Opinión

“Las Beatrices”

Con música ecuatoriana que, como todas las nacionales del mundo, representan el espejo de la Patria.

Asiduos asistentes-mi hombre y yo-de los conciertos de Beatriz Parra, nunca dejamos de hacerlo en sus trascendentes presentaciones, desde hace algunos décadas, cuando jovencita, de uno de sus regresos de Moscú, la oímos por primera vez, en el Teatro de la Casa de la Cultura de Guayaquil.

¡Que voz! ¡Qué expresión! No en vano venía laureada, recorriendo los grandes escenarios de Europa.

De ahí para adelante, en ninguna parte del mundo encontré alguien que me satisfaciera ciento por ciento a lo que yo decía irónicamente mi desgracia es conocer la voz de Beatriz Parra (…)-

Al tiempo, que me sentía privilegiada de ser su “fraterna” en la Agrupación “Cultura y Fraternidad”, que reúne a gente de las artes y las letras, donde hemos compartido su voz en actos públicos y privados porque algo singular en ella; no es mezquina ni egoísta.

Y esta “virtuosa del canto lírico-clásico- orgullo del Ecuador, no se quedó solo en los escenarios, sino que trabajó por difundir y crear voces para que viva la ópera en el País; -Ha hecho tanto y sigue haciendo como propulsara de la lírica.

Luego entró a los escenarios ecuatorianos “Beatricita” o “la peluza” como la llama su madre y quienes tenemos contacto con ella (también nuestra fraterna), venida de Moscú, igual que su progenitora, pero en otra generación

Voz de soprano –del mismo género que el de su madre, – pero de una característica singular recia, y extraordinariamente sentida; con canciones de América, contemporáneas, a veces folclóricas y románticas, que en su voz alcanza un rango extraordinario. Cuando la oímos por primera vez en el “Teatro León Febres Cordero” de la Sociedad Femenina de Cultura dije de ella –Esta es la voz de América- y con ella nuestras canciones; cuántas veces me exalté; como aquella tarde en El “Oro Verde” con la poética de Cazón Vera hecha canciones en su garganta.

Hasta ahora, la noche del martes de Febrero, en que se juntaron madre e hija llamándose “Las Beatrices” en un concierto de música ecuatoriana en el teatro del MAAC, cuya presentación la hizo esa mujer –poesía, Rosa Amelia Alvarado Presidenta de la Casa de la Cultura que, con sus palabras, dejó en el escenario una estela de luz digna de las divas. “Las Beatrices”, eran dos en una y una y una en el hermoso programa; madre e hija-con diferencia en la tesitura, pero iguales en su calidad artística. Lo importante es que no nos lloraron nuestras canciones, pero sí nos las hicieron sentir hondamente hasta la sublimidad. A nosotros, por ejemplo, a quienes todo lo que sabe a río y quebrada, nos une hasta la muerte, hizo que nos buscáramos las manos queridas. ¡Beatricita! Lloré a sollozo con “Atajitos de caña” y en “Romance de mi destino” retrotraje a nuestro fraterno Abel Romero Castillo y las veces que en su “destino marinero” agito su pañuelo de despedida… ¡Qué noche “Beatrices”! ¡qué noche!

El concierto fue la presentación de un CD que lo oiremos en algún momento en nuestros aparatos electrónicos y será el recuerdo indeleble del magnifico concierto que ustedes-Beatriz y Beatricita mujeres de 2 generaciones, brindaron a Guayaquil acompañadas por un fondo musical de cuerdas, también extraordinario, digno de ustedes.

Justo en el siglo XXI, cuando vivimos un mundo para todas las edades y de rubricación de nuestra identidad cultural, esta vez con música ecuatoriana que, como todas las nacionales del mundo, representan el espejo de la Patria.

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