En días pasados el Sr. Juan Paz y Miño, historiador quiteño, Secretario del Comité Pro-festejos del Bicentenario del 10 de agosto, procedió a criticar de manera dura y apresurada la obra titulada “LA HISTORIA DE GUAYAQUIL”, escrita por nosotros hace más de cuatro años, publicada, en aquel entonces, como “El libro de Guayaquil” y reeditada, de manera comprimida, con el título “La Historia de Guayaquil”, para ser entregada de manera gratuita por el Municipio de la ciudad.

La obra en mención, que ha puesto finalmente en valor la historia de Guayaquil y de su región de enclave, fue escrita basándose en una profusa documentación bibliográfica que parece no conocer el Sr. Paz y Miño, quien apresuradamente, ha manifestado su desacuerdo con lo que se dice en la obra, particularmente en lo que se refiere a la riqueza que nuestra región poseía hace 10000 años y gracias a la cual los grupos nómadas que llegaron a ella procedieron a sedentizarse. El Sr. Paz y Miño debe saber más que Karen Stothert, reconocida arqueóloga norteamericana descubridora de los amantes de Sumpa y de la protocultura “Las Vegas” o debe estar más enterado que el arqueólogo Román Piña Chan, máxima figura de la arqueología mexicana, que responsabiliza a las culturas nacidas en la antigua región de Guayaquil (que así era llamada esta región en tiempos prehispánicos y coloniales) de ser las antecesoras de la cultura Olmeca, misma que dio origen a todas las civilizaciones de meso América.

El Sr. Paz y Miño con toda seguridad sabrá, más que el máximo arqueólogo peruano Roberto Hoffman, curador de la colección arqueológica del Banco Wiesse, quien ha venido sosteniendo por algunas décadas que “LA CULTURA CHIMU TANTO COMO LA CHAVIN DE HUANTAR DEBEN UNA IMPORTANTE PARTE DE SU DESARROLLO A LA CULTURA CONOCIDA COMO CHORRERA NACIDA EN EL LITORAL DE LA HERMANA REPÚBLICA DEL ECUADOR” (debemos recordar que Chorrera es el punto de desarrollo máximo de la cultura Valdivia).

Para creer lo que el Sr. Paz dice tendremos que obligadamente desechar todo lo que estos sabios sostienen. Ahora bien, el Sr. Paz no se queda contento con rebatir datos irrebatibles sino que, además, procede a tildar de “exagerada” la información contenida en todos los capítulos del libro sin presentar documentos que respalden sus aseveraciones; por ejemplo:

Tilda de tergiversación la aseveración hecha por nosotros, cuando decimos que la ciudad de Santiago de Quito no es otra que la misma Santiago que traslada Benálcazar a la costa ecuatoriana, y que será llamada años después Santiago de Guayaquil.

El señor Paz no està de acuerdo con esto sin recordar que este es un dato aceptado por los historiadores desde hace décadas, fruto de las investigaciones realizadas, primero por Miguel Aspiazu Carbo y años después por la doctora Dora León de Adam Zsazsdi, quien casualmente será incorporada como miembro de la Academia de Historia, con sede en Quito con un discurso que versará sobre un fragmento de sus investigaciones acerca de este mismo tema.

Le molesta, al señor Paz que los astilleros de Guayaquil hayan sido considerados en el siglo XVI y XVII los más importantes de la corona española en la Costa del Pacífico; pero más le molesta aceptar que esa fuente de ingresos fue la más importante que tuvo la Audiencia de Quito (durante más de 150 años) no así las mitas y los obrajes, fuente terrible de explotación que se mantuvo por igual tiempo en el altiplano.

Sugerimos al señor Paz, lea la obra de los historiadores norteamericanos Michael Hamerly (Historia social y económica de la provincia de Guayaquil) y Lawrence Clayton (quien escribe la obra “Los astilleros de Guayaquil”), quienes en sus respectivas investigaciones y escritos dejaron en claro, años atrás, la verdad establecida en nuestro trabajo.

