Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: -¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.[1]

 

1.   El primer Pentecostés: “La Inauguración

a.   Con lo sucedido el día Pentecostés, diríase que se inauguró la Era del Espíritu Santo[2]. En toda ‘inauguración’, suelen hacerse cosas llamativas para impactar y dar a conocer que, por ejemplo, el Colegio o el Centro comercial empiezan a funcionar: se contrata una banda de música, se hacen fuegos artificiales, se destapa el champán….Sin embargo, lo importante para el entorno social es lo que viene tras la inauguración: la labor diaria, callada, perseverante, nada estruendosa del Centro en cuestión. Valiéndome de este ejemplo, creo que ésta es la explicación del perfil extraordinario de aquel primer Pentecostés. Jesús había prometido al Espíritu a la Iglesia[3], era necesario que los Apóstoles y la primitiva comunidad supiera que el Señor había cumplido Su promesa: “No se ausenten de Jerusalén, sino esperen lo que ha prometido el Padre, de lo que ya les he hablado”[4]. Sin embargo, hoy, al Espíritu Santo se le asocia con lo extravagante, lo impresionante, lo estrafalario y lo insólito: reuniones escandalosas, gritos, desmayos, manos en alto... 

b.   No olvidemos que en la Biblia al Espíritu se le llama con la palabra hebrea “ruah”, que significa “soplo, aliento, respiración”.

              i.          La presencia y la acción del Espíritu son tan discretas y eficaz como nuestro “aliento” y respiración: Al nacer dimos un grito para que se llenen de aire los pulmones, pero no nos pasamos la vida gritando. En estos tiempos de cosas raras que, gracias a Dios, son rechazadas por la gente normal, hemos de tener mucho cuidado con los grupos “católicos” exagerados en esto del Espíritu Santo. Un día me llamaron porque en una casa había una chica que estaba con ‘don de lenguas’. Me armé de mi Biblia en latín, fui a la casa y le dije: “Niñita, léeme esto, qué dice”. Era el pasaje del  padrenuestro. La niña comenzó: “En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos, el reino de los cielos es…” Dije a la madre: Mándele al colegio, que el único espíritu que inunda a su hija es el de la pereza, y la lengua que tiene es muy mentirosa…  

            ii.          El Espíritu se manifiesta de mil modos, menos aparatosamente. En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: -«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.» Dijo a sus discípulos: -«Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás.[5] Al viento no lo vemos; constatamos su presencia sin duda alguna a través de sus efectos.

          iii.          El Espíritu Santo se manifiesta por ‘los frutos del Espíritu’, no por gritos, manos levantadas y desmayos: El Espíritu Santo no es otra cosa que la caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones.[6]  Caridad o Amor de Dios que, habitando en nuestros corazones, se manifiesta en actuaciones concretas: “La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es presuntuosa, no es jactanciosa; es delicada; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” [7] Y más aún: Los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí[8]

2.   Unidad en la variedad: Como en aquel día, a pesar de la gran diversidad de razas, lenguas y orígenes, había total unanimidad: Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.[9]

a.   El Amor – el Espíritu -  verdadero no destruye la belleza de la variedad para lograr la unidad: No confundamos la unidad con la uniformidad. Además, no es lo mismo ser distintos que ser rivales. Dentro de la Santísima Trinidad, las tres divinas Personas, son distintas e, incluso, opuestas[10], pero no rivales. Precisamente porque en Dios se da la distinción y oposición de Personas, Dios es Amor.[11] 

b.   El Amor no anula la distinción de las personas que se aman, sino todo lo contrario: cuando los compañeros de trabajo, o los miembros de un hogar saben amar, es decir, son pacientes, serviciales; no son envidiosos, ni presuntuosos, ni jactanciosos;  son delicados; no buscan cada cual su interés; no se irritan por tonterías; no llevan cuenta el mal, porque no son rencorosos y saben perdonarse siempre…; se produce el milagro de que, siendo cada uno lo que es, se produzca y se fomente la armonía, la comunión y la unidad. Repito: siempre y cuando todos tengan buen corazón y sepan amar… ¿Qué es aquello que produce la unidad y la comunión? – el Amor.

c.   El Espíritu del Amor es como la luz que atraviesa los vitrales: la luz, siendo la misma, hace que cada color cobre fuerza y cada fragmento contribuya a la unidad y a la armonía del conjunto. La belleza de una vidriera de colores está justamente en la armonía de los que son distintos: en el hogar cabe una perfecta armonía dentro de la variedad. El mismo Dios que quiere la armonía quiere la variedad, y la diversidad.

d.   El Espíritu hace que cada uno sea lo que es. Hace que cada uno llegue a ser completamente lo que es: Los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, las madres, los padres, los hermanos, cada funcionario, cada cristiano sería en la sociedad lo que debe ser: lo sería “de verdad”: un Presidente de verdad, un juez de verdad, una madre de verdad, un policía de verdad, un cura de verdad, un obispo de verdad, una arquitecta de verdad… Si un anciano es un anciano de verdad, será un generador de paz por su serenidad, su sabiduría, su bondad. Si un niño es un niño de verdad, nunca será un niño problemático, que genere tensiones… Así el Espíritu hace que cada uno sea lo que es y lo sea ‘de verdad’. Es lo que decía San Pablo: “por la gracia de Dios soy lo que soy[12] Quizá, cuando Jesús hablaba del Espíritu Santo como el Espíritu de la Verdad, no se refería sólo a la verdad teórica, doctrinal, sino también a otra verdad . “Cuando venga el Espíritu de la verdad él os guiará hasta la verdad completa” [13]:

