Recibí un correo donde quien escribe me dice que estoy alineado con aquellos que representan a la partidocrasia y soy parte de la antítesis del cambio. Para quienes me conocen, saben que soy un progresista producto de mi propio esfuerzo y vivo decentemente de lo que mi capacidad y honestidad profesional me lo permite.

No tuve un padre médico y lo que he conseguido no ha sido producto de una herencia, suerte o por haber hecho cosas malas. Mi preparación en el exterior y los logros académicos han sido el resultado de mi estudio y entrega a la profesión que libremente escogí como medio de vida. No pertenezco a ningún partido político y soy un libre pensador dispuesto a morir por lo que cree. El único compromiso que tengo es conmigo mismo y solo soy esclavo de mi conciencia. Muy malo que yo mismo lo diga; pero creo estar dentro de los diez mejores psiquiatras del Ecuador, así como también estoy seguro que Correa no está dentro de los diez mejores economistas del país.

Estamos viviendo tiempos de trascendental importancia para nuestro destino.

De lo que elijamos como norma de vida a trabes de la constitución dependerá nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Frente al referéndum existen cuatro posturas: SI, No, nulo y blanco.

Nuestro deber democrático está dictaminado constitucionalmente en la participación democrática mediante el voto, para que podamos expresar y definir lo que queremos.

El actual proyecto de constitución es un panfleto que refleja claramente la incapacidad y el sometimiento borrego de quienes por mayoría lo impusieron.

Son varias las consideraciones que se deben tomar en cuenta para rechazarla.

Una, es que el proyecto original de constitución que se aprobó en el pleno tenía quinientos dos artículos y el mismo se entregó a la comisión de redacción para ser corregida y luego aprobarla otra vez en el pleno después de cinco días.

Lo inadmisible y vergonzante es que en la última noche antes de la votación final, apareció otra nueva constitución pero con cincuenta artículos menos. Muchos de ellos jamás habían sido elaborados en las mesas y mucho menos conocido y debatido por los asambleístas que cinco días atrás habían votado por otra constitución. La primera constitución aprobada, no tenía nada que ver con la que a última hora se aprobaba sin siquiera conocerla.

En otras palabras, lo que se tiene como proyecto de constitución es un documento mentiroso que no corresponde al que los asambleístas elaboraron, sino al que Correa introdujo a última hora a trabes de su secretario particular. Este pasquín se legalizó con el voto cómplice de los alzamanos que tenían una fractura de sus vértebras cervicales, ya que asentían a todo con el sí de su cabeza, con tal de obedecer ladinamente lo que su emperador les ordenaba.

Una constitución donde no se menciona el nombre de dios, se legaliza el asesinato de los no nacidos y se legaliza el consumo de drogas, no puede ser una norma de vida para los ecuatorianos decentes.

Los alza manos dicen que no se acepta explícitamente el aborto en ninguna parte. Pero, precisamente ahí está la trampa, ya que tampoco se lo niega explícitamente y con la soberanía que la mujer tiene sobre su cuerpo, esta puede decidir sobre cuando y cuantos hijos quiere tener.

Supongamos que una mujer se embaraza y ya tiene cuatro hijos. Como la constitución le reconoce su soberanía corporal, podrá determinar de acuerdo a sus conveniencias el número de los que quiera tener y si no quiere el quinto, podrá acudir dónde un carnicero para que le practique un aborto.

En otras palabras, aquello que no está prohibido es aquello que se puede hacer.

Por otra parte se está esgrimiendo el cuento de que si no se vota a favor de esta nueva constitución, las cosas regresarán al pasado y el congreso se reinstalará nuevamente. Recordemos que el congreso de los manteles fue puesto por Correa y la destitución de los cincuenta y cuatro congresistas anteriores fue hecha por el tribunal supremo electoral por disposición de Correa. Antes de este gobierno y por hablar de un pasado cercano con Palacio antes de Correa, no había tanto clima de hostilidad, ni intranquilidad y los precios de los alimentos estaban controlados y eran asequibles.

La solución es votar por el no y exigir que se hagan cambios constitucionales a trabes de los nuevos asambleístas o congresistas. Debemos participar activamente para no regresar al pasado, pero dentro de un camino democrático alejado de toda tiranía.

Correa es un engreído que como dijo un ex diputado, está embrutecido por el poder.

Las declaraciones sobre la iglesia demuestran su vanidad y prepotencia: ¡Cuidado que la iglesia no se me venga a la oposición!… Cuando este individuo habla del no se me venga, asumo que la iglesia también es de el y la ataca por el pecado de pensar diferente a quien hoy pretende ser su dueño. En todo esto hay algo peor y que ya raya en lo criminal, que es cuando instiga al pueblo a la desobediencia religiosa, cuando dijo que este se levante y le diga mentiroso al cura que promueva el no.

Esta soberbia que se sale del desvarío y la inconmensurable prepotencia del dictador Correa, no tiene límites en su proyección. Es un ser Maquiavélico y descontrolado que tiene graves trastornos de personalidad, como lo tuvieron Hitler, Stalin o Idi Amín.

En esta desbocada y loca agresión contra lo establecido, sus odios personales y el descontrol sobre sus impulsos, son los principales móviles con los cuales pretende arrastrarnos a una dictadura de por vida.

Debemos votar contra un documento fraudulento, lleno de trampas y hecho conceptualmente por una mentalidad desquiciada por mantenerse en el poder, cuyo único fin con esta burla de constitución es tener un instrumento que legalice su tiranía totalitaria para tratar de controlarnos.