Hugo Chávez una vez más se inmiscuye en los asuntos de otros estados, en esta ocasión lo hace con el Ecuador, particularmente con Guayaquil cuando menciona que en esta ciudad hay grupos separatistas que quieren dividir el país, omitiendo intencionalmente que lo Guayaquil necesita y reclama es la autonomía ganada por abrumadora mayoría en votación popular.

Qué tal ironía; en este Ecuador el único separatista es el presidente Correa quién, como discípulo de Chávez repite, hasta el cansancio, frases llamando a la desunión entre ecuatorianos, poniendo a serranos contra costeños, pobres contra ricos, cristianos contra laicos, y, por si fuera poco, enarbolar a la deidad “Pacha mama”, etc.

Hasta este momento no se ha conocido de reacción alguna por parte del gobierno ecuatoriano en la voz de su presidente o de la ministra de Relaciones Exteriores, quienes guardan un cómplice silencio con lo que demuestran que les importa poco o nada la tan cacareada soberanía, la que solo existe cuando a este gobierno le interesa.

¿Por qué no ha reaccionado el presidente expulsando del país al embajador venezolano quién desde la Embajada se permitió decir que Jaime Nebot pretende “Con falsas acusaciones desviar la atención por la indetenible marcha del proceso de cambios profundos y de justicia social que vive el ecuador liderado por el presidente Correa”?.

Y de la soberanía ¿Qué?, En días pasados un grupo de seguidores de Correa se situó frente a la Embajada de Venezuela en Quito para con banderas y letreros de Alianza PAIS, dar vivas y apoyar al embajador venezolano en referencia a las trasnochadas declaraciones de Chávez y a las suyas propias, con lo que quedaron desenmascarados quienes son los enemigos del Ecuador y especialmente de Guayaquil, a los que no les interesa que el país sea agredido si de esa manera consiguen oscuros fines como ser elaborar propaganda por el SI.

¿Qué bula tienen Chávez y su embajador para entrometerse en los asuntos de otros estados?. Que yo sepa, ninguna. Es solamente el reflejo de la miseria humana.

La filosofía popular tiene, en su sabiduría, una sentencia muy decidora que deberá ser aplicada a Chávez y a todo el que ose hablar mal de Guayaquil y es la que encabeza el presente artículo: “Para hablar de Guayaquil, primero debes lavarte la boca”. Ahora es el turno del economista, quién tiene la obligación de hacérselo ver al desaprensivo presidente venezolano y a su embajador, más no mirar para otro lado y dejar pasar el agravio; está en el deber de velar por todo lo que concierne al país, y en el caso en mención, no debe permitir agresión alguna contra ningún punto de la Patria, pero su cómplice silencio lo hace tan culpable como el agresor, “el que calla otorga”…y lo menos que esperamos los que sí creemos en la soberanía es que Correa tenga el valor de parafrasear al Rey de España y le diga a Chávez: ¿Por qué no te callas? …pero no lo hace; y luego se llena la boca con la frase “la Patria ya es de todos”

Al manifestar mi indignación por las palabras de Chávez, siento que es mi deber rechazar de la manera más enérgica todo intento de agresión al país en general, y a Guayaquil en particular, tal como lo haría cualquier ciudadano bien nacido en cualquier rincón de la geografía nacional.

Por lo demás, considero oportuno recordar las palabras de Jaime Nebot cuando mencionó que “es ser muy ignorante quien confunde separatismo con autonomía” y que mientras más veces Chávez diga SI, más veces Guayaquil dirá NO.