En las últimas semanas hemos ido siguiendo la polémica entre el Ministerio de Educación y el gremio de maestros en cuanto a la evaluación que se pretende hacer para conocer el estado de conocimientos de los profesores y al mismo tiempo determinar el grado de capacitación que requieren para que cumplan su labor como deben.

Como era de esperar, por la realidad educativa de una gran mayoría de esos maestros, se han opuesto a la realización de la evaluación.

Y es que la triste realidad es que la mayoría de ellos son tan ignorantes que no estarían en capacidad de pasar pruebas que se aplican a estudiantes de enseñanza primaria.

El deterioro del campo educativo ha venido evolucionando negativamente desde hace muchos años, gracias al mayor gremio del magisterio nacional. Comenzó con dirigentes políticos que eran ignorantes en la materia educativa, pero que alcanzaron puestos de profesores por razones ajenas a la vocación. Por supuesto, esos líderes presionaron para que todos sus afiliados tengan el privilegio de ser tan ignorantes como lo eran ellos en materia educativa y gracias a gobiernos complacientes lo consiguieron. El resultado lo vemos ahora, con maestros que se niegan a tomar pruebas de capacidad porque saben que no las podrán superar.

¿Pero, qué ha pasado entre tanto? Han salido a enfrentar el mundo algunas generaciones de estudiantes con graves deficiencias educativas, no solo a nivel de bachillerato, sino a nivel universitario… y aún a nivel legislativo. Vivimos la vergüenza de lidiar con abogados que no son capaces de escribir una oración coherente y sus escritos están salpicados por doquier con faltas de ortografía y gramática. Ya vimos resultados patentes y lamentables en la elaboración de la nueva Constitución de la República.

Durante algunas décadas demasiados profesores ecuatorianos han estado enseñando a sus alumnos a ser ignorantes funcionales. Lo han logrado con mucho éxito y por ello estamos condenados como país a mantenernos a la cola del desarrollo, pues está demostrado que los países que se han superado lo han logrado gracias a los avances en el campo de la educación, especialmente la técnica.

Pero nuestro problema es mayor, pues no solo somos ignorantes en tecnología, sino que cada vez se deteriora el estado de convivencia interna porque se eliminó tres materias elementales de valores que eran políticamente inconvenientes: Urbanidad, moral y cívica. Siguiendo el plan del socialismo soviético y chino, había que destruir los valores de la sociedad para reemplazarlos por los socialistas que tienden a convertir al ser humano en ente sometido al Estado todopoderoso. Por ello, apoyamos el empeño del Gobierno de mejorar la calidad del sistema educativo, pero deben también restablecer los valores elementales del ser humano libre dentro de la estructura social.