Voté para que se realice una nueva constitución. Incluso siendo presidente Alfredo Palacio, fui a una cita de dos horas al palacio de Carondelet. El propósito era discutir propuestas políticas y en ella le dije lo trascendental que era para el país tener una nueva constitución.

Nadie en su sano juicio, está en desacuerdo con el cambio en nuestro país.

Por esta necesidad, comenzamos un periplo para terminar en lo que hoy será la nueva constitución.

Por eso es importante recordar como llegamos a ella.

Primero, atropellando los principios más elementales de cualquier democracia, el mandatario hizo una campaña política inmoral, descarada y pagada con nuestro dinero para favorecer a los candidatos a asambleístas de su partido. Recuerden que se nos engañó con el cuento de la participación igualitaria de la propaganda electoral, que condenaba a los candidatos a una camisa de fuerza para que no puedan hacer proselitismo político, más allá de aquel que su majestad les tenía permitido. No olvidemos que mientras los candidatos apenas podían aparecer en radio y televisión, su majestad lo hacía a diario y donde le daba la gana, para pedir el voto a favor de sus partidarios.

Luego vino el estatuto y su específico objetivo: los asambleístas debían tener poderes totales solo para hacer una nueva constitución y reorganizar el marco institucional del estado.

Así las cosas, en una elección fraudulenta por la desigualdad de condiciones publicitarias para todos los candidatos, la mayoría gobiernista ganó.

Revisemos quienes eran en su mayoría los elegidos asambleístas. Fueron anónimos, desempleados y resentidos sociales, que nada sabían de leyes o de haber trabajado y por ello desconocían lo que nuestro país requería.

Lo primero que hicieron estos fracasados, fue autoproclamarse ecuatorianos privilegiados al otorgarse poderes omnímodos para hacer lo que les dio la gana. Se dedicaron a elaborar mandatos inconstitucionales que nadie se los había facultado, ni pedido y no eran necesarios. En ese momento de orgásmica vanidad, mareados con el poder infinito que se auto-otorgaron se convirtieron en eruditos y todopoderosos.

Recordemos algunos de los malos ejemplos de corruptela que nos dieron los omnímodos. No olvidemos cuando estuvieron involucrados en la toma clandestina de videos, compra de votos, arrogación de funciones, vinculación con las FARC, condonación de penas para narcotraficantes etc. Etc. En otras palabras; se pasaron haciendo lo que no debían y se les terminó el tiempo para lo que fueron elegidos.

Estos hijos de patria, se pasaron llenándose la boca de que integraban la asamblea constituyente más democrática y participativa de la historia. A los cuatro vientos gritaban que cualquier ecuatoriano podía ir a Montecristi para ser recibido y escuchado.

¿Sin embargo les pregunto? ¿ Dejaron pasar en la Cadena a los Guayaquileños ? ¿Les hago otra pregunta? ¿A donde se quedó el mandato de Guayaquil? ¿El de Manabí? ¿El de Cuenca ?... La respuesta es sencilla: en ninguna parte; ya que todo fue mentira.

Recordemos también que una vez acabado el tiempo y bajo la pretendida ilusión de perpetuarse en el poder de los asambleístas, se produjo la renuncia de Alberto Acosta. Lo hizo por que sabía que por el tiempo que les quedaba, la constitución no podía ser aprobada correctamente, porque nadie en ninguna parte del mundo, podía aprobar en dos meses cerca de trescientos artículos que faltaban.

Luego de estas sinvergüencerías, vinieron los cambios en los articulados que nadie aprobó y lo que es peor, la aparición de otros que nadie discutió ni redactó y que fueron elaborados mediante documentos provenientes de la secretaría de la presidencia de la república, que fueron impuestos a fuerza del dedazo y con el silencio cómplice de los agacha cabezas.

Luego de estas desvergüenzas, se corroboró que hubo tres constituciones diferentes. La primera que fue la votada, la segunda que fue la corregida y la tercera que fue la introducida de madrugada entre bostezos y chanchullos, con la complicidad de un cordero y ochenta borregos.

El mismo Correa dijo que la constitución tenía horrores atroces. Acosta renunció a la presidencia de la asamblea para no verse involucrado en un fraude que le quitaba credibilidad para sus propias aspiraciones presidenciables. Todos los asambleístas han reconocido algún tipo de error constitucional y lo han hecho por que la carta magna que fraudulentamente hoy se va a votar, ni siquiera los mismos asambleístas la conocían.

Pero aparte de todas estas atrocidades; la peor mañosería fue la comprobada con documentos emitidos por la contraloría del estado, de la participación de dos asesores españoles, que fueron los verdaderos asambleístas sin haber sido elegidos y los que redactaron la farsa constitucional, cobrando por ello ciento veinte mil dólares.

Y que peor ahora que se sabe que algunos asambleístas han estado involucrados en peculado, al malversar fondos públicos haciendo que sus asesores cobraran dinero por un trabajo que nunca hicieron.

Que peor latrocinio; que el pretendido por cordero y sus borregos, al querer perpetuarse en un remedo de asamblea llamada congresillo, en nombre de una transición no contemplada, que les permitiría seguir medrando del estado y gozando de los privilegios que les da la impunidad.

Por estas razones, esta constitución es un fraude. Lo que vamos a votar es solo la consagración del engaño y constituye la pillería más grande que un grupo de borregos comandados por un cordero, han hecho para que su majestad se convierta tirano y nos mande a matarnos los unos contra los otros.