Hubiera querido escribir desde el mismo día sábado, pero ya había enviado mi entrega que fuera publicada por este medio el lunes 18 de este mes, por lo que tomé la decisión de esperar para ver cual sería la reacción del Soberbio y su gallada ante la justa protesta de un gran grupo de estudiantes que repudian, como muchos otros compatriotas, el accionar violento y prepotente de quien por desgracia nos representa como presidente de los ecuatorianos.

“Ustedes son 400, ellos son 50, díganles a esos majaderos que aprendan a ser democráticos y a debatir con ideas, así que chicos resuelvan ustedes mismos el problema”; si eso no es provocar o instigar al desorden, en realidad no sé que es, estoy buscando en el diccionario un símil para describir ese tipo de acciones según como lo quieren definir los de este desgobierno, pero créanmelo, no existe.

Es algo ofensivo para nuestros oídos, escuchar las declaraciones del Ministro de Gobierno, Directores Nacional y Regional del S.R.I., Ministro Fiscal del Guayas, Procurador General de la Nación, que en su orden expresaron y dispusieron, que se inicie una investigación para determinar los responsables del atentado a su Majestad; que no había ningún motivo para sancionar al Director Regional del S.R.I., porque en ningún momento, a su criterio, existió instigación; que los responsables de la trifulca son los hijos de la partidocracia; que se investigará a autores, cómplices y encubridores del supuesto atentado; y, que se sancionará al Director Regional del S.R.I.

Esperemos que con la misma prerrogativa con la que invistieron para hacer esas grandilocuentes exposiciones los serviles al ciudadano presidente mencionados en el párrafo anterior, también se investigue, (los que deban hacerlo), al principal incitador, quien con sus infaustas declaraciones, originó los disturbios fuera del Aula Magna de la Universidad Católica, convirtiendo en una batalla campal y en un enfrentamiento fratricida, a alumnos universitarios con sus pares, a más de permitirse que una nutrida guardia presidencial y una fuerza pública, armada como si fuera a una guerra, cobardemente veje a los jóvenes que protestaban en contra de las pretensiones totalitarias de su Majestad el Soberbio.

Tuvo el señor Correa que volver a la usanza utilizada en la posesión de su Congreso Nacional, actualmente cesado por los Corderitos de la extinta Asamblea, (misma que aún se niega a dejar sus poderes auto proclamados), para poder salir por la puerta trasera del Aula Magna, esto es, salir tapado por un mantel, con la diferencia que el de los Diputados era un mantel de mesa color blanco, y el del Soberbio era uno contra balas de color negro; esto, por el temor de que se falte a la majestad de su Majestad, el cual también fue utilizado como argumento de este, (el visitante de Carondelet), para ordenarle al presidente de la Asociación de Estudiantes de la Católica, quien a mi criterio también es responsable de estos hechos y debería ser investigado, que solucione él mismo el “problema”, y como ya mencioné anteriormente, fuera el detonante de los desagradables sucesos ocurridos en los predios universitarios.

Intentarán a toda costa desvirtuar el valiente accionar de estos jóvenes que protestan en defensa de sus ideales y en contra de la dictadura en que vivimos; querrán intimidarlos, asustarlos, reprimirlos, podrán utilizar todos los medios legales e ilegales para hacerlo, pero esa voluntad indomable que tenemos los guayaquileños y ecuatorianos de corazón no se doblegará con los exabruptos y arbitrios con los que están acostumbrados a actuar los de este desgobierno; si el Soberbio se dice ser demócrata, debe aceptar que habemos muchísimos ecuatorianos que NO creemos en él, peor en su mamotreto de proyecto de Constitución que tiene firma venezolana, y que obviamente votaremos NO por la aprobación de dicho documento, y que los 50 majaderos a los que se quiere minimizar, pronto, muy pronto serán los miles y miles de majaderos que reivindicaremos en las calles o en cualquier campo de batalla, los derechos, que a través de articulados arteros y disimulados, nos quieren conculcar.