Opinión

Los bárbaros al poder

Después de Nerón, el último de los césares, la Roma imperial pierde su sentido de grandeza, a cambio de durar nominalmente en el marketing post mortem de la historia. Pese a los 27 años que siguieron de la dinastía Flavia y los 84 de los denominados “los emperadores buenos”, incluido Marco Aurelio con su entusiasta proyección estoica, Roma ya no es Roma.

Sólo hay un sobrevivir por inercia. Apenas una triste defensa de negociación con todo el que arremete a sus fronteras, comprando chulqueramente a los soldados, compartiendo hasta la administración de justicia con sicarios… Una agonía a la defensiva por no morir, que no augura ningún triunfo. El pretender que Roma finiquita su existencia al término del gobierno de Constantino es únicamente un eufemismo de historiadores que trasnochan con profecías hacia el pasado. ¿Para qué esta pretensión cuando la de “los bárbaros al poder” es ya una realidad que, en este instante, trasciende una resonancia social y política de 4 siglos?

Ahora, en cambio, nos toca continuar respirando, atosigadamente, en las entrañas del monstruo imperial norteamericano. ¿Hasta qué punto, sin embargo, este imperio dejó de ser tal y seguimos sufragando a su favor, en tanto la inconsciencia de nuestra propia identidad, de nuestra propia voluntad creativa, en nuestra inconsistencia de aun no aprender a creer en nosotros mismos? La justificación de USA, en cuanto a lo significativo de su presencia que es la “gestión democrática”, no es otra cosa que el mercado de armas y siendo así, creemos conveniente, mayoritariamente, que semejante fantasía ideológica debemos defenderla, ampliarla y promoverla. Un negro en la Casa Blanca, vestido de demócrata, no es menos conservador que el más tradicional de los republicanos blancos. Hace mucho tiempo que ambos partidos persiguen las mismas connotaciones políticas, con la diferencia que están al servicio de distintos amos transnacionales.

Aparentemente el beneficio político que recibe Obama de las elecciones pone al descubierto el triunfo de la democracia. ¿El “sueño norteamericano” sigue en vigencia?. Sin ser nada es posible, aquí, en la tierra de Lincoln y del Tío Tom llegar a ser todo. Un descendiente de la esclavitud de ayer pasa a liderar el camino de la libertad, de la justicia y de la paz… Pero, cuidado, no hay que dejarse engañar. Obama triunfa porque el vacío del poder es inmenso, porque la gestión democrática no da más en el mercado de la corrupción, la demagogia y la intolerancia que, hoy, está claramente reflejada en la quiebra financiero económica y la subsiguiente recesión. Lo que está en juego no es un hombre, ni un discurso. Es, antes que nada, el destino de un sistema con todos los comportamientos socioculturales que implica. Sólo que es un destino al borde del abismo…

Hace centurias fueron los bárbaros que utilizaron, con mucho acierto, la debilidad del imperio romano que arrastraba las últimas posibilidades de su vida; hoy las minorías que subsisten, rezagos del atropello de la fuerza del imperio estadounidense, entran a compartir la euforia de la enfermedad terminal de su modelo ideológico, político y financiero agotado!

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