Personas contrarias a lo que escribo manifiestan su inconformidad diciendo que soy un insultador de Correa.

Normalmente soy una persona positiva y optimista. Ni siquiera digo malas palabras frente a las mujeres y no soy conocido como belicoso.

Ofrendaría mi vida por lo que creo y pienso que el patrimonio más valioso del ser humano está en su honra.

Hago este preámbulo por que quisiera ver a cualquiera de las personas que tan ciegamente defienden las patanadas de Correa, como a la hora de ser atacados por cualquiera, ojala pudieran responder con tanta mesura y reflexión como la que exigen.

Existen circunstancias donde las reacciones dependen de los valores intrínsecos que la persona tenga.

El universo entero responde a la ley de causa/efecto.

Se responde de acuerdo a las circunstancias.

Me imagino a un lector de los que me critica, llegando a su casa y al abrir el cuarto de su hija encontrarse con un criminal apuntándola con un arma y a punto de violarla. No creo que este individuo reaccione diciéndole al violador: Sr. Criminal; le ruego que baje el arma y por favor no trate de violar a mi hija.

¡Imposible!

Estoy seguro que don criticón, cogería una pistola o cualquier cosa que tuviere a la mano, para atacar al delincuente y salvarla.

Se ha hablado mucho sobre las patanerías de Correa. Especialmente de su obsesiva actitud ofensiva contra toda mujer que se le cruza en su camino.

Para los resentidos del socialismo del siglo XXI, este maltrato constituye una gracia excelsa de quien valiéndose de la excesiva cobertura que le dan los medios, calumnia, insulta y minimiza despreciativamente a todo el que le da la gana.

Desde la época que estaba en el colegio, a los maltratadores de mujeres se les decía maricas.

Y no hablo de la connotación sexual del término; sino de la acepción inferida al cobarde que ofende a una dama abusando de su superioridad física, económica o poder para lograrlo.

Mis detractores nunca se han puesto a pensar en el daño familiar que estas patanadas causan en la mujer aludida. Peor en la indignación y la impotencia de su familia al no poder hacer nada, ni responder en la misma forma al agresor de la atacada.

A una Guayaquileña le dijo vieja pelucona.

Me imagino las iras y sobretodo la indignación que este vejamen causó en la familia de tan digna dama.

Es como si yo le dijera vieja acomplejada a la madre de quién por su resentimiento social no está de acuerdo con lo que escribo.

Sin embargo, para los lacayos que festejan las gracias de Correa, el insulto solo fue una genialidad más de quien todo lo que dice es gracioso y servilmente los obliga a arrodillarse mientras le agachan la cabeza para reír cual idiotas con su broma.

Les pongo un ejemplo personal: en la cadena numero 67, a mí me dijo perro y violador. ¿Ustedes se han puesto a pensar como se sintieron mis hijas, mi mujer, mis nietos, mi madre o mis hermanas?

¿Se les ha ocurrido siquiera medir el alcance de las afirmaciones de este deslenguado calumniador?

¡Por supuesto que jamás he violado a nadie!

¡La única violación que he cometido en mi vida es a la promesa de no volver a tomar un trago al día siguiente de un chuchaqui!

¿Imagínense la perversidad de un presidente que en ves de estar resolviendo los graves problemas nacionales, dedica buena parte de su tiempo para insultar a ciudadanos comunes en las cadenas nacionales?

Yo no sé cual es la moral ni los valores de quienes lo defienden. Peor aún su intolerancia para agredir a sus mujeres.

Lo que se, es que yo no le permito ni al papa, rey, dictador o lo que sea; una calumnia.

¿Qué respeto piden que se le tenga, si el insultador no respeta a nadie?

¿De que majestuosidad de su cargo hablan, sin con sus pataneadas quien ofende nos obliga a irrespetar?

No le temo al deshonrador y peor lo voy a respetar.

Siempre le responderé como causa / efecto; de la manera que deba.

El otro día salió en diario el universo un artículo titulado: ¿No hay varones en el Ecuador?

El mismo fue escrito por la Sra. María Moreira Menoscal y dice textualmente en varias partes: Nos reunimos entre amigas, todas mayores de 65 años y siempre terminamos conversando del último escándalo de Correa.

Nos irrita y descompone tanta grosería, patanería y agresividad; sentimos incluso que nos ha afectado en lo personal.

Todos los sábados ofende a alguien no solo utilizando palabras vulgares, sino que no respeta la honra de nadie; ataca a familias enteras, a barrios completos, movimientos, se refiere en términos inapropiados a ex presidentes, obispos, y en general a figuras respetables del país.

Con que rabia hemos visto la descortesía, menosprecio, y hasta el maltrato con el que Correa se refiere a las mujeres.

En fin, siempre concluimos la conversación lamentando: ¿Dónde están los hombres en este país? ¿Es que no hay nadie que enfrente como varón a este hombre y le enseñe a respetar a las mujeres y a las personas en general?

Yo por mi parte, no le permito ofensa alguna a quién maltrata a una mujer.

Creo en la respuesta de la causa/efecto.

A los señores se los trata como señores…

A los intelectuales como intelectuales…

¡Y a los patanes como patanes!