Vino el 14, llegó el 15, pasó el 16 de noviembre y nada ocurrió, como se habría esperado. Ni una voz, ni un susurro que haya provenido desde el revolucionario gobierno que tiene pintada la palabra “socialismo” en el esmalte de los dientes. Es posible que algún burócrata de segunda en alguna dependencia de tercera algo haya musitado, no lo descarto. Tal vez incluso algún alto funcionario, a baja voz, haya murmurado palabras inaudibles sobre la fecha, tan a baja voz que nada trascendió y nadie escuchó nada.

Parece ser que el populismo del siglo 21 es tan del siglo XXI, tan nuevaolero, iconoclasta y devastador que arrasa con todo, hasta con los recuerdos del siglo XX, haciendo tabla rasa de las conmemoraciones; más aún, cuando el vino que pretenden hacernos deglutir es lo más rancio del de antes, solamente que en odres nuevos. Pero, la Historia es Historia y el presente sólo puede ser entendido y descifrado a través de la memoria y la comprensión del pasado. Por eso es tan importante el recuerdo y tan imprescindible la Historia. Y por eso mismo los intentos de los tiranos y los beneficiarios de cualquier época para reescribir la Historia y para suprimir los capítulos que no les convienen o les restan protagonismo. Eso no es nuevo y tampoco es sorpresa.

El 15 de noviembre de 1922 es una fecha no solo memorable para la izquierda ecuatoriana (la clásica, la auténtica, no la del siglo 21), sino un hito que separa en dos segmentos la historia del país, y señala desde el punto de vista político y social el comienzo del siglo XX, así como la Revolución Liberal fue el acto político final del s. XIX. En una época en la que la Sierra no se desembarazaba aún de rezagos feudales y el eclesial-conservadurismo, aún vistiendo otras túnicas, hundía sus raíces en la capital, el modelo de desarrollo liberal, progresista y exportador generaba otro entorno y otro tipo de sociedad en la Costa, con su “capital” natural e histórica, Guayaquil, como epicentro. Eso determinó, especialmente en Guayaquil, el surgimiento de una clase obrera dinámica, al igual que el capitalismo que la generó, combativa, demandante y abierta a las ideas y movimientos sociales mundiales de la época, de la misma manera que sucedió a finales del siglo XVIII y XIX con el liberalismo.

El 15 de octubre de 1922 se estableció en Guayaquil la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana, el 18 los obreros del Ferrocarril del Sur (de la Costa y básicamente de Guayaquil), que en ese entonces era probablemente la empresa más poderosa del país, presentaron un pliego de peticiones que incluía aumento de sueldos y demandas típicamente laborales. Ante la negativa de la empresa, el 19 decretaron la huelga que duró hasta el 26 con la solución del conflicto laboral. Pero en el camino algo inusitado ocurrió: el respaldo masivo del pueblo guayaquileño y de las poblaciones costeras a lo largo de la vía férrea al movimiento huelguista. La victoria obrera generó una ola de entusiasmo popular.

El primer núcleo socialista se fundó en Guayaquil en esos días, los obreros de la empresa eléctrica, de los carros urbanos y otros de las incipientes industrias guayaquileñas empezaron a presentar pliegos de peticiones en una ola que tendía a generalizarse. Proliferaban las asambleas populares a las que miles y miles de guayaquileños de casi todos los sectores empezaron a unirse. En pocos días la ciudad estuvo paralizada y el 13 de noviembre la Federación de Trabajadores decretó la huelga general que a esas alturas ya era un hecho. El pueblo permanecía presente en las calles impulsando demandas mucho más vastas y que rebasaban los discretos planteamientos laborales originales: demandas económicas ligadas al tipo de cambio, ocasionadas por la quiebra económica tras la caída internacional de los precios del cacao, demandas políticas, organización popular, organización gremial y sindical.

La revolución bolchevique estaba fresca, fresquísima entonces, y al puerto principal, junto con las mercancías llegaban las ideas y las corrientes sociales y de pensamiento del mundo entero. Obviamente una brisa socializante soplaba sobre estos acontecimientos. La respuesta, a pesar de la rectitud y honestidad personal del presidente Tamayo - comparables solamente con su tozudez - fue su adhesión a la línea dura de un gobierno “liberal” que había abierto las puertas al conservadurismo capitalino y confesional: sangre y fuego. El pueblo guayaquileño en las calles fue ametrallado por el ejército y los muertos llegaron a no menos de 500, en una época en que la población de Guayaquil ni llegaba a los 100.000 habitantes. El terrible acontecimiento tuvo consecuencias políticas que preñaron todo el siglo XX. El ilustre y ya desaparecido historiador Dr. Elías Muñoz Vicuña, dice: “El 15 de noviembre de 1922, tuvo hondas repercusiones. El movimiento obrero y sindical ecuatoriano lo considera la fecha más importante de su historia”. Consecuencia directa de ello fue la fundación de los Partidos Socialista, Comunista y todos sus vástagos, con los cuales Alianza País y el populismo del siglo 21, a pesar de su discurso, tienen tan poco o nada que ver.

Este gobierno ha ignorado la fecha. Para ellos no ha sido importante. Para ellos el antecedente histórico más importante de la “revolución” y magno acontecimiento de la historia ecuatoriana es la revuelta “forajida” y las protestas populares contra Lucio Gutiérrez. Me pregunto si el señor presidente y Patiño, que saben perfectamente lo que fue el 15 de noviembre, recordaron la fecha, porque el neoministro del Litoral probablemente desconoce mucho o todo sobre ese día, eso es casi seguro ¿Y Bustamante? Bueno, sabemos que él, entre ceja y ceja tiene otras preocupaciones, por ejemplo, el debate entre Vito Corleone y Max Weber.

Pero nada es accidental, ni siquiera los olvidos. Oswaldo Hurtado en su archi-reeditado “Poder Político en Ecuador”, de entre 400 páginas solo dedica un medio párrafo al asunto. En la “Nueva Historia del Ecuador”, editada por Enrique Ayala, un tal Alexei Páez sólo le dedica 3 párrafos, y para el propio sociolisto Ayala merece tres líneas en su “Resumen de Historia del Ecuador”·

Lo más sorprendente es que Leonardo Vicuña, ex-gobernador del Guayas, ex miembro del Partido Comunista, antes de hacerse bucaramista y coautor con su pariente, el insigne Dr. Muñoz Vicuña, de la “Historia del Movimiento obrero del Ecuador”, también lo olvidó. Es que las alturas del poder, a más de soroche, también produce amnesia.

La historia de cuándo y cómo murió la izquierda ecuatoriana la auténtica a partir del gobierno de Rodríguez Lara y de los factores en ella implicados, incluso el regional, es otra historia. Sobre ello volveremos en otra ocasión. Seguro que volveremos.