de manifestar a la prensa de su país lo siguiente: “Todo es parte del segundo capítulo de la novela… estoy esperando el tercero”.

De todo esto a mi me queda una inmensa duda: Sera también posible que mientras este semental que alguna vez vistió con sotana, y mientras estuvo desarrollando una supuesta “acción pastoral” acá en nuestro país, pudo acaso haberle dado rienda suelta a sus lujuriosos instintos con alguna que otra ingenua mujer de nuestra patria, provocando consecuentemente uno que otro embarazo..?