El heroísmo y la traición son términos emotivos que predisponen sentimentalmente al receptor de un mensaje, pues las acciones que estas expresiones denotan son de una ambigüedad al máximo, tratan de una cuestión excesivamente subjetiva y de una importancia trascendental para la fundación de una sociedad.
La reacción de una comunidad ante la presencia de un traidor determinará su sentido, su identidad. Nos sentimos parte de una comunidad cuando todo aquello que compartimos es valorado, como ciertos mínimos de decencia. Cuando se transgreden estos límites, nos vemos impulsados a rebelarnos: llegar a la situación extrema de disolver el vínculo comunitario.
Un ataque contra nuestros valores nos genera una reacción de rechazo, es por ello que buscamos imponer severos castigos a quien perpetró dicho ataque, como ejemplo para desincentivar futuras traiciones. En la edad media los delitos más graves se consideraban una afrenta contra el monarca (lesa majestad), por ello los cuerpos inertes de los criminales eran expuestos por varios días en la plaza pública, como señal de advertencia.
Me remito a las ideas del maestro argentino Jorge L. Borges, quien, de forma brillante, describió las inconsistencias de los términos calificativos de heroísmo o traición. En su obra “Ficciones” encontramos el cuento “Del Traidor y del Héroe”. El autor sostiene que no hay distinción entre las acciones realizadas por el uno (héroe) y el otro (traidor), no existe una diferencia cualitativa que demuestre la correción de la conducta del héroe y la incorrección de la conducta del traidor, sino que la divergencia de nuestra perspectiva reside en el resultado de la empresa que ambos llevan a cabo. En dicho cuento, Kilpatrick, el personaje principal, líder del movimiento rebelde de Irlanda, ordenó a uno de sus secuaces la búsqueda de un presunto traidor dentro del grupo. James Nolan descubrió que el traidor era el mismo líder rebelde; aquello produjo la elaboración de un plan que hiciera de su condena a muerte un incentivo que sirva como detonante de la revolución. Kilpatrick, para la historia nacional de Irlanda, es un héroe; no obstante, en realidad, como lo descubre tiempo después Ryan, el redactor de la biografía del héroe, fue un traidor.
Como ejemplo ilustrativo, describiré lo que con seguridad hubiera pasado si Bolívar hubiese sido derrotado por el ejército borbónico: no tendríamos monumentos, ni estructuras, ni un país ni una moneda con su apellido, quizás estaría catalogado en los libros de historia como un Judas. Si precisamos en los hechos históricos, fue su victoria y el significado que le damos a su gesta, la que nos ha mantenido con los ojos vendados con respecto a su verdadero pensamiento. Nuestras comunidades latinoamericanas se han venido justificando por la “corrección” del pensamiento bolivariano. Creo que muchos estarán convencidos de la idea de que la existencia de nuestros países libres y democráticos está justificada porque es buena en sí misma y, por lo tanto, nuestros predecesores fueron titulares de un derecho “natural” para constituir su propio Estado. La colina penal en Australia, como un hecho histórico ineludible, puede que cause rubor a muchos australianos. No fue casual el mandato imperial dirigido hacia el poeta Virgilio para que reescriba la historia del nacimiento de Roma.
Los movimientos revolucionarios de masas, en busca de inclusión e integración social, en nuestros días, reivindican su nombre y se hacen llamar bolivarianos, cuando el estudio de sus acciones y la lectura de sus cartas nos hace ver que Bolívar era todo menos un demócrata, ¿no es acaso el censor una figura incompatible con la libertad? Bolívar fue bonapartista, luchó por la erradicación de los privilegios establecidos por la corana española, pero conservó el status de las clases anteriormente privilegiadas, sin darle mayor importancia a la exclusión y marginación de gran parte de la población (nativa y criolla). Bolívar fue un elitista. No obstante, fue su victoria lo que nos hace verlo como héroe.
Un acontecimiento paradigmático que ilustra de mejor manera mi argumentación, fue lo sucedido luego del estallido de la Revolución Francesa. Napoleón Bonaparte, pasó de ser Napoleón I a “El Usurpador”. Luis XVI, soberano absoluto por derecho divino del Reino de Francia, pasó a ser Luis Capeto ciudadano imputable, susceptible de ser juzgado por autoridades humanas de la “Primera” República de Francia.
En contraste con el personaje heroico de Bolívar, tenemos a la figura del Che Guevara, quien tuvo como su principal ideal la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Los hechos demuestran (asesinato en Bolivia) que dio la vida por su ideal. Sin embargo, dentro de la narrativa imperante, la más poderosa por su violencia, que acalló a todas aquellas opuestas, al eliminar el hecho del pluralismo de las sociedades modernas, me refiero a la blanca occidental machista y judeo-cristiana, el Che Guevara no fue más que un guerrillero, aventurero, equivocado, asesino, que hoy en día sería calificado de terrorista. Todo lo cual, insisto, por ser derrotado. No tuvo suerte en el resultado: muchas victorias no dependen –exclusivamente- de la voluntad o del mérito del vencedor.