Aunque el señor Paz no quiera reconocerlo, el 9 de Octubre de 1820 fue la fecha en que por primera vez un territorio de la Audiencia quedó libre de manera real y efectiva, siendo el primer objetivo de los patriotas guayaquileños, independizar del mismo modo a la ciudad de Quito. Es inconcebible que no conozca este aspecto de la historia del Ecuador, pues sobre este tema y con el mismo sentido han hablado documentadamente historiadores de la talla de Camilo Destruge (Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora), Roberto Andrade (Historia del Ecuador, 7 tomos, primera edición), Julio Estrada Ycaza (La lucha de Guayaquil por el Estado de Quito) y otros no menos importantes, que por la cantidad no cabe mencionarlos ya que faltaría espacio para continuar con la lista. Y que además ignore las opiniones negativas que en su momento vertiera Bolívar sobre Guayaquil y Quito, datos que están consignados en los tres voluminosos tomos de “Obras Completas de Simón Bolívar”, publicadas en La Habana, Cuba en 1958 en las que puede apreciarse los terribles apelativos que vierte el Libertador, primero acerca de los guayaquileños y segundo de los quiteños (este segundo caso es cuando no encuentran ninguna ayuda en Quito para conformar los ejércitos que librarían las Batallas de Junín y Ayacucho, en las páginas 686 y 864 del volumen 1).

Es verdad lo que expresa, al decir que en Pichincha peleó un ejército multinacional (a más de cientos de soldados guayaquileños) pero lo que omite es que los recursos económicos así como las vituallas fueron pagadas por el gobierno de Guayaquil, no sé porqué omite este hecho; ¿será porque le cuesta trabajo aceptar la proverbial e histórica generosidad guayaquileña?.

Cuando en la obra se habla de la época republicana y se hace referencia a la Junta de Beneficencia y el daño que se ha intentado, hacerle a través de la historia, el señor Paz se extraña de lo dicho y se pregunta ¿Si se está hablando en serio?; se nota que el señor Paz no está al tanto de las cosas que han sucedido en una ciudad que no es la de él y es obvio, además que no ha leído ninguna de las obras que se han escrito sobre la Junta de Beneficencia en la ciudad de Guayaquil. Le recomiendo leer las obras sobre “Historia de la Economía Ecuatoriana” escritas por Guillermo Arosemena Arosemena, pues esto le permitirá tener una visión más amplia sobre el tema del centralismo de tal modo que a futuro, cuando escuche esto no le parezca que quien lo dice ESTÁ HABLANDO EN BROMA.

En párrafo seguido el Sr. Paz y Miño anota algunos de los eventos suscitados en Guayaquil como la elección de su primera reina y la aparición dentro del espectro de la intelectualidad guayaquileña, de los historiadores Chávez Franco, Campos, Pino Roca y Destruge a más de otros datos suscitados a inicios del siglo XX, con el fin de comparar cuantitativamente la cantidad de páginas que se destinaron a estos eventos versus la cantidad de páginas que se destinó a la transformación que la ciudad ha experimentado en todos los órdenes dentro de las administraciones de Febres-Cordero y Nebot.

¿Esto es lo que le molesta?; ¿Le molesta a él que se le haya destinado un cuarto de libro a destacar el resurgimiento de la ciudad de Guayaquil?, esto es verdaderamente un problema que él tiene con esta ciudad, un problema que a todas luces tiene tintes políticos. La cantidad de páginas que queramos destinar a cada capítulo depende de la trascendencia que el hecho histórico tiene y para nosotros no existe en el siglo XX algo más trascendente que esta revolución del bienestar, de la paz y del trabajo que han liderado Febres-Cordero y Nebot en los últimos 16 años.

¿Será que el señor Paz y Miño obedece órdenes de los movimientos que se han tomado el país a nombre del “socialismo del siglo XXI” y a quienes les afecta sobremanera que esta ciudad haya salido adelante sóla y gracias al esfuerzo de líderes de otra ideología?

Si es así, el señor Paz tiene un verdadero problema porque le será imposible evitar que la historia juzgue a los hombres por el legado que estos dejan.

