Paciente lector, le recuerdo que son siete las proposiciones normativas que me he propuesto enunciar y analizar.
Ahora es el turno de la proposición número cuatro: Las elecciones para la asamblea constituyente deberían utilizar el sistema proporcional más que el de mayoría.
Cualesquiera que sean las ventajas del sistema de mayoría para crear las legislaturas ordinarias, una asamblea constituyente debe ser ampliamente representativa, por razones similares a las aducidas a favor de la representatividad en la selección de jurados.
Sin dudas que la política formal ecuatoriana, en su afán de aumentar la representatividad de todos los grupos sociales, ha normado las elecciones con los sistemas proporcionales. Con los resultados de cada nueva contienda electoral, vemos cómo el diseño de las estructuras de la “partidocracia” les otorga –salvo raras excepciones- la mayoría de votos. No obstante, al aplicar el sistema proporcional, sus intereses –de hecho- han cedido.
Aun cuando se pueda alegar que las elecciones para asambleístas estuvieron viciadas por el exceso de influencia de parte del gobierno central, al disponer de una bastísima cantidad de recursos económicos (no contabilizados por el TSE, y que llenaron los bolsillos de los dueños de los medios de comunicación), no hay que dejar de reconocer que, contrario a lo realizado por las fuerzas políticas hegemónicas en otras partes del planeta y en distintas épocas (todos los gobiernos autoritarios de derecha, o el peronismo por ponerle un nombre propio), el gobierno de la revolución ciudadana no reformó de manera sustancial las reglas de la contienda electoral, de hecho, para ser más precisos, se sirvió de los vicios del sistema electoral construido por los partidos tradicionales. No hubo reforma de los distritos electorales, ni censura de ninguna forma de manifestación política, ningún partido político fue proscrito. La vieja partidocracia no se vio mermada en lo absoluto.
Sin embargo, no podemos dejar de realizar un análisis crítico de los comicios efectuados el 28 de septiembre. El buró de Alianza País nos diseñó todo un callejón sin salida. Se nos convocó a votar por el SI o por el NO a un proyecto de Constitución de más de 440 artículos y el respectivo régimen de transición de textos que no fueron los originalmente aprobados por la única autoridad competente. Hasta ahí con nuestra participación, allí muere la democracia. Nunca fuimos consultados acerca del resto de políticas de la constituyente (leyes, amnistías).
El SI supone el continuismo de la revolución ciudadana, cuya ideología –socialismo del siglo XXI- se está construyendo sobre la marcha, se hace camino al andar. La política determina la ideología (suena como a ponerse los zapatos y luego las medias) ¡que maravilla!
