No me fue fácil comprender en el primer instante qué ganancia política obtendría el gobierno con las evaluaciones al Magisterio. Parecía contradictorio que en el momento en que más necesidad tiene de aliados en el Legislativo, esté dispuesto a jugárselas en redondo, poniendo en contra al compinche más útil y compañero de tantas correrías y triquiñuelas: el MPD y su malcriado crío, la UNE.

Sin embargo, comprender los movimientos del juego no es tan difícil. Veamos:

La motivación última detrás de la “Revolución Ciudadana” y de todo el “Socialismo del siglo XXI”, por más que ellos digan otra cosa, no es la justicia social, ni la ideología. Es simple, desnuda y casi frívolamente, el poder. Motivación más psicológica que política, es cierto, pero allí donde la sociología no alcanza ella permite comprender a gran cantidad de personajes y sucesos históricos.

Correa asciende a Carondelet como resultante de un entramado complejo de circunstancias y coyunturas sociológicas, golpes de oportunidad, decrepitud política de múltiples sectores, expectativas insatisfechas y frustradas de casi toda la sociedad ecuatoriana y de un marketing utilitario a más no poder, casi amoral, pero brillante y eficaz indiscutiblemente, aglutinado todo eso por una sed insaciable de poder de sectores heterogéneos, que encontraron todos ellos en Correa el ariete capaz de romper el orden de cosas anterior y que les permitiría alcanzar el poder que tanto ansiaban.

Sin embargo, el poder es un pastel que axiomáticamente no es compartible, y cuando se lo comparte lo es solamente en apariencia, se trata un momento anterior a la concentración total de éste.

A nadie debería sorprender que el gobierno esté dispuesto a enfrentar al MPD y a prescindir de él. Todo lo contrario, el asunto de las evaluaciones es la oportunidad magnífica para lograrlo. Más pronto que tarde Correa necesitaba sacarse al MPD de encima, no solo porque a pesar de ser un compadre útil y servicial, es un vecino ruidoso, malmirado y ambicioso. Ambiciona la misma presa: el poder. En otras palabras, aliados como esos a cortas o a largas se convierten en rivales, y la mejor forma de enfrentarse a los rivales es sacarlos de la cancha lo más pronto posible.

Novedad no hay ninguna en ello. Es lo mismo que hemos visto antes con Larrea, con Acosta, con los ecologistas, con la CONAIE y Pachacutic, y lo que ya empezamos a ver con el sindicalismo público, y con otros sectores de la izquierda. Todos ellos fueron buenos para hacerse del poder, pero siempre serán un estorbo para mantenerse en él. Ni qué decir de todos los otros que de alguna forma concentran o manipulan cualquier tipo de poder, grande o pequeño: los gremios, las iglesias y demás. Que quede claro: la “Revolución Ciudadana” para ser, necesita ser el poder único. Cualquiera o quienquiera que lo enfrente o lo dispute será hoy o mañana, arrasado.

El asunto evaluaciones solo puede otorgarle ventajas políticas al gobierno. La más importante de todas: eliminar al rival, el MPD. La siguiente, intentar reponerse de los últimos resultados electorales, que cuentas para adentro, el gobierno lee acertadamente como altamente preocupante. Para ello levanta una bandera esperada y reclamada por todo el país: la reforma educativa. Si para remontar esos imprescindibles puntos en las encuestas tiene que enfrentarse a los aliados de ayer, es lo menos importante. Además, siempre habrá la posibilidad de rendir al rival, hoy convertido en enemigo, antes de dar batalla. Los votos del MPD en el Legislativo no serán un problema. Si arrinconados no los entregan igual, siempre habrá la posibilidad de obtenerlos a un precio menos alto y riesgoso mediante la persuasión. No será difícil persuadir a algunos asambleístas de pasarse a las filas de PAIS a la hora de los votos, más aún si se cuenta con verdes argumentos para esa persuasión. Este es el momento ideal para apropiarse de un tema que el país entero no solo no discute, sino que exige no se posponga más: elevar la calidad de la educación formal.

El punto sin embargo, es que una cosa son las evaluaciones y otro la reforma educativa. Por eso nos preguntamos, ¿en qué consiste en concreto la reforma educativa propuesta por el gobierno, si es que ésta ha propuesto alguna? ¿Cuales sus pasos, sus etapas? ¿Cuando se abrió a nivel de la sociedad entera una amplia y técnica discusión sobre la reforma educativa? Cosas como estas, el gobierno debe responder con celeridad, o arriesgarse a recibir una descarga por la culata. Porque de lo que se trata es de elevar el nivel de los docentes sí, pero para elevar el nivel técnico, científico y crítico de los educandos, no de apalear y dejar en la calle a los profesores, víctimas de la indolencia de sucesivos gobiernos, a quienes ha importado un rábano la capacitación de los docentes.. Otra cosa sería evaluar para establecer una línea de base y entonces capacitar según esa línea obtenida. Otra más, instaurar serios planes de capacitación permanente con claros y apetitosos estímulos para los maestros ¿Y la infraestructura escolar? ¿Y la tecnología pedagógica complementaria? Ya vemos, no se trata solo de evaluar y cancelar a los que no alcancen el puntaje. Entonces, hay razones para dudar. Más aún, cuando se dice que hay miles de bachilleres dispuestos a ocupar las plazas de trabajo que queden vacantes por los maestros cesados, como si la educación de los ecuatorianos pudiera improvisarse. A menos que de lo que se trate es que salga el MPD para que entre PAIS, una modalidad de “quítate tú, pa´ponerme yo”.

La superación de la mediocre educación y la reforma educativa que logrará esa superación va mucho más allá de las bravateadas evaluaciones. Si de lo que se trataba era de pulsear y de disputar con el MPD-UNE hasta sacar de la educación ecuatoriana a los filibusteros, se podía haber adoptado procedimientos más frontales, sin poner en riesgo y aterrar a miles de maestros víctimas de un sistema, y sin burlarse de algo tan serio como la reforma educativa esperada.