Rafael Vicente:

Hoy tienes todo el poder en tus manos. El referendo del pasado domingo 28 de septiembre te ha puesto en la recta de gobernar con todos los poderes a tu mando. Aunque digas que el triunfo es del pueblo, que la victoria es de la ciudadanía, y que el SÍ es en apoyo a la revolución ciudadana; tú sabes que tú eres la revolución, que tú eres ese discurso de cambio encarnado en el personaje de un profesor universitario que saltó a la política por accidente.

Cuentan los autores que en la vieja Roma, cuando era la civilización más avanzada de la Edad Antigua, el Senado romano era la máxima expresión de poder del pueblo de esa cultura. Elegidos en comicios, los senadores eran representantes de sus distintas familias e intereses, que cuando esas familias e intereses se veían amenazados por un peligro inminente, encargaba el poder total a un dictador para que en 6 meses aplaque tales males sea con la fuerza o con el ingenio. Una vez electo ese dictador por el Senado, se procedía a la investidura, que no era más que la colocación de un vestido, una toga y capa especial, símbolos de su supremo poder sobre Roma. Puedes, Rafael Vicente, preguntarle a tu asesor legal de cabecera sobre esto que te comento: es un hábil abogado que a más de virtuoso para interpretar la ley, supongo fuertemente que goza de una sólida cultura de tradición romana.

Hoy la mayoría de ciudadanos del Ecuador, amenazados y hartos desde el año 1996 por el modelo de administración política llamado régimen de partidos políticos (hoy ese régimen enfermo llamado partidocracia) te ha puesto a ti la toga, que es tu nueva constitución, esa del Socialismo del siglo 21. Ese pueblo en su mayoría te ha investido con el magno poder de castigar a los culpables del Estado anómalo que tenemos, de armar el plan de ruta hacia el progreso, y de paso, esa mayoría cree en ti para que nos capitanees hacia ese progreso. ¡Tamaña tarea te han encargado! ¿Verdad? Creo has demostrado dormir poco para recuperarte pronto. Además la juventud te acompaña. Todo apunta que cumplirás con tu cometido. Aparentemente así lo dicen las encuestas, oráculos del presente…

Espero tu estimado y bienquisto asesor legal de cabecera, una vez corrobore el mecanismo de la investidura al romano dictador de líneas arriba, también te advierta lo que sucedía con aquellos designados dictadores o protectores de Roma. ¿Qué sucedía? ¿Quieres saberlo? Pues la vanidad, el pecado favorito del Diablo, se apoderaba de ellos. Primero, cada dictador creaba para sí su propio manto. Nunca utilizaban la toga y capa de un dictador antecesor. Como cada salvador se consideraba mejor que el anterior, tenía que utilizar su propio manto. Segundo, una vez togados con capa, les gustaba tanto el boato del poder que dejarlo era cosa muy difícil. Retenían el poder mediante chantajes, colusiones, asesinatos, presiones, mentiras, clientelismo y demás argucias.

Fuiste electo sin diputados que te acompañen en tu labor. Con un Tribunal Supremo Electoral afín a ti cerraste el Congreso Nacional, un Poder del Estado, demostrando tener tú más poder que los diputados opositores. Luego gente adepta a ti corrió a escupitajos, puntapiés y pedradas a los vocales del Tribunal Constitucional para sentar adeptos tuyos. Luego has hecho y deshecho con el erario público a punta de decretos de emergencia, para financiar la revolución ciudadana. Todo indica que te has toma en serio tu calidad de dictador, salvador de esta Roma ecuatoriana. Te felicito porque desempeñas como se espera tu rol en esta novela; pero qué mala suerte tiene el Ecuador que en 30 años (desde 1978 hasta 2008) hemos tenido muchos dictadores con su propio manto sin superar esos peligros que todavía nos acechan.

Buena suerte Rafael Vicente pues quien asciende rápido, también cae rápido.