El Sr. Paz y Miño titula como SEGUNDO PUNTO, otro conjunto de aseveraciones que lo único que demuestran es su desconocimiento sobre la documentación y la bibliografía en la que nos basamos para escribir la obra. En esta sección, se extraña de la aseveración que hacemos sobre el 10 de agosto, sin conocer que muchos escritores quiteños que en su momento escribieron sobre el 10 de Agosto también sostuvieron lo mismo, si no que lea la obra del historiador, De la Torre Reyes para que se entere, de primera mano, de datos que ponen en su lugar al movimiento quiteño que eliminó al representante de Bonaparte para poner en el poder al representante de Fernando VII, no hablándose, en ningún momento de Independencia de España. No sabemos qué es lo que le incomoda ya que siendo la obra escrita por nosotros sobre la historia guayaquileña, no cabe profundizar en la Revolución de Quito.

Pero cuando realmente pasa a mayores es cuando da a entender que nuestra obra es una historia manipulada (no sabemos con qué fin) y que eso es no tener un mínimo de “conciencia patria”. (¿?)

¿Qué pretende Paz y Miño?, ¿Qué pasiones esconde?, ¿A qué consignas obedece?, ¿Por qué intenta menospreciar la verdadera historia guayaquileña cuando en esta se le da el protagonismo a quien realmente lo tiene?, ¿Será que el señor Paz y Miño es un historiador “eminente” pero que solo conoce aquello que le interesa conocer; que no lee las investigaciones y profundos estudios de los historiadores que han escudriñado el pasado guayaquileño pero que no son nacidos en Quito?

Juan Paz y Miño estaría seriamente cuestionado si aún viviera el ilustre Federico González Suárez, para quien la verdad histórica debía ser dada a conocer, DOLIESE A QUIEN LE DOLIESE. Llega Paz y Miño a niveles tan parciales en su análisis que no se da cuenta que el libro criticado por él es de Historia guayaquileña; que no existe autor quiteño que haya mencionado jamás a Olmedo en las cortes de Cádiz, aún cuando su discurso sobre la supresión de las mitas fuera tan brillante que le valió un lugar en la historia de las cortes, pero exige, ESO SÍ, que los autores del libro sobre historia guayaquileña incluyan a José Mejía Lequerica quien teniendo todos los méritos necesarios y a quien con justicia se lo comparó con el Mirabeau americano, nunca ha sido omitido de los libros de historia, cosa que no ha sucedido con nuestro coterráneo.

Parece que el tema de la independencia y aceptar que el 9 de Octubre es la verdadera fecha de la que arranca el proceso emancipador de la antigua audiencia, también lo afecta ya que destina 3 largos párrafos a este asunto donde haciendo gala de desconocimiento cuestiona la creación de la “división protectora de Quito” como si este no fuera un hecho comprobado y aceptado, extrañándose, de paso, con la aseveración de que no hubo quiteños dentro del ejército libertador (este es un hecho comprobado y comprobable), si no, que investigue en la información manuscrita que posee el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, para que se entere acerca del heróico patriotismo de los guayaquileños, y del sacrificio en vidas y recursos que hicieron para dar la libertad a Quito el 24 de Mayo de 1822.

Seguramente le extraña de que la principal bandera que flameó en las faldas del Pichincha fuera la “bandera albiceleste”, sin preguntarse, en ningún momento, cómo Abdón Calderón, integrante del Batallón Yaguachi (bautizado luego como Batallón Vargas) podía tener en sus manos la bandera de Colombia cuando su batallón era el que representaba el ejército guayaquileño. Sugerimos al señor Paz la lectura de la obra ganadora del primer concurso de biografía sobre Abdón Calderón convocado en 1988 y cuyo ganador fuera el Comandante en servicio pasivo señor Mariano Sánchez Bravo, Director de la Academia Nacional de Historia Marítima; porque muy probablemente la lectura de este libro le hará reparar en la cantidad de datos que desconoce.

Es lógico que a este señor le parezca, la obra escrita por nosotros, una historia FANTÁSTICA y decimos que es lógico porque al medir el nivel de ignorancia que Paz ha tenido sobre la historia de esta ciudad, no debe menos que sorprenderle lo épico y extraordinario que es el legado de nuestros antepasados.

