Se puede hechizar a muchos por algún tiempo; pero es imposible mantener el hechizo por siempre .Tarde o temprano la realidad emerge con toda su rudeza y el histrionismo hechizante se revierte contra sus autores.

No puedo precisar cuánto de antelación a lo que sobrevendrá hay en mis asertos ; pero el proceso histórico , acontecido en otras latitudes que experimentaron lo mismo que hoy vivimos , comienza por entender – a veces tardíamente – que el pueblo incauto fue incitado al odio , impulsado a detestar a quienes se les atribuyó todas las penalidades que afligieron y afligen aún a la sociedad Pasa luego por descubrir que el odio es una fuerza brutal que entusiasma e inflama al pueblo , porque los incitadores irónicamente lucen inteligentes , pero que es un sentimiento que, a la postre, no conduce a nada positivo cuando de poner en práctica las cautivantes promesas se trata. Y culmina gritando un ¡ Basta! a esa malévola planificación de prejuicios sociales y a la aberrante intransigencia de una ideología que todo lo dispensa cuando ha llegado al poder – incluso las estupideces y las corrupciones – , hasta el punto de convertir en virtuosas sus propias defecciones.

¿ Cómo podemos definir el tremendo absurdo contenido en mis palabras ? Es simple. ¡Se llama partidocracia ! Es el ejercicio hegemónico y exclusivo del poder por parte de Acuerdo País, que no ha tenido escrúpulos al denunciar la injerencia de dos o tres partidos políticos en gobiernos anteriores y hoy , a pretexto de una revolución ciudadana y en nombre de una democracia inexistente, asume el poder exclusivo y excluyente a través de un Politburó que hace de las suyas sin reticencia ética ni pudor algunos. Sin dejar de hablar de democracia. De una democracia que exigen se les reconozca mientras la fracturan a su antojo , fieles a un inventado eslogan de que en nuestro país no se puede ser demócrata si no se es marxista.

Con esta artimaña, resulta fácil y hasta lógico violar desde el primer día la doncellez constitucional que ellos mismos concibieron ; deviene natural copar todos los puestos de la mesa directiva de un Congresillo que nunca debió existir, o de una Corte Electoral agradecida y marcada por la domesticidad que la aquejará ; y resulta elemental que un Tribunal Constitucional cesado decida transformarse en Corte Constitucional para seguir sirviendo a la revolución en marcha. Les vale un higo que Fausto Camacho sea un devoto comunista y se erija al mismo tiempo en juez electoral, desnudando sin vergüenza las hipócritas afirmaciones que en contrario de tal designación hizo – ¡ cuando no! – César Rodríguez.

Las opiniones divergentes no les interesa ni siquiera para convertirlas en pantomima de discusión democrática, aún sabiéndose de antemano que culminaría con la ciega aceptación de los dictados de Carondelet . Bien dijo Mónica Chuji que no sería parte de un “simulacro”. Digamos, también, sainete. Todo lo cual revela la mayoritaria presencia de conciencias falsas en el ruedo político y confirma la vieja reflexión de que se requiere de un día para hacer de un ignorante un asambleísta y, paradójicamente, de veinte años para hacer de un hombre un buen obrero Y sólo de un día – añado – para que éste ponga suicidamente en manos de aquél su suerte y su destino. Su vida misma.

No hay duda que el país se encuentra en manos de Acuerdo País . O, lo que es lo mismo, de Correa. La cadena de arrogaciones descaradas e ilegales de funciones, es y será interminable. Para eso está la dictadura partidista revolucionaria, bolivariana y marxista, liderada por un autócrata . Tan autócrata que a veces nos desconcierta despotricando de una izquierda “infantil”. Admiro al “pájaro” Febres Cordero por desestimar la indignación moral que otros sentimos y referirse a la estupidez dominante sin tomarla en serio. Pero, ¿no es estupidez, acaso, lo vociferado por el asambleísta Paco Velasco , al negarle a Cristina Reyes el derecho a discrepar , endilgándole co-responsabilidad partidista en la desaparición de los hermanos Restrepo? No existe persona sensata que, al respecto y en la más deplorable de las circunstancias (que debieran comprobarse), no atribuya el hecho a una hipotética brutalidad policial, cometida con dos jóvenes que no tenían ( ni ellos, ni sus padres ni su entorno personal) significación política alguna que merezca la atención de la cúpula gubernamental de ese entonces. Sin embargo, este best seller doméstico sigue siendo voceado sin pudor, sin inteligencia ni reflexión , estimulando la histeria ciudadana en búsqueda de una estupidez mayor que se acomode a ciertos desafectos y a torpes prejuicios, al igual que al culto que practican los seudo intelectuales que fungen de defensores de derechos humanos.

Llegó la hora de sacarse las máscaras y de comenzar a vivir, sin rodeos, el episodio que una dictadura revolucionaria ha diseñado para este país de tantos tontos. No es posible que se siga hablando de democracia. ¿Quién podría creerles, salvo un redomado tonto?