Desde hace varios años, se viene notando que la «sociedad estética», como la calificó Fabián Corral, ha permitido que la violencia entre a sus hogares por medio de la televisión. Es por eso que, en todo este tiempo, muchos ecuatorianos, haciendo uso del sentido común, hemos estado haciendo campaña en contra de este tipo de violencia por distintos medios: cuidando en casa los programas que ven nuestros hijos, haciendo actividades de concienciación en las aulas de clase o manifestando nuestra inconformidad directamente a los medios de comunicación.

Programas muy ingeniosos y hasta graciosos, eso sí, pero no convenientes para nuestros niños, se transmiten en horarios infantiles o en los que muchos niños aún están despiertos: «Malcolm», «Padre de Familia», «La familia P-Luche», «Los Simpsons» y otros, los cuales tienen son realmente ingeniosos y hasta graciosos, pero pletóricos a la vez de diálogos con contenido sexual, explícito o implícito, con doble sentido o con una suerte de apología a la falta de ética, la inmoralidad y hasta la delincuencia; otros son simplemente violentos, como la lucha libre, algunas series japonesas o aquellos en los que uno se burla o se entretiene con los accidentes ajenos.

¡Ni qué decir de los programas de chismes («de farándula», les llaman), en pleno horario infantil!

Ciertas teorías sobre comunicación explican que sentarse ante un televisor a ver cómo la gente es agresiva consigo mismo o con los demás sirve para apaciguar esa agresividad que se represa como resultado del estrés que provoca la vida actual. Si bien estas argumentaciones tienen cierto grado de validez, no todos los programas de televisión «destilan» la violencia necesaria o conveniente para ese desahogo sedentario.

En abril del 2007, cuando sucedió lo del ataque de Cho Seung Hui en el Virginia Tech (33 muertos y al menos 15 heridos), hicimos análisis en clase con mis alumnos de secundaria y ejercicios cívicos al escribir cartas individuales y colectivas a los medios de comunicación acerca de los programas que ellos mismos, adolescentes de entre 12 y 17 años, consideraban violentos y poco recomendados. Nunca hubo respuesta alguna.

El numeral 7 del artículo 50 de la Constitución de 1998 responsabiliza al Estado por la toma de medidas que aseguren a los niños y adolescentes «Protección frente a la influencia de programas o mensajes nocivos que se difundan a través de cualquier medio, y que promuevan la violencia, la discriminación racial o de género, o la adopción de falsos valores».

En tal virtud, es obligación de los administradores del Estado aplicar estas precauciones, sin importar quiénes sean (en estos momentos, esa obligación está en manos de Correa y su gobierno, nos guste o no).

Asimismo, como padres responsables, también pretendemos que nuestros hijos menores de edad se versen un poco más en los asuntos de actualidad, así que compartimos con ellos los noticieros o los periódicos, por lo que estos programas y ediciones también deben considerar los parámetros mencionados. No es que tengan que ocultar los hechos violentos y/o delictivos, sino que las escenas que presenten deben estar dentro de parámetros no sólo éticos, sino también estéticos al ser presentadas… me refiero a ediciones realmente profesionales.

Es que no es sólo obligación del Estado ni responsabilidad de los padres, también depende de las políticas editoriales de los medios de comunicación el hacerse cargo de su cuota de respeto a las normas constitucionales y legales y convenciones sociales, y no sólo a las reglas del mercado, el cual tiene como eje principal y razón de ser al ser humano.

Ahora, ¿qué se puede hacer con programas de cable, como el tan irracional de «Jackass», que tanto gusta a los adolescentes?

Por ahí han querido cargar toda la responsabilidad a los padres de familia. Pero la sociedad actual, sus exigencias y conveniencias, ha hecho que los padres pasen menos tiempo en casa y que uno de sus ayudantes principales sea la misma televisión. ¿Cada quien tiene la libertad de escoger que programa ver?, pues díganle eso al niño cuyos padres están trabajando hasta las 5 ó 6 de la tarde, como temprano, ¿qué es lo que van a ver?, ¿Vamos con Todo, Caiga quien Caiga o telenovelas mexicanas?

Nosotros, como adultos con un supuesto criterio formado, podemos disfrutar de las críticas que a la sociedad estadounidense hacen programas como los ya citados «Malcolm», «Los Simpsons» o «Family Guy», pero nuestros hijos no están en capacidad de comprender que eso es una crítica social, sino que para ellos este tipo de comportamientos se van convirtiendo en cosas del día a día que hasta pueden ser graciosas y divertidas.

Nosotros, los consumidores, somos el público objetivo de los medios de comunicación, supuestamente somos su razón de ser, uno de los pilares en el edificio del mercado… ¿Por qué no nos dan el valor que tenemos y se nos respeta como personas y no sólo como una cifra más en el raiting?