Guayaquil, grande y hermosa, libre y solidaria, acaba de cumplir 188 años de su gesta libertaria, donde valientes y visionarios personajes, de la talla de Olmedo, Febres Cordero, Villamil, Vivero, Antepara, Lavayen, Elizalde, Roca, Escobedo, Ximena y otros, tomaron la decisión de liberarnos del yugo administrativo, económico y militar, al cual estábamos sometidos por la Monarquía española, dando como resultado, la soberana e independiente Provincia Libre de Guayaquil; hasta que por golpe militar, (según lo descrito por algunos historiadores), forjado por el autoproclamado Jefe Supremo de la Provincia, general Simón Bolívar, desconociendo el Gobierno de José Joaquín de Olmedo, de manera oficial el 31 de julio de 1822, se anexa Guayaquil a la Gran Colombia.

Comentado muy brevemente lo anterior, procedo a detallar temas más actuales; el síndrome de “Peter Pan”, se denomina a la actitud que toman ciertas personas, que aún teniendo algunos años demás, se niegan a asumir las responsabilidades concernientes a su edad, es decir, se niegan a crecer; como contraposición a este síndrome, existe el de “Wendy”, que no es otra cosa, que asumir responsabilidades ajenas, en especial las del que sufre el síndrome de “Peter Pan”, y que por su temor a ser o sentirse rechazado, adopta un talante de “persona imprescindible”, convirtiéndose en el gran benefactor y protector de quienes lo rodean.

A diferencia de los 2 síndromes mencionados en el párrafo superior, el de Robin Hood, es un poco más complicado, porque como se conoce de este personaje del folclore medieval inglés, era el “príncipe de los ladrones”, quien le robaba a los ricos, para redistribuir su botín, entre los más pobres; es decir, justificaba su conducta delictuosa en contra de los que poseían bienes materiales y económicos, argumentando que el fruto de sus incorrecciones iba a parar a manos de los más desposeídos.

Podrían preguntarse ustedes, que relación tienen los 3 síndromes descritos y Guayaquil con su progreso en marcha; pero a mi entender, tanto este desgobierno, comenzando por el ciudadano presidente y sus discípulos, como gran parte del pueblo, adolece de uno o varios de estos síndromes; como ejemplos tenemos, un Estado sobreprotector, que quiere agradarle a todos, o por lo menos a la mayoría, asumiendo responsabilidades que no le competen, y que por su temor, en este caso de perder “votos”, se convierte en el gran benefactor de los ecuatorianos, a través de un miserable centralismo, (síndrome de “Wendy”); así mismo, parte de un pueblo, que al ya tener medido a su protector, que en este caso es el Estado, evita a toda costa sus responsabilidades, (síndrome de “Peter Pan”), y a cambio de no rechazar a su “Wendy” electoralmente, permite que se haga y deshaga de él, como mejor le convenga a los intereses de sus apócrifos mecenas.

He tratado de ser lo más explícito posible en el detalle de los dos primeros síndromes, para el caso del de “Robin Hood”, como ya lo mencioné, su descripción es un poco más complicada, dado el hecho, que en el mismo existe una conducta no reglamentaria en su entorno, ya que se debe usurpar al rico para prodigar al pobre; algo que a simple vista podría percibirse como algo justo; sin embargo, si comenzamos a mezclar los 3 síndromes con actores políticos como lo son el pueblo, Correa con su desgobierno, y Guayaquil con sus líderes encabezados por nuestro Alcalde, denominada por éste, (el ciudadano presidente), como ciudad cuna de pelucones, oligarcas, y opresores de los pobres de este País, lo que se está generando, es una rivalidad desmedida, que desembocará irrefrenablemente en una lucha fratricida entre clases sociales, donde “Wendy” aupará a “Peter Pan” a que le permitan o ayuden al “Robin Hood” a delinquir contra los que poseen más bienes, (representados por quienes defendemos y queremos a Guayaquil, o quienes estamos en contra de la gula de poder de su Majestad), para darle a los pobres.

El desarrollo de un País está dado por la disposición igualitaria de las riquezas que se generan en un entorno ciudadano, a través del establecimiento de fuentes de trabajo, en especial apoyando la producción de bienes y servicios, y no de una distribución igualitaria de la miseria como lo decía Winston Churchill; Guayaquil desde agosto de 1992 apostó a la primera opción, y ratificó su decisión diciendo No y 500.000 veces No, en este último referéndum; tenemos todo el derecho, y lo haremos prevalecer a cualquier costo, que nuestra ciudad siga por el mismo camino de la revolución hacia el progreso.

No podemos involucionar, no debemos permitir que Guayaquil y su gente retrocedan en el tiempo, y volvamos a lo mismo de siempre porque funestos personajes o malos gobernantes cegados por la vanidad, prepotencia y soberbia de creerse o sentirse “Robin Hood”, “Wendy” o “Peter Pan”, no lo desean, o simplemente porque nos envidian y no soportan vernos permanecer a la vanguardia; me podría decir mi estimado lector, ¿Con qué posición usted está de acuerdo?.