Mi apreciado compañero de página de opinión, José Guerra Castillo, hizo algunas observaciones erradas en su columna de Expreso del día lunes 25 de mayo, al comentar el uso, como almacenes comerciales, del antiguo edificio de La Previsora Banco Nacional de Crédito.

Nadie resta a don Abel Romeo Castillo y a don Bettino Berrini el mérito de ser quienes concibieron la idea de fundar la Caja de Ahorros La Previsora, proyecto que iniciaron en 1917 y que se concretó en 1919 al constituirse la Sociedad Anónima La Previsora, con tres mil acciones suscritas entre 225 accionistas. Fueron don Abel Romeo y don Bettino quienes propusieron a la asamblea de accionistas el nombre del que sería el gerente fundador de la Caja de Ahorros, Víctor Emilio Estrada Sciacaluga, por entonces un joven de apenas 28 años, pero que ya era reconocido como una autoridad en materia económica. Fue electo como Gerente el día 23 de enero de 1920, por 229 de los 231 votos presentes, lo que nos indica que había aumentado el número de accionistas. Don Víctor jamás fue accionista.

El 3 de mayo de ese mismo año empezó a funcionar la Sociedad en su primer local, alquilado a don Rafael Guerrero, en la esquina sur-este de las calles Pedro Carbo y Francisco de P. Icaza. El directorio lo presidía entonces el Dr. Carlos Carbo Viteri. Don Abel Romeo y don Bettino eran directores.

Al final del primer quinquenio, el éxito de la “Caja de Ahorros” era tal que ya pudo ambicionarse la construcción de su propio edificio. Al terminar el segundo quinquenio, el edificio de la esquina de Panamá y 9 de Octubre ya estaba en operación y para 1936 se inauguró la ampliación hacia Malecón y Francisco de P. Icaza. Si bien los directores tuvieron una influencia decisiva en la selección de los arquitectos y constructores, era la responsabilidad del Gerente la ejecución de las obras y por ello es cierto que don Víctor Emilio Estrada fue el responsable de la construcción. Los directores mantenían su lugar. Es más, don Víctor viajó a los EE. UU. y compró a uno de los bancos cerrados por la Depresión, las hermosas rejas de las ventanillas, puertas de las cajas de seguridad, otras rejas y algunos otros materiales de acero inoxidable que permanecieron en el edificio hasta que cambió su uso. También se preocupó porque los sistemas y procedimientos bancarios aplicados fueran de tecnología de punta.

Don Víctor Emilio permaneció como amigo íntimo de don Abel Romeo y don Bettino hasta que la muerte los fue separando, de tal forma que los méritos por el éxito del Banco son compartidos.

Ahora bien, reclama don José Guerra Castillo porque a don Víctor Emilio le pusieron su nombre a una avenida y a don Abel Romeo sólo su nombre incompleto a una “callecita”. A esto solo se puede decir que cada uno forjó su destino y la memoria y gratitud de la ciudad, que se ha manifestado de forma diversa. Para concluir, el busto de don Abel Romeo en el banco era de bronce, no de mármol blanco…