Las cifras del cierre de urnas en el referéndum daban un 54% a Chávez y un 45% al NO. Eso, en sentido estricto y lectura simple es una victoria electoral, pero en lectura política global, es una derrota.

La oposición en Venezuela apenas levanta cabeza desde hace unos pocos años, no representa una tendencia unificada y menos aún aglutinada por partidos políticos representativos o ideologías.

Digamos que en esta pelea, frente a la década de chavismo, la oposición aparece como un lactante frente a un pre-adolescente, y sin embargo, ha obtenido casi la mitad del electorado. No se puede negar que un poco más de la mitad de los venezolanos, por el momento, quieren Chávez para toda la vida, pero es muy claro que casi la mitad de éstos ya no quieren saber nada de Chávez. Si tomamos en cuenta que en las diferentes elecciones presidenciales o referéndums, Chávez siguió una ruta ascendente en sus porcentajes (1998: 56.5%, 2000: 59.76%, 2004: 59.06%) hasta llegar al apoteósico 62.84% de las elecciones del 2006. Frente a esa curva ascendente, el 54% obtenido actualmente, aún cuando gane las elecciones, representa algo así como una bajada de montaña rusa.

No solo que no alcanza los niveles anteriores, ni siquiera el de su punto de partida en1998, sino que - y esto es la más importante - se invierte totalmente la tendencia.

Pero dejemos por un momento las frías cifras y volvamos a la realidad desprovista de calzones. La realidad es que la oposición, al obtener ese 45% demuestra que es mucho más poderosa que la paquidérmica maquinaria chavista, que incluye al estado venezolano entero, a las fuerzas Armadas, a la casi totalidad de los medios de comunicación controlados, a todo el aparato de infiltración y control en barrios, centros educativos, organizaciones de salud, sociales y comunitarias.

Quienes votaron por el NO en estas elecciones, son simplemente quienes están hartos ya del sainete interminable del dictador venezolano, del derroche inagotable de los recursos de ese riquísimo y hermoso país. Pero lo más decidor de todo, es que la oposición venezolana está inspirada y liderada por jóvenes, muchos de ellos que no llegan ni a los 30 años. Si algo hubiera que agradecer al chavismo, sería la incubación - por contraposición - de un liderazgo joven en iniciativas y joven por cronología, que es quien se encuentra al frente de la oposición al chavismo.

Allí se está dando un fenómeno único en América, y tal vez único en el mundo: Toda una generación de políticos que se preparan apasionada, seria y comprometidamente para recibir el país tras el naufragio del chavismo. Ellos saben que es cuestión de tiempo nada más, y poco tiempo. Decía que su preparación es seria porque desde el comienzo han ido más allá de las veleidades izquierdizantes que tanto daño han hecho al mundo, y tanto daño está haciendo en la América Latina de hoy.

Uno de ellos, Gustavo Tobar, hablando de esta generación dice: “Su perfil humanista y liberal, su disposición de hacer política y de alcanzar el poder y su comportamiento disciplinado enmarcado en la lucha no violenta, da al traste con las fórmulas devastadoras que en Venezuela se han practicado desde la insurgencia armada del soldado Hugo Chávez en febrero de 1992 y que la oposición política no había encontrado modo de combatir, e impone sin duda un nuevo estilo: germina un cambio”.

Las fuentes en las que abrevan estos jóvenes dirigentes son las de un humanismo liberal que retrocede hasta el siglo XVIII, que contempla a la tolerancia como el fundamental principio de convivencia social, a la libertad como ambiente imprescindible de la democracia, y la solidaridad espontánea, no impuesta, así como la utilización de procedimientos no-violentos en su lucha.

Chávez, en una Venezuela polarizada, se precipita peligrosa y quizá inexorablemente al crítico 50%. De ahí en adelante solo tiene que perder. El gobierno chavista, al igual que el correista, como populistas, solo populistas, nada más que populistas, se han sostenido únicamente a base de la demagogia espectacular y la racionalidad clientelar nutrida por recursos millonarios, vertebradas por una sórdida versión de "la lucha de clases" marxista, que no es otra cosa que una simple demonización de la alteridad. El solo discurso sin recursos económicos a derrochar, no gana elecciones (las futuras).

Y ese es el punto. Los petrodólares se están acabando. Nada hace suponer que cuando Chávez termine su período actual, puedan nuevamente estar disponibles como antes, para derrocharlos a torrentes por los cuatro costados. La gente empezará cada vez más a pensar en sus necesidades y tendrá menos tiempo y cabeza para encantarse con cuentos y anécdotas inventadas. Entonces vendrá lo bueno. Seguramente ahí, Chávez perderá ese 50% imprescindible. Además ¿cuándo y dónde se ha visto un populismo que se mantenga sin una amplia, amplísima base de respaldo popular y no con apretado 54%?