Parte de la reacción ataca al actual régimen, dada la manifiesta violación al Estado de Derecho. En ciertos foros de opinión –escritos u orales-, se pretende mostrar a la ciudadanía cómo un supuesto regreso a los principios republicanos de fines del siglo XVIII es la solución a todos nuestros actuales problemas políticos, económicos y sociales; pero, muchísimo ojo, nos señalan que el retorno es sólo a aquellos principios distintos de la vertiente jacobina de la revolución francesa, es decir, únicamente al republicanismo norteamericano, y a su tan idealizado orden constitucional.
Hagamos memoria: el famoso Estado de Derecho, Imperio de la Ley, gobierno de leyes y no de hombres, instaurado en lo que antes fueron las trece colonias norteamericanas, presten atención, cuando me refiero a lo que decidieron las trece excolonias, lo hago suponiendo que ustedes conocen el machismo, racismo (en contra de indios y negros), además del secretismo imperante en las convenciones constituyentes, no hubo debate público ni abierto, ni nada que se le parezca.
Ahora, no es cierto que todos los personajes influyentes del movimiento constituyente eran esclavista, ni genocidas, de hecho, ya en dicha época, existía una tendencia abolicionista; y qué hacer con la aceptación de dicha realidad, sino criminalizar a los constituyentes norteamericanos que finalmente plasmaron su ideario en el texto constitucional (padres fundadores), y que hasta la fecha, con muchísimas enmiendas, además de un catálogo de derechos, rige el gobierno federal de los Estados de la Unión.
Nos dicen, los reaccionarios más radicales, especie de ultras del siglo XIX (¿protofascistas?), utilizando un lenguaje estipulativo, con pretensión de definición universal –ello sin dudas por los remanentes del esencialismo en el término derecho-, que Estado de Derecho (rule of law) es aquel gobierno de leyes (impersonal) que garantiza derechos individuales. En este sentido, el rule of law demarca un límite infranqueable para los gobernantes, por ello corresponde a los jueces, juristas y filósofos, mediante una racionalidad preempírica (abstraída de su condición situacional, pues se requiere objetividad plena) asumir el rol de decidir que el resultado de la política democrática, cuando viole dichos límites, debe descalificarse, o expulsarse del ordenamiento jurídico.
Ahora bien, no es que estos sabios gobiernan, de ninguna manera, está claro que gobiernan las leyes, pero sólo las garantes de derechos individuales que son objetivos, que son realidades, que se encuentran allí listas para ser captados por la razón y que se expresan mediante proposiciones verdaderas o falsas. Estos personajes, los que aplican el derecho, o la Ley (como a ellos les gusta decir), en su reflexión de gabinete, los descubren, y solo aplican los derechos que son verdaderos.
Para que los negros dejen de ser considerados cosas comerciables, para que los nativos americanos dejen de ser exterminados por su simple diferencia cultural, para que las mujeres sean consideradas sujetos de derecho sin dependencia del hombre, tuvieron que morir muchísimas personas, ríos de sangre corrieron por casi 200 años. Este tan añorado Estado de Derecho a la norteamericana, tal como es defendido por muchos opositores al régimen, entonces no debería causarnos envidia, ni mucho menos, es un ejemplo a no seguir y que debemos repudiar.
