Ser negativo es malo, puede ser tomado como decir no a seguir adelante. Por otro lado, el aceptar y decir sí a todo, sin meditar lo que se acepta es aún peor. Una de las enseñanzas más importantes en esta vida, es aprender a discernir, a razonar y a decidir por medio del análisis de los pros y los contra si se debe decir sí o decir no. Hay que saber bien cuando se debe decir ¡NO! y tener la valentía para hacerlo.

Uno debe decir ¡NO! cuando lo que se pide va en contra de nuestros principios, cuando lo que se exige se lo hace con mala intención, cuando se lo pide de mala manera, y cuando lo que se pide va en contra de lo que es nuestro o puede perjudicar a nuestro prójimo, también estamos en la obligación de decir ¡NO!

Si alguien nos pide que delincamos y nos unamos a su banda de forajidos, lo que va en contra de nuestros principios, debemos decir ¡NO! Si se acerca a una muchacha un hombre con malas intenciones y hay oportunidad de alejarse, la muchacha inteligente debe decir ¡NO! a tiempo. Si se acerca un pordiosero e insultándonos nos pide que le demos dinero para droga o licor, no creo que nadie en su sano juicio se lo dé. Cuando se nos pide nuestra colaboración para cavar un canal para desfogar aguas lluvias y vemos que este canal ayudará al vecino de arriba, pero que al hacerlo va a minar las bases de nuestra casa o la de nuestro vecino, debemos decir ¡NO!, porque no se puede ayudar a uno perjudicando a otro y es nuestra obligación reclamar para que nadie lo haga, pues lesionará los intereses de gente que será perjudicada por los intereses de otro.

El hombre inteligente debe reflexionar. Sólo los borregos dicen béee, béee y siguen por donde indica el pastor. El ser humano (hombre y mujer), fue creado por Dios con inteligencia y capacidad de discernir y decidir lo que le desea y lo que le conviene hacer. Si nosotros decidimos unirnos al grupo de delincuentes y nos toman presos o nos matan, la culpa es nuestra por haber aceptado delinquir en vez de trabajar en forma honesta. Si la muchacha se dedica a coquetearle al que viene con malas intenciones y sale en cinta, que no reclame a nadie, porque es su culpa. Si al que nos pide con insultos, le damos, no nos quejemos cuando nos pisoteen o nos insulten, pues estamos demostrando que somos incapaces de defender nuestros derechos. Si decimos sí y colaboramos con lo que destruirá lo que tenemos, no nos quejemos cuando estemos en la miseria.

Bajo ninguna circunstancia un hombre decente, digno y libre puede permitir que se lo obligue a coartar su hombría de bien o su libertad. Entregar su dignidad a cambio de cualquier quimera es la peor acción que se puede cometer.

Debemos decir SÍ a la justicia, sí a la libertad, SÍ a lo que es bueno y debemos decir NO a lo malo, NO a lo que destruye, NO a la opresión. No debemos permitir que otro piense o decida por nosotros. Si esto ocurre y lo aceptamos, no nos quejemos por ir adonde no queramos.