Así titula Friedrich Hayek, premio nobel de economía, su famoso libro donde demuestra porque el socialismo está condenado al fracaso. Y me parece conveniente citarlo porque nuevamente escuché al presidente Correa argumentar a favor de un socialismo renovado.

Quiero reconocer que en el bando socialista hay al menos dos grupos: el ideológico y el idealista. Al bando ideológico, lo único que les referiré es que su tan renovada visón respecto a su interés en el hombre ni es nueva, ni es suya. Es una idea de la Doctrina Social de la Iglesia, como sabrán los que han leído la encíclica de Juan Pablo II (Labor Exercem) o de Leon XII (Rerum Novarum). Y que por obvias razones, nada tiene que ver con el socialismo, con el que ahora nos tratan de confundir.

Le escribo más bien al bando de los idealistas. Que se vinculan con una preocupación legítima de los resultados de los modelos de Estado que no han acabado con problemas humanos dramáticos de la pobreza que atentan contra la dignidad del hombre. Yo siento que hay una obligación hacia ellos, porque el problema no es de diferencias en los ideales sino de diferencias en los medios para conseguir esos ideales. Con el único agravante que las políticas socialistas ya han sido probadas y lastimosamente han fracasado y seguirán fracasando.

En debate económico de principios del s. XX el socialismo proponía que un planificador central podía emular a una economía de mercado. De manera semejante a un subastador que ayuda a determinar los precios, un planificador central podría determinar los precios y equilibrar los mercados según los socialistas. Un economista austriaco, Von Mises, los atacó aduciendo la imposibilidad de los sistemas socialistas para reproducir la información y los incentivos que generan los mercados para generar un cálculo económico. Más adelante, un economista socialista llamado Lange, presenta una demostración formal (a través de un modelo matemático) de que es posible replicar la eficiencia del sistema de precios por la vía de un sistema de planificación central toda vez que este actúe subiendo los precios ante un exceso de demanda o bajándolos ante un exceso de oferta. Quedo así en la historia del pensamiento económico la idea de que el cálculo socialista si era posible, aunque Von Mises y su discípulo Hayek, insistieron en que esto era equivocado; ellos fueron desestimados durante mucho tiempo por no tener una visión conforme al avance que aparentemente había demostrado Lange (luego se probó que si bien era verdadera la conclusión, su análisis era incompleto y no contemplaba los problemas que tienen los sistemas socialistas en la práctica).

Lange se atrevió a sostener, no solo que era posible el cálculo económico en el socialismo, sino que reduciría la desigualdad en el ingreso, la escasez y los problemas de contaminación en el medio ambiente que se producen en las economías capitalistas. Luego de la caída del muro de Berlin, la reversión hacia la economía de mercado de India y China, los resultados han sido contundentes en contra de los distintos socialismos y por supuesto los comunismos. Las peores historias de desigualdad de ingresos se han producido en países socialistas donde en el auge de estos sistemas ha habido más muertos por hambruna, que los que hubo en el Holocausto nazi. Sobre la escasez, en Rusia y ahora en Venezuela, la escasez obligaba a los rusos a comer muy pocas proteínas diariamente llegando algunos a pasar años sin consumir ciertos alimentos. Finalmente, si ha habido un campeón de contaminación del medio ambiente, ese ha sido China, allá entre una mezcla de socialismo y capitalismo han deplorado los ríos, las tierras, aire, los bosques y el mar como tierra sin Dios ni ley. Sin embargo, acá nos vienen a contar otras historias.

La profesión económica posteriormente les dio la razón a Von Mises y Hayek y les añadió otras limitaciones al sistema socialista. Hoy entendemos el problema del socialismo no solo como una imposibilidad de cálculo en términos de eficiencia; sino en que el objetivo de los gobiernos socialistas nunca es el que dice ser. La idea dictador benevolente es una mentira, como históricamente lo probaron primero las monarquías europeas y luego el nacional-socialismo y el fascismo. El socialismo por su naturaleza política deviene en sistemas totalitarios que atentan contra la dignidad humana ya no solo por su incapacidad de resolver los problemas económicos de la pobreza, sino que además subyugan al hombre a seguir ideología impuestas por el dictador de turno. Por ahora baste decir que el socialismo es genuinamente un camino a la servidumbre y no nos dejemos engañar con ideales de socialismo renovado.

Nota: una persona me ha comentado respecto del caso de éxito de Suecia. Para ella hare una próxima entrega en que se distingue el éxito de ese país. ¿Está usted de acuerdo conmigo si o no? No deje de enviarme su opinión.