El dúctil Fernando Cordero solicitó ‘generosidad’ por los errores cometidos en la transcripción de los textos aprobados en Montecristi frente a los textos entregados al TSE para someterlos a su aprobación en el referendeum de Septiembre 28 de 2008, afirmando que no se han ‘mejorado’ dichos textos;

Diario El Universo - Fernando Cordero reconoce errores pero ofrece corregirlos

Asimismo, el intrincado lenguaje usado en la redacción de los textos, usando sutilmente signos de puntuación que permitirán ‘interpretaciones’ en el futuro, de ser aprobado dicho proyecto, me trae a la memoria un ejemplo usado en la escuela sobre la importancia del buen uso de los signos de puntuación:

Un hombre redactó su testamento, sin usar adecuadamente signos de puntuación:

‘Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi sobrino Pedro nunca jamás pagarse la cuenta al sastre nada para los curas todo lo dicho es mi deseo’.

Como el testamento no tenía puntuación alguna, cada uno llevó el agua a su molino. Veamos cómo lo leyeron.

JUAN: ‘Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi sobrino Pedro. Nunca jamás pagarse la cuenta al sastre. Nada para los curas. Todo lo dicho es mi deseo’

PEDRO: ‘¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No, a mi sobrino Pedro. Nunca jamás pagarse la cuenta al sastre. Nada para los curas. Todo lo dicho es mi deseo’

SASTRE: ‘¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi sobrino Pedro? Nunca jamás. Pagarse la cuenta al sastre. Nada para los curas. Todo lo dicho es mi deseo’.

CURAS: ‘¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi sobrino Pedro? Nunca. Jamás pagarse la cuenta al sastre, nada. Para los curas todo. Lo dicho es mi deseo’.

Por eso la junta del pueblo resolvió invertir el dinero del testamento en la creación de una cátedra de Ortografía, para que no volviera a pasar otro caso como el citado.

La generosidad se puede aplicar con lo propio que se tiene, pero con aquello que sea un bien propio y particular del individuo. La libertad, aún siendo propia y particular, es indivisible cuando se trata de la libertad o libertades de la sociedad. Pedir generosidad sobre un bien común es descabellado, es pedir que seamos confiados e imprudentes. Es firmar un cheque en blanco. Es pedir que los ratones cuiden el queso, que los ladrones cuiden la tienda.

Es pedir que les regalemos nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos y nietos.

Frente a esto, contra los avezados disfrazados de piel de Cordero, impulsadores de la mediocridad, – vota simplemente NO