Para hablar del matrimonio, como sacramento espiritual que fue santificado y bendecido con la presencia física del Señor Jesucristo y su Santa Madre María en las Bodas de Cana, necesariamente tenemos que referirnos a la importancia y la centralidad de la familia, en el orden de la persona y a la sociedad, que está dependiente y subrayada en la Sagrada Escritura:

“No está bien que el hombre esté solo”(Gn.2,18). A partir de los textos que narran la creación del hombre (cf. Gn.1, 26-28; 2,7-24) se nota cómo-según el designio de Dios-la pareja constituye “la expresión primera de la comunión de personas humanas” (Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 12:AAS58 (1966) 1034).

Eva es creada semejante a Adán, como aquella que, en su alteridad, lo completa (cf. Gn. 2,18) para formar con él “una sola carne” (Gn.2, 24;cf. Mt. 19,5-6) (Catecismo de la Iglesia Católica, 1605). Al mismo tiempo, ambos tienen una misión procreadora que los hace colaboradores con el Creador: “Sed fecundos y multiplicaos, henchid la tierra” (Gn.1, 28). La familia es considerada, en el designio del Creador, como “lugar primario de la humanización” de la persona y de la sociedad” y “cuna de la vida y del amor”.

Dentro del Derecho Canónico o Derecho de la Iglesia, se entiende como matrimonio la unión de un varón con una mujer, en virtud del vínculo con el que quedan ligados a causa del consentimiento matrimonial, que se hacen perpetuamente y en exclusiva, una unidad en la naturaleza ( una sola carne), Esa íntima unidad de los dos los convierte en copartícipes (consortes) de un destino común ( consorcio de toda la vida) que, por la propia naturaleza de su unión, tiende a constituirlos en comunidad de vida de amor y coprincipio de la transmisión de la vida en familia(Vide infra: 1,b.c.d)

Así mismo, comprender el matrimonio en cuanto institución natural, es presupuesto necesario para estudiar el matrimonio canónico, que “no es otra realidad, sino el mismo matrimonio elevado por Jesucristo a sacramento” (cf.c.1055).

Que el matrimonio es institución natural, quiere decir que forma parte de lo que el hombre tiene recibido por su propio modo de ser, lo cual implica: a) que, en sus rasgos esenciales, no tiene su origen en la inventiva humana, sino en la naturaleza del hombre (Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza “. “A imagen de Dios los creó. “Varón y mujer los creó”. “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla” (Génesis: 1,26-27-28); b) que no es una entre las posibles formas de unión sexual entre personas , sino la forma específicamente humana del desarrollo completo de la sexualidad; c) que es el Derecho natural y, por eso, la recta razón puede descubrir su lógica intrínseca, sus exigencias jurídicas y morales en cuanto realización específicamente humana; d) que, en consecuencia, no es una estructura impuesta por las leyes para organizar según determinados criterios las uniones entre personas : es una realidad , con su propia estructura jurídica y moral natural, previa a la intervención (legítima o ilegítima) de cualquier legislador que regule el matrimonio en atención a su dimensión social y a su incidencia en el bien público (Hervada, Viladrich).

En otras palabras, – el matrimonio es el designio de Dios en el principio al crear a la persona humana sexualmente como varón y mujer “el mismo Dios es autor del matrimonio” (GS, 48). La vocación del matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano amorosa del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes> (CCE, 1603)

Por otra parte, << El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad, por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio>> (c.1057, 2). Ese peculiar acto de voluntad de los contrayentes posee una eficacia absolutamente insustituible, porque la mutua entrega y aceptación que realiza es personalísima (constituye, como se ha dicho, una unión en la naturaleza) que construye una familia, “un hogar para Cristo”, que no está a disposición de voluntades ajenas.

“El vínculo que se crea entre el hombre y la mujer en la relación matrimonial es superior a cualquier otro tipo de vínculo interhumano, incluso al vínculo con los padres: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn.2, 24) <

¡QUE DIOS BENDIGA Y SALVE AL ECUADOR!