Abstrayéndose de los sentimientos emocionales, negativos o positivos, que podamos tener para analizar el caso Correa versus Isaías, debemos buscar mejores y más refinadas conclusiones. Independientemente de los lazos de respeto y cariño a una familia que conozco desde siempre, intento abstraerme de las emociones encontradas, e intelectualmente obtener las moralejas.
A mi entender la acción del Gobierno se desnaturalizó por su oportunismo electorero. Las acciones societarias debieron ser las incautados, más no las operaciones administrativas y fabriles. Lo que se quería es un golpe de escena. Posteriormente se debía a proceder a subastar estos títulos accionariales. Se sobreactuó militar y policialmente. Se actuó con cálculo político y eso es normal en la óptica de quienes ejercen el poder omnipotente del cual ya cayeron prisioneros. Quizás algo de lo mismo les sucedió a los señores Isaías. El poder es traicionero. ¡Vaya moraleja!
De un galimatías jurídico que se derivó y/o propició la crisis bancaria que cambió el destino de mucha gente, siempre quedó flotando en el ambiente un deseo de venganza o de desquite. Dentro de ese galimatías es muy difícil entender o distinguir entre lo legal y lo justo. Los abogados y jueces aplican lo legal, pero el entender popular se inclina por lo que perciben justo. Por lo general los textos legales siempre resultan ambivalentes. Por eso a Correa no le importó la legalidad de sus acciones, sino el explotar ese sentimiento y necesidad que tienen los pueblos de crear “chivos expiatorios” para purgar las culpas colectivas e iniciar así un borra y va de nuevo. Puede que los “chivos expiatorios” sean culpables o inocentes, pues de eso no se trata. Se trata de doblar una página negativa de la historia que facilite el sentir nuevas esperanzas.
El grupo Isaías construyó un poder durante cien años. Conozco muy bien la historia. No hay forma de manejar ese poder sin vincularse con la política, o viceversa. Esa historia existe desde siempre y en todos los países del mundo y los del movimiento País, e incluso Correa, no están exentos de ir hacia lo mismo, dada la condición humana. No son dioses aunque se crean. Son de carne, pasión y hueso. De hecho el Presidente y su grupo ya han tomado la decisión de gobernarnos por diez años y en base de un aparataje publicitario y mediático que jamás se ha ejercido en países democráticos. Imponen a su antojo, y ese es el real fracaso de la Asamblea en Montecristi.
Ya veremos qué pasa. Pasaran algunos años antes de saber si el imperio Isaías realmente se derrumbó, o se vio obligada a cambiar de curso y crecer aun más en base del aprendizaje y de las posibilidades y oportunidades que dan otros países. Pasaran pocos años antes que el común ciudadano revierta el amor hacia Correa aburridos de la publicidad estatal llena de manipulaciones mediáticas y promesas. Sea lo que sea, que nadie olvide que el poder tiende a los abusos. Me alegro por aquellos que se alegran, y me apeno por los malos momentos que se deben vivir en todo un entorno familiar y empresarial, que generaban abundantes y saludables ambientes de trabajo. Repudio a todos aquellos que de esta situación calcularon y resultaron beneficiados.
