No se cómo el Dr. Michel Doumet Antón, rector de la U. Católica de Guayaquil, no sabía que Rafael Correa Delgado iba a dictar su cátedra sabatina desde la mejor aula que tiene ese centro de estudios.

Esa ignorancia demuestra o candidez ante sus estudiantes politiqueros que le organizan eventos sin su conocimiento; o simplemente hoy es mejor huir, mentir, y salvar el cuero. Es que son elecciones en la Universidad Católica y da provecho quedar bien con alumnos, empleados y profesores. Al final del día todos se tabulan como votos.

El famoso cogobierno universitario (estudiantes, docentes y trabajadores) es un fracaso. Fracaso porque el cogobierno es presa desde hace tiempo del amiguismo y componenda de los politiqueros estudiantiles y los profesores, quienes suelen buscar en decanatos y puestos de representación un trampolín que les propine luego el anhelado sueño de ser políticos de renombre en la comunidad a la que se deben.

Para nadie es secreto que las cadenas radiales sabatinas del pontífice de la revolución ciudadana son eventos electorales. Los sábados, donde sea que le toque dormir y amanecer al Presidente Correa y su estrujado equipo de trabajo, allí se cocinan votos, simpatía y puntos en los gráficos de barras de las encuestas; todo a costa de ministros, funcionarios y burócratas atropellados en público. Entonces, siendo las peroratas sabatinas un necesario show político, pregunto: ¿se puede utilizar una universidad como tarima política? Según lo sucedido el sábado 16 de agosto en la U. Católica de Guayaquil, parece que sí, que las universidades son tobogán político, pero porque autoridades y estudiantes – politiqueros así lo deciden.

Pero muy a pesar de esto, ciertos estudiantes de ese centro de estudios superiores se pararon firmes y rechazaron que el aula mangan de tal universidad sea vil entablado para editar otro oprobioso evento por la campaña del SÍ. Y eso les costó caro: palos, piedras, puñetes, puntapiés, insultos, empujones, roturas de cabeza, empellones, caídas, pisotones, y demás vejámenes que solo nuestra Policía Nacional sabe propinar cuando de repeler a ciudadanos se trata bajo el mando de los sayones de la revolución ciudadana.

Por ahí en el guirigay apareció un Doumet disminuido tratando de sofocar ánimos ya desbordados, cuando la correcta acción del rectorado y directivos debió ser no permitir semejante acto electoral organizado el sábado por un secuaz de Nicolás José Issa Wagner (el joven, sabio, profesional, ducho y competente Director Regional del SRI en el Litoral).

El corolario de semejante sábado fue un Correa Delgado que mandó a 400 ciudadanos a enseñar democracia a otros 50… No se desde cuándo democracia es dar palo al contrario, pero eso es lo que sucedió. Uniformados y no uniformados protegidos por la revolución ciudadana dieron golpes para abrirse paso a una turba que ellos mismos formaron. La manifestación era pacífica, y solo se enardeció ante el griterío y codazos de los monaguillos del pontífice de PAIS.

Que si esto ayuda o no a repuntar el SÍ o el NO, quién sabe. Lo cierto es que si la U. Católica de Guayaquil quiere salir bien parada de esto, debe sancionar ejemplarmente a todos los actores y responsables de este evento, empezando por el rector Doumet Antón y el representante estudiantil. Sin embargo como somos el país del perdón y olvido, este escándalo en la U. Católica pasará cuando la próxima semana nos presenten otro show. ¿Cuál será el siguiente espectáculo? ¡Veamos ahora a quién le rompen la cabeza!