Cada vez que el mundo, en su conjunto, avanza por sus vías de desarrollo y trata de mejorar sus sistemas de convivencia, este además esta permanentemente sujeto a confrontar tristes y dolorosas realidades.

Don Alfonso Contreras, un ecuatoriano mas, a quien no tengo el honor de conocerlo y que sin embargo me solidarizo profundamente con el, es padre de Doris Contreras, su hija que ha radicado en Mallorca, España, y que habiendo obtenido esa nacionalidad, lamentablemente acaba de morir a causa de un cáncer Terminal.

Esa, es una triste historia que ya llegó a su final, pero otra cosa es el entorno que en ella se fue desarrollando debido a una actitud por demás morbosa e insensible de parte de las autoridades diplomáticas de ese país.

Doris, había venido siendo victima potencial de este perverso mal desde hace algún tiempo atrás quien, por la narración de esa triste historia a través de uno de los canales de televisión local, residía en Mallorca también con un hermano. Mas, la inexorable muerte, al final tocó sus puertas.

Según lo expresado en dicho reportaje, y mientras luchaba con la enfermedad, Doris envió una carta a las autoridades diplomáticas allá en España solicitándoles urgentemente le otorguen una visa humanitaria a Alfonso, su padre, para verlo por ultima vez y despedirse de el, sin haber recibido jamás una respuesta a su pedido. Este mismo pedido fue incansablemente y constantemente solicitado de forma paralela acá por Alfonso a las autoridades diplomáticas en el ecuador, siempre en momentos en que aun permanecía con vida su hija Doris.

Dicha solicitud, así como tantas veces fue solicitada, de la misma manera, también le fue negada. Nada pasó, hasta que Doris falleció. Angustiado, este padre, insistió con las autoridades españolas acá domiciliadas a fin de que le otorguen esta vez una visa para viajar a España y traer el cadáver de su hija, pero insólitamente también dicha petición le fue negada, y como respuesta a aquello le sugirieron “que para que iba a gastar plata en ese viaje, pues las cenizas de su hija muy bien las podría traer su otro hijo que residía allá con Doris”. (…?).

¡Que ironía y canallada mas grande!. La necesidad que embarga a muchos ecuatorianos a migrar a otros países por un futuro mejor, conlleva también como carga ineludible el peso de la morbosa insensibilidad que muchos representantes de la diplomacia de otros países aplican a las personas, tal cual es el caso de nuestros compatriotas Doris y Alfonso.

Ojala que el actual gobierno haga escuchar su voz de protesta ante esos pelafustanes, para quienes definitivamente el dolor y la angustia de un padre, y de toda una familia, jamás obtuvieron respuesta alguna de solidaridad humana. O es que para los europeos, el estigma de nuestras raíces son el torpe indicativo de simplemente ser una raza diferente..? O es que a lo mejor tal dilema humano los habría hecho pensar en este caso de que claro, cual era el problema, si se trató simplemente de la salud y de la muerte de una ecuatoriana.