3.   ¿Por qué el Espíritu Santo se manifestó en forma de fuego?  El Espíritu se manifiesta como lenguas de fuego, porque el fuego es inseparablemente luz, calor y movimiento: La luz de la verdad; el fuego del amor; el ágil movimiento de la libertad. Es lo que decía el gran San Agustín: “En lo necesario, unidad; en lo opinable, libertad; en todo caridad”. El amor es absolutamente libre. San Agustín decía también: “Ama y haz lo que quieras”: Cuando al ser humano le mueve el amor verdadero – libre de lujurias, egoísmos, ambiciones, mentiras, envidias, celos, perezas, sensualidades y de todo lo que, Según Dios, es malo - el amor no tiene otra explicación o motivación que él mismo. Cualquier ambiente que quiera tener el sello de catolicidad y cristianismo, debe reflejar en su existencia, su labor, su trabajo, su modo de ser, los tres valores esenciales e indisociables entre sí: el amor, la verdad y la libertad propias de la presencia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo: un grupo cristiano, un centro de enseñanza cristiano, una familia, un medio de comunicación… No cabe que se traicione o se ponga en juego uno de estos valores bajo el pretexto de fomentar el o los otros:

              i.          La verdad dicha sin caridad: con grosería, el exabrupto, la corrección inoportuna y brutal, no tienen nada que ver con el Espíritu. Eso será todo, menos la Verdad.

            ii.          La libertad sin amor: el libertinaje del egoísta que no considera a sus padres, a su cónyuge, a sus hijos; la libertad del que da la espalda a aquellos a quienes se debe, para hacer sus caprichos y vivir su propia vida… Eso será todo, menos la Libertad. "No toméis de esa libertad pretexto para la carne”[14].

          iii.          El amor sin libertad: la sumisión que genera la pasión desenfrenada del que se esclaviza a un hombre o a una mujer. Eso será todo, menos el Amor.

4.   El Espíritu hace que cada persona sea lo que es y pueda dar lo mejor de sí misma. Jesús comparaba Su Espíritu con el agua “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que crea en mí, de su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él”.[15] La misma agua cae en todas partes  y produce la hermosa variedad de flores y frutos, según la naturaleza de cada planta: en una familia, en una sociedad en la que el Buen Espíritu empape el alma, el corazón, los sentimientos y pensamientos de sus componentes, todos serán fructíferos y positivos: Por esto  a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe, en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro discernimiento de Espíritus; a otro diversidad de lengua; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad.[16]

5.   En la vida familiar se podrá producir un nuevo Pentecostés:

a.   Si permitimos a Dios extirpar de cada uno de nosotros el espíritu del mal, que, hablando en lenguaje católico supone el Sacramento de la Confesión. Yo diría: “Ame a su esposa, a su esposo, a tus padres, a tus hermanos: Confiésate”: Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os dará mi Espíritu… [17]

b.   Entonces, cada uno dará lo mejor de sí: A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común y la vida familiar estará marcadas por la acción de los  dones del Espíritu Santo:

              i.          Don de Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina: ver a los míos como un regalo de Dios…

            ii.          Don de entendimiento, es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino de la contemplación, camino para acercarse a Dios: Oro, y al orar, proyecto una luz nueva sobre mi familia, luz que me lleva a verlos de un modo nuevo: son amables, son respetables…

          iii.          Don de consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios: De mi boca salen palabras que no dividen mi familia, ni deja amargura en el corazón de los míos…

           iv.          Don de Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural: tengo fuerza para vencerme a mí mismo y acepar a los demás como son…

             v.          Don de Ciencia, Es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo: Las verdades y los valores cristianos son el fundamento para apreciar, respetar y valorar a los míos…

           vi.          Don de Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas: Miro a los míos con ternura, comprensión y misericordia…

         vii.          Don de Temor de Dios, es el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina: Vivo humildemente agradecido por todo los dones que Dios me ha dado a través de los mío…



[1] Hechos de los Apóstoles 2:1-11

[2] Dicen algunos autores que se pueden distinguir tres etapas en la Historia de la Salvación, no excluyentes: La Era del Padre, va de la creación hasta antes de la llamada de Abraham; la Era del Hijo, desde Abraham hasta Pentecostés; la Era del Espíritu Santo, desde Pentecostés hasta el final de los tiempos. Sea como sea, lo que es cierto es que Pentecostés marcó de hecho una nueva etapa en la Obra de Cristo. Desde allí comenzó la expansión de la Iglesia…

[3] Durante su vida terrena, Jesús, el Ungido y portador del Espíritu, prometió que comunicaría ese mismo Espíritu a los que creyeran en él: «El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús, puesto en pie, gritó: “Si alguno tiene sed de mí, venga a mí y beba el que crea en mí; como dice la Escritura, de su seno correrán ríos de agua viva”. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él» (Jn 7,37-39 a). «Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,25-26). «Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré junto al Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio» (Jn 15,26-27). «Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga... Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho: Recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros» (Jn 16,12-15).

[4] Hech 1, 4

[5] Lucas 17: 20-25

[6] Ro 5, 5

[7] Gálatas 5:22

[8] 1 Co 13

[9] Hechos de los Apóstoles 2:1-11

[10] La Teología enseña que entre las Personas hay relaciones, precisamente, de oposición.

[11] 1Jn 4:16

[12] 1 Co 5,10

[13] Jn 16,13

[14] Ga 5, 13

[15] Jn 7, 37-39

[16] 1 Co. 12, 7-11

[17] Ez 11