Desconoce totalmente el verdadero carácter de Bolívar, quien siendo indiscutiblemente un genio militar, quiso imponer un régimen totalitario a la América “liberada” porque pensó que esa era la solución para los países que había independizado, se nota que Paz y Miño no conoce el contenido de la Constitución Boliviana dictada por él, ni las ideas que Bolívar tenía sobre la necesidad de que fuera vitalicio y hereditario su cargo.

El doctor desconoce además, que la Provincia Libre de Guayaquil fue un estado independiente por más de 20 meses y que fue anexado “manumilitari” a la Nueva Granada… qué poco sabe de este tema Paz y Miño, le sugerimos leer una separata de la Revista de América en la que David J. Cubitt, historiador de la Universidad de Edimburgo da a conocer, con sobra de detalles, una investigación realizada en los archivos europeos y publicada bajo el título “La República de Guayaquil”, con el fin de aclarar muchos puntos oscuros existentes en el proceso de anexión a la Gran Colombia de toda la Costa de la antigua Audiencia de Quito con excepción de la actual provincia de Esmeraldas (territorio que conformaba la antigua provincia de Guayaquil).

Sugerimos además que lea el trabajo de Camilo Destruge sobre la participación guayaquileña en las Batallas de Junín y Ayacucho, así como la publicación, en tres tomos, de Tobar, que el Banco Central hiciera en la década de los 80 y en la que con similar tema se da a conocer la participación del “Sur de Colombia” en las Batallas que cerraron el proceso emancipador de América.

¿Por qué le molesta a Paz que nosotros sostengamos que los Libertadores de América fueron Bolívar, San Martín y Guayaquil? ¿Será que Paz no sabe que Bolívar recomienda al Congreso de Perú la entrega de un reconocimiento a la ciudad de Olmedo en agradecimiento por todos los sacrificios que ésta realizó para ver cristalizada la Independencia de sus hermanos peruanos y por lo cual, el primer Escudo del Perú incluyó nuestra Bandera en sus alegorías?. Debemos decirle a este señor que los guayaquileños nos sentimos orgullosos de nuestro pasado histórico y de que existiendo como existe una profusa bibliografía y abundante información que avalan y respaldan nuestras aseveraciones, no podemos menos que sugerirle recurra a la bibliografía consignada en los cuatro tomos de la obra “El libro de Guayaquil”, escrita también por nosotros y publicada hace más de cuatro años cosechando el aplauso de historiadores de todo el país, y conteniendo en sus páginas la misma información que hoy trae de manera comprimida el Libro de Historia de nuestra ciudad.

La historia es la ciencia social con mayor versatilidad de cuantas ciencias sociales existe, porque siendo como es, una ciencia basada en información documental, es susceptible de nuevos enfoques a medida que se van descubriendo una mayor y más amplia información sobre el hecho histórico investigado, así lo dice el historiador Oscar Efrén Reyes y lo ha demostrado de igual manera el insigne historiador Luis Andrade Reimers quien con su obra “Hacia una verdadera historia de Atahualpa”, nos demostró el enorme cambio de esta ciencia y como, lo que ayer era considerado una verdad inmutable, hoy no pasa de ser un mito de carácter infantil.

¿Esto es lo que quiere el Sr. Paz y Miño? ¿Desea que se mantengan los mitos?, o ¿Quiere, como nos lo exigió González Suárez, que la verdad histórica salga a relucir encima de cualquier otra consideración?.

Nuestra obra no sólo actualiza y pone en valor la historia guayaquileña sino que además le da el mérito a una pleyade de historiadores quiteños que en los últimos 50 años han ido aportando con nuevas y mejores investigaciones al esclarecimiento de muchos puntos oscuros que aún contenía la historia patria.

