Estamos en la recta final de este largo y tortuoso proceso, donde se han desarrollado una Consulta Popular, una elección para Asambleístas, y próximamente una referéndum para aprobar o negar el “mamotreto de Montecristi”, proceso en el cual, el ciudadano presidente, ha derrochado de la manera más inmisericorde en detrimento de todos los ecuatorianos, diecinueve de sus veintiún meses de función presidencial, así como más de 250 millones de dólares, que salen directamente de nuestros bolsillos.

Afirmo que se han desperdiciado casi dos años de nuestra generación, porque a mi criterio, lo único que es visible y palpable para el común de los ecuatorianos, producto del desgobierno liderado por su Majestad, es que el odio social entre hermanos se ha incrementado a un nivel incontrolable, y lo que ahora para el Soberbio es la base de su mandato, pronto se convertirá en su peor pesadilla, ya que la misma gente a la cual sembró rivalidad y resentimiento contra sus conciudadanos, reaccionarán de una misma manera contra él, cuando despierten del “encanto” promovido por la verborrea imparable del visitante de Carondelet y se den cuenta que la triste realidad, es que una vez más han sido utilizados por los de este desgobierno, (quienes se erigen con sobrados meritos como los abanderados de la nueva partidocracia de este país), para promover los protervos intereses de la mal llamada “Revolución Ciudadana”.

La Asamblea Constituyente aunque fue electa de una manera democrática, se convirtió en espuria al arrogarse funciones que no le fueron delegadas por el pueblo, el único y verdadero soberano; iniciaron sus arbitrariedades, asumiendo plenos poderes, luego, decretando mandatos, dictando leyes, otorgando amnistías, liberando traficantes, mientras por otro lado, y bajo la hoja de ruta enviada por el patrón desde Venezuela, cocinaron el nuevo proyecto de Carta Magna al antojo del Soberbio y sus corderos en todos lados menos en Montecristi, y cuando fue hora de su aprobación (“la del mamotreto”), nunca se pusieron de acuerdo y según lo mencionado por los comensales del desgobierno instalados en la Asamblea, se los obligó a votar por un documento que no era el que ellos mismos habían redactado.

Mi voto está consignado, y ustedes mis queridos lectores saben cual es la orientación del mismo, NO y mil veces NO; sin embargo de lo anterior, votar negativamente por el Mamotreto es avalar un proceso que como ya lo dije está viciado de nulidad desde su génesis, por lo cual, una opción que es válida y a la que no habría que despreciar, es la del voto Nulo, que en estricto derecho, (aunque no soy abogado para afirmar lo antes dicho), sería la adecuada.

Nos hemos polarizado tanto en este proceso eleccionario, que votar afirmativamente en este referéndum es considerado sin lugar a dudas, en un franco apoyo a Correa, su pandilla y su accionar autoritario; hacerlo de manera negativa es apoyar a nuestro Alcalde y su proyecto “separatista”, (según los de este desgobierno); y, hacerlo de manera nula es apoyar al señor Jairala y su nuevo partido político.

Considero que la gente aún no digiere que estamos votando o botando nuestro futuro y el de nuestra descendencia, los gobernantes cambian pero nuestro querido Ecuador sigue existiendo; si tomamos una decisión errada, (Guayaquil no lo hará), hipotecaremos nuestro progreso y desarrollo, y eso no lo podemos permitir; estamos todavía a tiempo, si juntamos nuestras fuerzas, podremos escribir una nueva historia ecuatoriana, ya Guayaquil lo comenzó a bosquejar y ejecutar hace largo rato, y le dirá una vez más NO al soberbio y sus fieles siervos.

Es nuestro deber votar NO para seguir el camino de la superación continua, misma que estamos transitando desde agosto del año 92, cuando una tendencia política, (ahora vilipendiada por quienes odian a la ciudad que los vio nacer), a través de dos excelentes administradores, tomaron las riendas de la ciudad y nos enrumbaron a convertirnos en ejemplo de progreso y desarrollo a nivel nacional e internacional.

No desperdiciemos esta oportunidad de defendernos, y si por algún motivo, no quieren ser encasillados como los opositores del cambio de nuestro País, del cual todos, en su real contexto, estamos de acuerdo, consideren votar Nulo, por ser este proceso de redacción del Proyecto de Constitución, ilegal y espurio desde sus “raíces ancestrales”.