Se suele utilizar esta expresión para referirse a algo o alguien que ha crecido de una manera desmedida, pero cuya base es frágil o que tiene algún aspecto que lo hace muy vulnerable; no hay que ser pitonisa o agorero para saber a quien o quienes me refiero, y es que es muy fácil descifrar que este desgobierno cumple con todas la cualidades para expresarse del mismo, como un gigante con pies de barro.

Correa y sus séquitos, han crecido en torno a las mentiras y engaños que han inventado para crear un mundo de fantasías en el cual estamos inmersos todos los ecuatorianos, así mismo, su fortaleza se basa en las diatribas viscerales que cada día se endilgan a quienes siendo de este País, no estamos de acuerdo con las políticas llevadas por el dueño de P.A.I.S.; es esto lo que a mi modo de ver las cosas, se convertirán en el talón de Aquiles del Soberbio, porque como se dice “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”, el pueblo se terminará dando cuenta, (como ya lo han hecho: Fernando Balda, Quinto Pazmiño, León Roldós, Mónica Chuji, Wilma Salgado, y algunos más), que una vez más han sido engañados con “cantos de sirena”, que a lo único que nos llevarán, es a constitucionalizar lo deseos y gula de poder, que el ciudadano presidente podría ostentar de aprobarse el mamotreto de Montecristi, mientras los demás compatriotas, veremos cada vez más limitados nuestros ingresos y recursos cuando se implemente la desdolarización, así como truncados nuestras aspiraciones de seguir progresando porque volveremos al nefasto modelo centralista, y así muchas, pero muchas consecuencias más, mismas que ya las he expuesto en entregas anteriores.

Estoy convencido mis estimados lectores, que para cuando estén leyendo estas pocas líneas, su voto ya estará definido por una de las opciones válidas existentes, (la mía como ustedes ya lo saben, será NO y mil veces NO), es decir, parafraseando a Julio César en el cruce del Río Rubicón, en franco desacato a Pompeyo y al Senado Romano, “Alia iacta est”; esperemos que nuestra decisión sea la correcta, y que nos lleve siempre por el camino del progreso continuo; pidamos a nuestro ser Supremo, sea cual fuere su denominación, nos ilumine y nos guíe, porque de esta decisión, depende no sólo nuestro futuro, sino el del País y nuestra descendencia.

No permitamos que una campaña mediática millonaria pagada con nuestros dineros nos impresione, debemos ser muy cautelosos al digerir todo lo que se nos presenta en los medios de comunicación; o no les parece mucha coincidencia, que en esta última semana de elecciones, se libere a la ex Prefecta Llori (de lo cual, estoy totalmente de acuerdo por considerarlo una violación flagrante a los derecho humanos de la ex funcionaria de la provincia oriental de Orellana), se inaugure la tramitación de los préstamos hipotecarios en el I.E.S.S, se aumente los bonos de vivienda, se promociones el aumento del bono solidario, se incremente los préstamos de la C.F.N. (que en el caso de unos compañeritos de P.A.I.S., fue desde 40 mil hasta los 250 mil dólares), aumento del salario privado, sin conocimiento del grupo empleador, y otros “beneficios” más, cuando lo lógico y prudente hubiera sido realizarlo de una manera técnica, consensuada y hace muchos meses atrás cuando se prometió dichas “conquistas ciudadanas”.

Dar Oídos a lo expresado por el ciudadano presidente en cada una de sus intervenciones, me recuerda las palabras de Catón el viejo contra sus más enconados rivales, los cartagineses, “Carthago delenda est”, “Cartago debe ser destruida”; pero el Cartago de Correa, no sólo es una ciudad que terminó, según los historiadores, extinguida por los soldados romanos de la época, sino, son sus propios y creados fantasmas, la partidocracia, los pelucones, los aniñaditos, los 50 majaderos, y en especial esta ciudad y a los habitantes que defendemos esta libérrima urbe; lo que no se quiere entender por parte de los partidarios y de los acólitos de su Majestad, es que Guayaquil ya perdió la paciencia, y que ganaremos en las urnas diciéndole NO y mil veces NO al mamotreto de Montecristi, y seguiremos combatiendo, hasta que por el peso de sus propios errores y exabruptos, se escuche decir a nivel nacional, “Correa delenda est, delenda est Correa”.