La actitud de Chávez tiene sus implicaciones . Por lo que oculta. Por lo que, pese a todo, revela. Sus palabras poco cuentan : Son propias de su arraigada incultura. Es su actitud desenvuelta y familiarizada con la temática ecuatoriana, cual si estuviera tratando asuntos domésticos, la que nos mueve a preguntarnos seriamente cuánto de injerencia tiene y maneja Chávez en los asuntos internos ecuatorianos.

Cuánto de “muchacho” sigue creyendo ver en nuestro Presidente. O Cuánto de tenebroso hay en los planes de sumisión de nuestro país a la égida seudo revolucionaria y totalitaria de Chávez .¿En cuál de estas opciones encaja también la torpeza del embajador venezolano, ante la que nuestro Gobierno calla ?

Chávez es el clásico “gorila”, expresión acuñada por los escritores de izquierda aludiendo a energúmenos como Batista, entre otros. Gobierna un país al que lleva a la ruina total. Cuenta con todo el poder intimidatorio para hacerlo, a pretexto de redimir a los pobres y de acabar con las oligarquías; cacareo político que el pueblo absurdamente corea, sin advertir la estupidez lacerante de sus resultados: el pueblo pobre vive en la miseria y la clase media se pauperiza, mientras una nueva clase dominante se enriquece insultantemente.

Igual sucedió en la Unión Soviética y países satélites. Los ingresos petroleros de Chávez sólo mejoraron sus finanzas para planear “inversiones” extraterritoriales a las que identifica como ayuda internacional que apunta a una inventada e ilusoria nación bolivariana. Pura basura.

Chávez ahora insulta a Guayaquil. El separatismo del que la acusa fracturaría sus sueños personales. Nos quiere maniatados, con Correa como lugarteniente. Desconoce que Guayaquil, al igual que tantas comunidades a las que este Gobierno dice respetar en su identidad, es la más grande comunidad con identificación propia del Ecuador. Más de dos millones de guayaquileños hoy estamos plenamente identificados. Se lo debemos, en algún grado, a las agresiones sufridas y al malhadado proyecto constitucional por el que ponto votaremos. No hay, en verdad, mal que por bien no venga. El NO nos enlaza y amalgama. Y la estupidez de Chávez abonará el proceso autonómico de Guayaquil .

¿Separatismo? Se nos acusa de un delito inventado tiempo atrás por legisladores centralistas que, además, está muy lejos de nuestras intenciones cometerlo. Cuando los cónyuges se divorcian, ¿alguno de ellos va a la cárcel? ¿Debe castigarse al socio que abandona una compañía? El separatismo, como delito, no pasa de ser una ficción legislativa que hay que respetar por ser norma jurídica, pero que sin duda conspira contra la libre determinación de un pueblo. Gracias a esa ficción, la “vox populi” deviene infracción. Europa y la ex URSS se ríen de ello.

Pero volvamos a las identidades. ¿ Qué diferencia a la comunidad guayaquileña de los tsáchilas o de los huaoranis, por ejemplo ? Sólo predominancias genéticas dentro una única raza universal : la humana ; pero, en esencia , son sustancialmente iguales los conceptos esgrimidos como aspìración desarrollista. Esos conceptos nos identifican en la búsqueda de una autonomía que preserve la unidad nacional . Pero mientras a los huaoranis se ha resuelto respetar sus costumbres, su administración de justicia, su idioma, su administración local y algunos etcéteras más, exhibiendo estas concesiones segregacionistas como paradigmas democráticos, en el caso de los guayaquileños, aún sometiéndose a una única legislación nacional y de contribuir solidariamente al desarrollo del país, resulta ser un separatismo traidor.

Guayaquil es una comunidad donde la pluralidad étnica ha alcanzado su más alta expresión. ¡Nadie más la tiene en el país! Somos todo un concepto social , geográfico ( pese al zarpazo sufrido) y económico denominado Guayaquil , al que se le niega la opción de ejercer y gozar de los derechos que aseguren su desarrollo en libertad , explotando sus recursos naturales y optimizando sus enormes recursos humanos de secular productividad y laboriosidad No hay que vestir ponchos ni untarnos de achiote los cabellos para reclamar una identificación. Eso es folclore. Nuestra identidad es distinta, pero real. Mas, se condena el anhelo de mejorar nuestras vidas sin dejar de mostrar nuestra solidaridad fraterna. Perversidad.

Correa no ha tenido empacho en mostrar su odio a Guayaquil. Los hechos lo demuestran y el gorila venezolano le secunda. En alguna medida se ha tenido éxito en la tarea de malquistar al resto del país con una provincia estigmatizada como reducto de la “partidocracia” . Yo creo que es un reducto de la dignidad y quizás, tras el referéndum, Guayas sea la excepción en el mapa político ecuatoriano. Mas, ¿ no es esa otra razón para que el Gobierno respalde nuestra autonomía sin que la impongamos? Para lograr la unidad nacional, según la cantaleta revolucionaria, no hace falta Guayaquil. Aunque sólo deseemos ser ecuatorianos que ofrezcan en libertad y sin gorilas una parte de lo nuestro. Sin que nos jodan.