Al ahondar con mayor profundidad en los contextos o situaciones en que ambos personajes se desenvolvieron, vemos que Bolívar corrió con mayor suerte. A comienzos del siglo XIX las distancias del mundo eran mucho mayores. La corona española, el enemigo a derrotar, estaba al borde del declive, siendo superada por la industrializada Gran Bretaña. El imperio británico colaboró en la gesta independentista bolivariana con la –única- finalidad de crear pequeños y débiles estados (nuestras diez republiquetas sudamericanas), para “abrir”, mediante la piratería, mercados donde poder vender caro y comprar barato. Tampoco debemos olvidar que, para ese entonces, se encontraban en pleno auge las ideas de la reciente revolución francesa que fueron impuestas en toda Europa por el ejército napoleónico. La primera mitad del siglo XIX, para nuestra región, fue una época muy favorable para los movimientos independentistas.
El Che Guevara, por otro lado, vivió en un contexto muy desfavorable para los movimientos izquierdistas, ya que el capitalismo era la ideología predominante, se encontraba en vigoroso ascenso. Latinoamérica, al estar dominada por las elites minoritarias, estaba alineada al capital imperialista. La diferencia entre Bolívar y el Che Guevara sólo consiste en el resultado de su empresa y no en la corrección de sus ideales. Dicho éxito, a su vez, depende de la situación o del contexto. Haber vivido a comienzos del siglo XIX no depende de un acto de voluntad, sino de la suerte. Bolívar tuvo suerte situacional, el Che Guevara no. En nuestra región, la segunda mitad del siglo XX fue poco favorable para los movimientos revolucionarios.
Justifiquemos las acciones del Che: los tripulantes del Granma barbudos de la Sierra Maestra no derrocaron un régimen legítimo, elegido por la soberana voluntad popular cubana, sino un gobierno impuesto por la fuerza. Si suponemos que el pueblo cubano se identificaba con la guerrilla, entonces la violencia utilizada por el Che Guevara puede ser calificada como condición necesaria de la legítima defensa.
Por otro lado, el gobierno de Barrientos en Bolivia, que el Che intentó derrocar, tampoco era legítimo, era un gobierno sostenido por la fuerza militar, ya que Barrientos, previo a su período presidencial y siendo vicepresidente, dio un Golpe de Estado. La situación del Congo no era distinta del todo: dominación, mediante la fuerza, de grupos cuyos intereses estaban alineados con el poder colonial. Desde este punto de vista, el “guevarismo” es semejante a la alianza victoriosa de la Segunda Guerra Mundial.
Para concluir propongo otro ejemplo: los heroicos padres fundadores de los Estados de la Unión no tuvieron un derecho tal de rebelión, apelaron a meras abstracciones elaboradas por filósofos iluminados, cuyas ideas no eran proposiciones que podían ser cotejadas mediante la evidencia empírica. Locke les brindó los argumentos teóricos que pretendían mostrar la existencia natural de ciertos derechos individuales, que según los traidores a la corona británica, el Rey Jorge III en parlamento no se los reconocía.
Por supuesto que los héroes de las trece ex colonias, no fueron consecuentes con las ideas defendidas, debido a que los sujetos de los derechos individuales, sólo eran los hombres blancos, excluyendo abiertamente a los negros, a los indios y mujeres en general. Los padres fundadores tampoco pueden ser considerados como héroes por la corrección de sus ideas y actos, sino porque se impusieron al orden anterior y fueron la base fundamental del actual dominante.
Finalmente cito a Borges:
El asceta, para mayor gloria de Dios, envilece y mortifica la carne; Judas hizo lo propio con el espíritu. Renunció al honor, al bien, a la paz, al reino de los cielos, como otros, menos heroicamente, al placer. Premeditó con lucidez terrible sus culpas. Judas eligió aquellas culpas no visitadas por ninguna virtud: el abuso de confianza y la delación. Obró con gigantesca humildad, se creyó indigno de ser bueno. Judas buscó el Infierno, porque la dicha del Señor le bastaba. Pensó que la felicidad, como el bien, es un atributo divino y que no deben usurparlo los hombres.

De tener interés en leer la otra versión, por favor entrar a este link
http://www.periodicogoberna.com/edicion17/5.asp
Este comentario fue comentado por el ciudadano ( o montalvo) el 26 de Noviembre, sin embargo no fue publicado. Cómo es posible que montalvo tenga acceso a un comentario que no está publicado?
Es que Desde Mi Trinchera, montalvo y Luis Sánchez, son lo mismo?
G. Estracussi · nov 29, 20:10
Genaro, si publicara sus comentarios con una dirección válidad, recibiría TODOS los mensajes apenas se envían, incluso antes de ser posteados.
Saludos,
MAD