Muy queridos feligreses:

Como saben, yo llevo ya muchos años en la parroquia de Urdesa (más de 17 años). Por ello mismo, nuestro Arzobispo, Monseñor Antonio Arregui, ha visto conveniente relevarme ya del cargo de párroco, y dedicarme a otras funciones dentro de nuestra Arquidiócesis.

Sin quitarle importancia a la labor pastoral que se puede seguir haciendo, y de hecho se seguirá haciendo en nuestra parroquia, el Señor Arzobispo ha visto que la labor que estamos realizando en equipo con voluntariado de la Casa de la Vida, con la madre embarazada, la juventud y los enfermos de sida, va adquiriendo cada día más importancia y necesita de mucha dedicación. En palabras del mismo Arzobispo, “la CDV está llegando a ser la respuesta más importante de la Iglesia católica en Ecuador en el tema de la vida humana; obra única en el País”. En realidad, ambas cosas son igualmente importantes: tanto la Parroquia, como la Casa de la Vida.

Como ustedes saben, los Sacerdotes de Entre Ríos y de Urdesa somos un solo equipo; pertenecemos a la Sociedad de Jesucristo Sacerdote. El Arzobispo ha decido trasladarme allá, no como Párroco, sino simplemente como coadjutor o ayudante, para estar más libre para la Casa de la Vida.

Como es natural y lógico, dado el cariño que nos tenemos, me da pena dejarles: pero lo hago con mucha alegría, porque estoy profundamente convencido, de que, como alguien decía, “Dios obedece a los obispos”, y allá donde ellos nos destinan a los sacerdotes, Dios dirige Su mano para derramar sus torrentes de bendiciones. Estoy absolutamente seguro de que, si este cambio lo ha decidido nuestro supremo Pastor Arquidiocesano, será para bien de todos, sin excepción, como decía S. Pablo: “Todo concurre para bien de los que aman a Dios” (Rm 8:28).

Yo no puedo sino estar agradecido, con nuestro Arzobispo, que me ha me permitido estar en esta parroquia todos estos años junto a ustedes; considero una gracia de Dios, y un regalo maravilloso del Señor.

También estoy profundamente agradecido con todos ustedes: por su paciencia, su comprensión, su cariño, su apoyo generoso a todas y cada una de mis iniciativas. Ustedes han sido unos colaboradores maravillosos; y tanto, que sin ustedes nada de lo que hemos logrado, lo habríamos conseguido. Su cariño ha sido siempre para mí un motivo para no detenerme y seguir siempre adelante, sin parar… Su cariño, su amabilidad, su inalterable buena voluntad hacia mi persona, han sido como el viento que constantemente ha soplado e impulsando el velero de mí servicio sacerdotal por estos mares del Señor en estos 17 años…

Me marcho, pero estoy contento de que quedan ustedes en inmejorables manos, cuales son las del P. Enrique Escribano, que será el nuevo Párroco a partir de mediados de julio, y que contará con otro sacerdote de nuestra misma Familia espiritual, para cooperar con él en el servicio a esta linda parroquia y nuestra Fundación es Justo y Necesario, al servicio de los niños trabajadores de la calle.

Que Dios los bendiga a todos. Démosle gracias por el tiempo que hemos pasado juntos. Que sigamos estando unidos en la oración. Gracias de corazón a todos.

Guayaquil, 7 de junio de 2009