Qué poco conoce Paz sobre la Revolución Marcista; qué poco sabe sobre el sacrificio de Guayaquil para salvar la República, le sugerimos que visite más el Archivo Nacional de Historia y revise los documentos que van de 1843 a 1846 o si le cuesta mucho trabajo recurrir a las fuentes originales, que lea el tomo 8 de la Historia Marítima del Ecuador de la autoría del historiador Eduardo Estrada Guzmán, publicado por la Academia Nacional de Historia Marítima, en donde sí se aborda a profundidad el tema de la Revolución Marcista, dándonos la razón en cada una de las afirmaciones hechas en nuestro libro.

Podríamos seguir rebatiendo con profusa bibliografía y documentación a lo que Paz titula como punto “SEGUNDO” pero consideramos que realmente es perder el tiempo, porque es obvio que su crítica tiene un tinte eminentemente regionalista y político y lo único que intenta es hacer daño gratuitamente a los autores y a la ciudad de Guayaquil.

Prueba de ello es el punto “TERCERO” de su análisis, en el que dice: “En esta historia el pueblo ha desaparecido”; el “historiador” hace aquí un análisis de los actores sociales “omitidos por los autores” LLEGANDO AL ABSURDO DE DECIR QUE EN ESTA HISTORIA “NO APARECEN INDIOS”, ¿Pero de qué indios habla Paz y Miño?, hábleme de montubios y cholos, que en todo momento estuvieron integrados a la sociedad guayaquileña y que fueron siempre parte indivisible de su historia siendo ellos quienes con su esfuerzo escribieron páginas de oro de nuestra región; lea bien lo que se dice en todos los capítulos del libro y no omita nada porque en esta región no hubo Huasipungos ni indios esclavizados porque Guayaquil se distingue por el amor a la libertad y por ser un marcista quien declara la manumisión de los esclavos. ¿De qué indios nos habla Paz y Miño?, es que no se ha dado cuenta de que la historia que critica es una historia donde no hay indios?, de que esta era una región donde el cholo y el montubio eran parte de la sociedad y trabajaban conjuntamente con el blanco.

¿Cree Paz y Miño que al hablar de esclavos negros en Guayaquil estigmatiza nuestra sociedad?, ¿qué es lo que pretende al hacer pensar a quien lo lea que la esclavitud sólo se daba en Guayaquil y qué las fichas con que se pagaba en las haciendas sólo circulaban en la Costa ecuatoriana?

¡¡¡Basta ya, “Doctor”, basta de atacar a Guayaquil y a quienes escriben la verdadera historia de la Patria!!!, ¿Que si en Guayaquil hubo esclavos los hubo también en Quito y en todo el mundo?, ¿Que si en las haciendas de la costa le pagaban a los montubios con fichas, en las de la sierra ni eso les daban y a los indios los mataban los huasipungueros.

¡¡¡Basta ya, Juan Paz y Miño que su proyecto de socialismo del siglo XXI sólo podrá caber en la mente de los poco ilustrados y de aquellos, que no conociendo la verdadera historia de la patria son permeables a la falacia, a la mentira y al alineamiento ideológico, utilizado siempre como herramienta por aquellos a quienes la verdad no les conviene que sea difundida.

Su versión sobre eventos como la revolución Juliana debe ser complementada por estudios hechos por los historiadores guayaquileños como Guillermo Arosemena Arosemena y Julio Estrada Ycaza (Los Bancos del siglo XIX), deje ya de pensar que la única historia que vale es la escrita en Quito y por los quiteños, recuerde que al final de cuentas aquel que quiera saber la verdad recurrirá a las fuentes primarias que son los documentos, y descubrirá “QUIÉN DICE LA VERDAD Y QUIÉN REALMENTE MIENTE”.

Hemos querido hacerle esta aclaración con el fin de presentarle una luz en ese camino de oscuridad que usted se halla recorriendo, de tal modo de que no siga cayendo en la innumerable cantidad de baches y errores en los que ha caído. Hemos querido entregarle una bibliografía básica para que luego de su estudio se entere de lo mucho que ignora y pueda con serenidad, ecuanimidad, equilibrio mental y psicológico, admitir que desde que inició su crítica al libro en el que se hayan consignados los logros de nuestros mayores, se equivocó por ignorancia.

Atentamente,

Arq. Melvin Hoyos Galarza

Sr. Efrén Avilés Pino