Tuve que leer y escuchar varias veces para creer la absurda información que daba el presidente encargado Rafael Correo de que a partir de la “nueva Constitución” el pueblo sería el cuarto poder del Estado.
Con el debido respeto a la Majestad de la Presidencia, debo recordarle y hacerle notar al economista Rafael Correa que es el Presidente el único que puede ser el tercer, cuarto o décimo poder. El pueblo, economista Correa, es el PRIMER poder y el Presidente es un mandado y mantenido, junto a toda su estructura, por ese pueblo.
Poniendo de ejemplo algo que pueda entender hasta un mal economista: Los propietarios (desde que nacen ecuatorianos o se vuelven jurídicamente meritorios del título) se pueden comparar con los accionistas de una empresa que para facilitar las cosas eligen a un gerente que administre la entidad; a veces se dejan engañar por la verborrea del escogido para ese desempeño ejecutivo y lo despiden legalmente, en otras sí aciertan, y en los casos tibios podrán reemplazarlo al termino de su mandato.
Sin embargo, siempre la autoridad máxima es y serán los accionistas, o, lo que en estas circunstancias corresponde: El pueblo señor. ¡El pueblo!
Creímos que había una doctrina en lo que usted prometió; pero no es así, tomo la: Viñeta de Máximo en El País: “Ojalá hubiese ideologías. Lo que hay son convicciones. Las ideologías son ideas que pueden convivir como hipótesis. Las convicciones son dogmatismos que propician el exterminio.”
Su copiado “Goebleslismo” y la cierta tesis del Ministro de Propaganda del nefasto gobierno de Hitler: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad… se requiere de un gran talento para persuadir a las masas y para engañarlas. El cuál se lo reconozco a usted.
No obstante, se olvida de una realidad citada inicialmente por el estupendo presidente norteamericano Abraham Lincoln, y luego reiterada muchas veces: “Puedes engañar a todo el pueblo parte del tiempo, y algunas de las personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo.”
Hay que reconocer su capacidad de actuar políticamente, usted para su beneficio pudo atacar a su mentor, usted es astuto e incansable y muy posiblemente sus subalternos no le digan la verdad -o también estén ciegos. Su credibilidad y respaldo están en un descenso constante y todo el dinero del pueblo que usted promete para obras que no se hacen y se gasta en publicidades demagógicas ya no están logrando su efecto.
No menosprecie al pueblo, al que se le ha dado muy poca enseñanza formal, pero tiene un discernimiento que únicamente el que se ha sentado con ellos y los ha tratado de igual a igual lo puede entender; usted lo ha hecho como un compasivo ser (sintiéndose así superior en confirmación de un posible complejo de inferioridad) y eso no es lo mismo.
Igualmente, puede ser que usted esté al tanto de su constante descenso en su capacidad de conducción y tener credibilidad y por eso su apuro de producir cualquier documento inservible e inmanejable lo más rápido posible, para querer lograr su fin antes de que su rápida erosión lo ponga más en evidencia.
Señor Presidente electo democráticamente, concédame nuevamente el derecho a volver a tomar el nombre de ese gran estadista y honesto Presidente de los Estados Unidos de Norte América, gobernante que lucho y murió por la causa de la libertad, a tal punto que por su legado hoy en día, un afro-americano: El doctor y Senador Barack Hussein Obama Jr., tiene la muy posible oportunidad de ser popularmente electo y conducir a la gran nación hermana del norte. Abraham Lincoln dijo lo que era y es la más pura verdad, al expresar: “Gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.”
