El jueves santo – durante la última cena, el Señor les dijo a los apóstoles: “En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me traicionará.” Dice San Juan en el capítulo XIII de su evangelio, que al oír esto los apóstoles horrorizados se miraban unos a otros tratando de entender quién sería el traidor...

Jesús mojó pan y dijo: “Es aquel a quién yo daré pan mojado”.  Y se lo dio a Judas Iscariote. Judas tomó el bocado y Satanás se apoderó de él.  

Judas, en casa de Caifás, ya se había comprometido a entregar a Jesús a los soldados por un pago de treinta monedas de plata... 

Luego de la cena, en el bosque de Getsemaní, Judas identificó a Jesucristo con un beso y Jesús le dijo: ¡Oh, Judas! ¿Con un beso entregas al hijo del hombre?... 

Más tarde Judas quiso devolver la coima, pero los sacerdotes la rechazaron,  judas les tiró las treinta moneas a los piés y poseído por Satanás se ahorcó.

Durante la semana santa que acaba de pasar, le he dedicado algo de tiempo a la lectura de este acontecimiento que marcó un hito en la historia de la humanidad, y dos cosas me han impresionado enormemente

La bondad de Jesús - que aparte de cualquier creencia religiosa - debió haber sido un hombre extraordinario, porque después de más de dos mil años,  el mundo entero sigue hablando de él, lo recuerda y lo venera con infinito amor, y...  

La asquerosa traición de Judas, apóstol de Jesucristo, quién según el evangelio, vendió su alma al diablo cuando vendió al hijo de Dios por treinta monedas de plata

Para Judas, su angurria, y las treinta monedas pesaron más que su alma o la decencia... La traición fue más atractiva que la lealtad. Y se dejó comprar por un puñado de dólares más.  ¡Bajo fue el precio que el demonio pagó por el alma de Judas Iscariote!... 

A la luz de todo lo expuesto, me he quedado pensando...

¿Será que soy el único en notar la similitud entre la actitud de Judas y la de un pueblo que por treinta dólares al mes, vende su voto y su alma al diablo?